¿Desapareció el dilema del agua?

agua
Un elemento de la personalidad del panameño que me sorprende grandemente, a pesar de saber que siempre está presente y que se manifiesta con frecuencia, es la tendencia a sacar los problemas de toda proporción por un período de tiempo y luego olvidar el tema como si nada estuviese pasando, y nada ejemplifica mejor esa tendencia que lo ocurrido durante los días previos al Carnaval en torno al problema del agua y el impacto del Fenómeno de El Niño en el llamado Arco Seco.

Fue impresionante ver a algunos comunicadores sociales y voceros de organizaciones conservacionistas rasgarse las vestiduras por el despilfarro que según ellos se le daría al vital líquido durante los cuatro días de Carnaval en provincias como Herrera y Los Santos debido a la celebración de los populares culecos.

Tal parecía que esta es la primera vez que esa región afronta problemas de sequía, es más, todo hacía indicar que nadie más que los fanáticos del Carnaval tenían la culpa de que los ganaderos y agricultores de la región de Azuero estén afrontando una situación difícil debido al agotamiento de las fuentes de agua superficiales y subterráneas.

Quienes hemos vivido en la provincia de Los Santos y hemos trabajado la ganadería o la agricultura sabemos que debido a la gran desforestación que se registró en Azuero la estación seca en esa región regularmente es más larga que en el resto del país (extendiéndose de noviembre o diciembre hasta los meses de abril o mayo), lo que históricamente ha dificultado las labores del campo.

De hecho, en el pasado, los ganaderos de la región tenían la tradición de mudar a su ganado y sus familias a las fincas ubicadas a las orillas de los ríos más caudalosos durante la estación seca, tradición que se perdió con el paso del tiempo, por lo que algunos ganaderos de la región acostumbran, desde hace más de 20 años, alquilar fincas en regiones como Divisa, Aguadulce o Santiago para preservar su patrimonio. Además, el sacrificio de las vacas viejas en esta época es una práctica normal en la actividad ganadera y no se limita al Arco Seco, pues también se da en regiones con regímenes de lluvia más benignos como la provincia de Chiriquí.

El problema que atraviesa el país en materia de agua dulce es complejo. Pero, no podemos engañarnos para sentirnos mejor. La realidad es que todo comienza con la ganadería extensiva y la necesidad de encontrar un modelo en el que se puedan conciliar la reforestación de Herrera y Los Santos con la actividad ganadera.

Los ganaderos de esas provincias deben aprender mucho de sus homólogos chiricanos, quienes en lugar de cortar los árboles que protegen las cuencas hídricas las protegen sembrando plantas y árboles de todo tipo, ofreciendo de paso una situación menos estresante a su ganado, que gracias a la sombra que disfrutan pueden producir más carne y leche.

Sin árboles es imposible atraer lluvia y conservarla. Eso no tiene nada que ver con un hecho puntual como los Carnavales. Pero mientras optemos por engañarnos unos a otros en lugar de aceptar la dura verdad este problema no se podrá solucionar y seguirá ardiendo Troya.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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