China gana ventaja sobre EU en el mar de China Meridional

China gana ventaja sobre EU en el mar de China Meridional
Beijing ha ganado amistades e influencia para respaldar sus reclamaciones territoriales.

Cuando la Corte Permanente de Arbitraje (CPA) de La Haya falló en julio en contra de las extensas reclamaciones territoriales chinas en el mar de China Meridional, la estrategia de Beijing para dominar su ‘vecindario’ parecía estar desorganizada. Los políticos de Washington buscaron en vano ocultar su triunfalismo.

Pero, en retrospectiva, ése fue el mejor momento —o el peor, dependiendo de la perspectiva — en la lucha por el dominio sobre la crucial vía navegable a través de la cual navega el equivalente a alrededor de $5 billones en comercio marítimo anualmente.

Desde entonces, Estados Unidos (EU) ha experimentado una serie de reveses en sus esfuerzos por agrupar otros países con reclamaciones competitivas en la región, mientras que China ha acelerado su militarización y la construcción de islas artificiales que le otorgan un verdadero control del territorio. Incluso algunos funcionarios estadounidenses reconocen en privado que China ha ganado la batalla por el mar del Sur de China sin disparar un solo tiro. En los anales de la declinación de EU, este episodio seguramente ocupará un lugar relevante.

Mao Zedong, el guerrillero campesino que gobernó China durante 27 años, describió una vez a EU como un “tigre de papel”: Feroz en apariencia pero, en última instancia, inofensivo. La debacle de la vía navegable ha prestado credibilidad a los funcionarios en Beijing que actualmente mantienen este punto de vista.

Gran parte de la culpa la tienen Barack Obama, el expresidente estadounidense, y Hillary Clinton, su secretaria de Estado. El presidente Donald Trump y su administración están en peligro de acelerar la caída en materia de credibilidad de EU.

Desde alrededor de 2011, la administración del señor Obama reconoció el ascenso de China como el reto determinante al predominio de EU en el mundo y explícitamente buscó “pivotar” de las guerras en el Medio Oriente hacia la proyección de poder en la región de Asia y el Pacífico. Esto tenía aún más sentido, ya que la revolución del petróleo de esquisto en el país había reducido la dependencia estadounidense del petróleo árabe.

Sin embargo, cuando al “pivote” discretamente se le cambió la imagen a la de un “reequilibrio” después de varios años de inacción, quedó claro que la política había sido un desastre absoluto. No sólo antagonizó profundamente a Beijing y le dio al Partido Comunista gobernante una excusa para expandir sus agresivas reclamaciones territoriales, sino que también dejó a los aliados de la región seriamente dudando las capacidades y la determinación de EU.

China y esos aliados minuciosamente tomaron nota de la ocupación de Crimea y de las incursiones en el este de Ucrania por parte de Rusia, así como de la “línea roja” que el presidente Obama rápidamente abandonó en relación con el uso de armas químicas en Siria.

A raíz de éstas y de muchas otras percibidas capitulaciones, Beijing aceleró su construcción de islas y su militarización en el mar de China Meridional.

Durante los últimos tres años, ha agregado más de 1.295 hectáreas de terreno —casi 10 veces el tamaño del Hyde Park de Londres— en siete arrecifes y afloramientos, y ha instalado pistas, puertos, hangares, radares y sistemas de armamentos.

Durante el año pasado, esto se ha combinado con un sólido y altamente exitoso esfuerzo diplomático por convencer a los países vecinos de alejarse de Washington y de acoger a Beijing. El más notable ejemplo han sido las Filipinas — la antigua colonia estadounidense — en donde el presidente Rodrigo Duterte le ha “dicho adiós” a EU y prácticamente le ha jurado lealtad a China.

Aparte de Taiwán, la isla autónoma que China insiste es parte de su territorio, todos los demás reclamantes de partes del mar de China Meridional —Malasia, Vietnam y Brunéi— se han acercado a Beijing desde el fallo de arbitraje en julio.

El señor Trump está demasiado distraído por las controversias y las batallas de Twitter en casa para prestarle atención o tan siquiera entender la compleja situación en evolución en el mar de China Meridional. Los funcionarios nombrados por el señor Trump, como el secretario de Estado Rex Tillerson, sólo han exacerbado el reciente legado de indecisión estadounidense al hablar con severidad acerca de frenar el expansionismo chino y luego dar marcha atrás.

La continua insistencia por parte de EU de que sólo quiere garantizar la libertad de navegación en el mar de China Meridional es, en cierto modo, insincera ya que lo que realmente significa es la libertad para que sus barcos y aviones espías lleven a cabo operaciones de vigilancia a lo largo de la costa continental de China.

Eso es algo que EU nunca aceptaría y actualmente debiera estar dispuesto a negociar. Esperar en vano que China desmantele sus islas artificiales y que regrese al “statu quo” anterior es insostenible.

Washington debe reconocer la realidad de la supremacía militar china sobre la vía navegable y producir un acuerdo que incluya a todas las partes interesadas de la región y que evite un movimiento accidental hacia una guerra.

Esto ciertamente sería una victoria geoestratégica para China, pero también pudiera permitirle a EU y a otros países convencer a Beijing de que sus opiniones del siglo XIX en relación con la expansión territorial y el ejercicio del gran poder son anticuadas e ilegítimas.

Al presentar un argumento en contra del insidioso neoimperialismo de China, EU pudiera recordarles a los líderes del país las palabras de Mao Zedong, quien dijo: “El imperialismo no durará mucho porque siempre hace cosas maléficas”, y los imperialistas siempre terminan como “tigres muertos”.

Jamil Anderlini
Financial Times

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