Donald Trump ladra, pero no muerde en América Latina

Donald Trump ladra, pero no muerde en América Latina
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. | EFE/Olivier Douliery

Este mes el presidente Donald Trump declaró en Miami que “cancelaría” la distensión de las relaciones con Cuba, un histórico cambio de política iniciado por Barack Obama.

No importa que en las primeras fases de su campaña se refirió al acercamiento como algo “bueno”: el Sr. Trump quería apelar al decreciente número de cubanoamericanos de línea dura partidarios del embargo, quienes también lo apoyan. Hablando en un teatro que lleva el nombre de un veterano de la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, llamó el enfoque de Obama “terrible y equivocado” y dijo que le pondría fin “inmediatamente”. La audiencia aplaudió.

Pero esto fue una declaración exagerada de lo que el Sr. Trump había hecho realmente, y característico del enfoque del Sr. Trump hacia América Latina hasta la fecha. Incluso su característico compromiso de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) puede finalmente resultar más ruido que sustancia.

De hecho, lo más sorprendente sobre el enfoque del Sr. Trump hacia América Latina es cuán similar es al del Sr. Obama. En cuanto a Cuba, su nueva política aprieta las clavijas del ejército que administra las empresas más rentables del país.

Les prohíbe a las compañías estadounidenses negociar con Gaesa, una sociedad empresarial militar que representa la mitad de la producción económica de Cuba. También les prohíbe a los visitantes estadounidenses alojarse en hoteles propiedad de Gaesa.

Esto satisface a cualquiera que se sienta repelido por la desagradable perspectiva de que los coroneles comunistas se enriquezcan como gerentes capitalistas durante la lenta transición en Cuba hacia un sistema ajeno al de los hermanos Castro. Su eficacia es otro asunto.

Bajo el embargo, las compañías estadounidenses no pueden formar empresas mixtas con empresas cubanas de todos modos.

Los ciudadanos estadounidenses también representan sólo una fracción de los 4 millones de turistas que visitaron Cuba el año pasado”.

Mientras tanto, las embajadas permanecerán abiertas, y los cruceros y aerolíneas estadounidenses ejercerán sus oficios. Si los de línea dura esperaban sanciones más estrictas, los constituyentes estadounidenses que buscan un mayor involucramiento detuvieron al Sr. Trump.

Al parecer lo mismo le ha sucedido al Sr. Trump en el resto de América Latina, a pesar de su lenguaje duro y la obsesión con la inmigración ilegal. Ha continuado esencialmente la política estadounidense hacia una América Central azotada por la violencia y al proceso de paz en Colombia, así como hacia la funesta Venezuela, donde EU colabora con otros importantes países de la región como Brasil para presionar por un cambio.

El régimen de Caracas presenta un problema complicado: si EU adopta políticas ‘imperialistas’ para presionar demasiado a Venezuela, puede ser contraproducente en la región. Sin embargo, Washington advirtió la semana pasada que su “paciencia estratégica” se estaba agotando. Eso probablemente significa enfocarse en figuras clave del partido gobernante y aplicarles sanciones, tal y como hizo el Sr. Obama.

Mientras tanto, en México la renegociación del Tlcan comienza este verano. Pero hasta ahora, hay pocas señales de que el Sr. Trump cumplirá sus mayores amenazas. Calificará el resultado final como una victoria, sea cual sea la realidad. Pero los flemáticos latinoamericanos pueden manejar ese desaire.

La teatralidad del Sr. Trump no es gratis. Siembra confusión, lo cual trae consecuencias. La incertidumbre sobre el Tlcan ha llevado a México a buscar nuevos socios comerciales.

La incertidumbre acerca del compromiso de EU también puede haber acelerado la decisión de Panamá de cortar lazos con Taiwán y abrir relaciones diplomáticas con China.

En cuanto a Cuba, la retórica del Sr. Trump puede darles a los políticos de línea dura de La Habana una excusa para reprimir a los disidentes. Nada de esto ayuda a EU.

Aun así, el trabajo diario de las relaciones entre EU y América Latina básicamente continúa sin interrupciones. Eso es una buena noticia. La “revolución” del Sr. Trump aún puede endurecerse, como suele suceder con las revoluciones. Pero por ahora, su perfil es cada vez más claro. El presidente de EU habla bruscamente pero lleva un pequeño garrote.

Por: Financial Times 

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