El astillero Navantia recoge los frutos de la fabricación de equipos de energía eólica

Probablemente el astillero de Fene y el de Puerto Real (Cádiz) son los mejor dotados de Europa para este tipo de negocio. El 27 de octubre del 2010, el entonces presidente de Navantia, Aurelio Martínez, desvelaba en unas jornadas en el campus ferrolano la estrategia de diversificación que tenía previsto emprender la empresa naval hacia el segmento de la eólica marina. Fue una apuesta del gobierno socialista que algunos se tomaron entonces como una excentricidad, pero que comenzó a dar sus primeros pasos con grupos de trabajo y contactos con las principales operadoras del sector. Cuando llegó el relevo y la nueva Sepi, ya bajo el timón de un Ejecutivo popular, nombró a José Manuel Revuelta al frente de los astilleros públicos españoles, en abril del 2012, este tampoco mostró grandes simpatías inicialmente hacia esa línea de negocio, incipiente en Europa.

Hoy, la eólica marina supone ya el 15% de la facturación global de la empresa pública, que tras los primeros ejercicios de presencia en este mercado, acaba de suscribir un nuevo encargo para la fabricación de cuatro jackets -cimentaciones que sujetan los aerogeneradores en el mar- para Siemens, que colocará en un parque demostrador en Dinamarca. Es el tercer cliente que logran Navantia y su socio en este sector, la asturiana Windar, y el cuarto pedido desde que firmaron el primero, en diciembre del 2014, con la eléctrica Iberdrola, que le abrió las puertas a un negocio en el que no ha dejado de crecer. Medio año después del primero llegaría el de Statoil, con el encargo de construir cinco superestructuras para el que será el primer parque flotante del mundo. En septiembre pasado, la energética de origen vasco ha vuelto a dar un espaldarazo a Navantia y Windar, al encargarles 42 nuevas jackets. Poco a poco, la antigua Astano ha ido escalando posiciones entre el reducido grupo de factorías y empresas metalúrgicas europeas que compiten en el mercado de componentes de la eólica offshore, de forma que, a medio plazo, las piezas made in Fene estarán colocadas en parques de cuatro países: el de Wikinger, en el mar Báltico alemán; el de Hywind, en Escocia; el de East Anglia One, al este del Reino Unido; y el de Nissum Bredning, en Dinamarca. Por el momento, la empresa pública es la única española que ha construido una subestación eléctrica para los parques marinos, un tipo de componente que se fabrica en la factoría de Puerto Real.

Los responsables de este negocio en la empresa pública naval insisten en que se trata de un mercado muy intensivo en cuanto a mano de obra, por lo que se han llegado a producir picos de actividad para unas 1.200 personas, principalmente de las industrias auxiliares. Admiten, no obstante, que los contratos suelen tener un plazo de desarrollo de entre 15 y 20 meses, mientras que los de construcción de barcos suelen ser de varios años y con un impacto mayor sobre el empleo. En términos porcentuales, el negocio del viento en el mar ha sustentado el 30% de la ocupación registrada por su plantilla el pasado año.

En el 2016, Navantia continuó creciendo en ese mercado, con un incremento del 20% de la contratación. Las perspectivas que maneja la empresa para este negocio son difusas. Sostiene que han entrado competidores de fuera de Europa, incrementando la presión del resto sobre las licitaciones.

Por otro lado, como sucede con la industria naval, los distintos países con planes de eólica marina, como el Reino Unido y Francia, cada vez presentan exigencias más elevadas con respecto a la participación de sus respectivas industrias en los proyectos, lo que obliga a las compañías foráneas como Navantia a una innovación continua para mantenerse en el mercado.

Tras años de infrautilización, dedicada únicamente a la fabricación de módulos de buques militares que se ensamblaban en Ferrol, llegó el desplome en el sector naval público de la ría ferrolana y la antigua Astano padeció un bienio negro completamente parada. El primer contrato de eólica marina con Iberdrola le devolvió la actividad, junto con algún bloque para el flotel de Pemex. La mayor parte de los trabajos de fabricación de las cimentaciones para el sector los asumen empresas auxiliares. Nervión es el principal subcontratista de Navantia. Roberto Bouzas, jefe de proyecto de esta compañía, sostiene que pocas firmas de la comarca pueden igualar los 900 puestos de trabajo que sostienen las obras de eólica marina que se desarrollan en Fene. Insiste también en que no es un mercado excluyente al de la fabricación naval. Isidro Silveira, propietario de Galictio, que también participa en el sector, valora positivamente la diversificación de los astilleros hacia este sector. La exigencia de los clientes por la duración de las inversiones, las condiciones donde son instaladas las piezas y la dificultad para acceder a ellas exigen un nivel de calidad muy por encima de cualquier otra instalación industrial y Ferrol ha dado la talla, afirma.

FNM

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