En Venezuela se agota todo, hasta la esperanza

Opposition supporters hold a national a flag during a rally against Nicolas Maduro's government in San Cristobal March 22, 2014. Two Venezuelans died from gunshot wounds during protests against Maduro, witnesses and local media said on Saturday, pushing the death toll from almost two months of anti-government protests to 33. REUTERS/Carlos Eduardo Ramirez (VENEZUELA - Tags: POLITICS CIVIL UNREST) ORG XMIT: VEN103

En su intento infructuoso por dialogar con un régimen sordomudo y sin palabra, bien haría a la oposición venezolana repasar textos fundacionales que convirtieron a su país en la cuna de la democracia y el pensamiento libre en América del Sur.

Casualmente el año pasado se cumplió el segundo centenario de una epístola, fechada en Kingston, de Simón Bolívar a Sir Richard Wellesley, ministro de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, advirtiéndole que la suerte de América reclamaba imperiosamente el favor de cuantas almas generosas conocen el precio de la libertad y se glorian de defender la justicia. 

Solitario, carente de recursos y sin más armas que su genio, el Libertador comprendía que la independencia precisaba una estrategia diplomática para ganar aliados extranjeros. Lo reiteró pocos meses después en uno de sus más fecundos documentos, La Carta de Jamaica, al describir una Venezuela desdichada, reducida a una absoluta indigencia y a una soledad espantosa, un escenario parecido al actual.

Como aquellos opresores del imperialismo colonial, Nicolás Maduro y su gobierno moribundo han mancillado a una sociedad que despliega cada día más el declive de los estándares de vida; una nación agonizante de hambre y de desidia. El sacrificio de los venezolanos para sobrevivir es descomunal y el sufrimiento del pueblo tan horrible que parece casi inverosímil.

Más allá del Vaticano y Unasur, actores que pretenden mediar en el campo político pese a una serie de graves tropiezos, a la oposición venezolana corresponde recurrir a organismos multilaterales y sumar más aliados internacionales de peso con miras a salvar la ínfima institucionalidad que aún perdura en el país. Lamentablemente el chavismo ha ofuscado la única vía constitucional para alcanzar la salida de Maduro: El referéndum revocatorio.

De igual modo, la bancada gubernamental ha deshonrado los compromisos obtenidos en la mesa de negociaciones. Sus tácticas apuntan a demorar indefinidamente cualquier convenio que redunde en la unidad nacional y la colaboración mutua para solventar la crisis económica y social, situando el bienestar de la ciudadanía como centro de gravedad. La raíz inequívoca de estos problemas es el socialismo del siglo XXI, acompañado de un vehemente fardo de corrupción e ineptitud, hecho que no acepta ni jamás aceptará el oficialismo atrincherado en esa fracasada ideología.

Este callejón sin salida en el diálogo, el alarmante índice de violencia, la hiperinflación y una precariedad material inconcebible en uno de los países más prósperos del planeta en reservas comprobadas de petróleo, plantean una tenebrosa realidad, acaso el fondo de un abismo. No lo considera así la mitad de la población venezolana que, según un sondeo reciente, piensa que la situación empeorará aún más. Asimismo, un 48% de los consultados carecen de fe en el progreso de negociaciones.

Los pronósticos para Venezuela son pesimistas desde cualquier punto de vista. Esto provoca el desasosiego generalizado de la población, víctima de la opresión y la injusticia. Agotada toda gota de esperanza, los venezolanos con posibilidades de hacerlo se largan a otras latitudes, donde no siempre son bien recibidos, con una mano delante y otra detrás.

Por la justicia, la libertad y la dignidad humana, el mundo demócrata ha de tender una mano útil y apoyar la voluntad del pueblo venezolano en su anhelo de cambio en el timón político. Un futuro que debe mirar hacia atrás, bien lejos, los dictados de la historia.

Editorial del diario El Nuevo Herald de Miami, Florida, Estados Unidos, del viernes 2 de diciembre de 2016.

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