Hay que poner un alto al desorden

Hay que poner un alto al desorden

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El pasado jueves 21 de enero enfrente un incidente de tránsito que hasta hace algunos años era poco usual, pero que ahora se ha vuelto algo cotidiano en la ruta que une a las ciudades de Panamá, Arraiján y La Chorrera a través del Puente de Las Américas. Al dirigirme a mi hogar, luego de una larga jornada de trabajo, estuve a punto de sufrir un accidente con un integrante de un grupo de motociclistas que, sin el menor respeto por sus vidas y por las de los demás ciudadanos, utilizaban la Avenida de Los Mártires como una pista de carreras.

Estos facinerosos, que a mi juicio es la forma más adecuada de llamarlos y describir su conducta, no solo conducían a gran velocidad, sino también de forma desordenada y presionando a los conductores con cambios de luces y el estruendo de sus motores para tratar de obligarlos a acelerar el paso. En mi caso particular, como ignoré sus acciones y mantuve una velocidad prudente, fui objeto de una agresión verbal en la que fluyeron todo tipo de insultos y hasta de un intento de agresión física a la entrada del Puente de Las Américas, donde el habitual tranque provocado por la eterna reparación de esa infraestructura me obligó a detenerme.

Personalmente creo que este es un problema grave pues en más de una ocasión he visto a estos irresponsables del volante correr a velocidades excesivas en la autopista Arraiján-La Chorrera, poniendo en peligro la vida no solo de los conductores que circulan por esa vía rápida a la velocidad estipulada por las autoridades, sino también la de cualquier persona que pueda tener la mala suerte de coincidir con ellos en un momento determinado, sean estos peatones o ciclistas.

Yo soy respetuoso de las decisiones particulares y por ello creo que si alguien quiere arriesgar su vida condiciendo a gran velocidad una motocicleta debe poder hacerlo. Incluso si alguien quiere utilizar este tipo de vehículos para suicidarse me parece bien, siempre que lo haga voluntariamente y con plena conciencia de sus actos, pero jamás podré estar de acuerdo con que se utilicen las vías públicas para jugar con la vida y la muerte, porque esto pone en riesgo la vida de personas inocentes.

Durante mi viaje a casa, esa misma noche, tuve la oportunidad de conversar con algunas unidades de la Dirección de Operaciones de Tránsito de la Policía Nacional, quienes me aclararon que en algunas ocasiones han realizado operaciones para detener a estos motociclistas irresponsables, pero que poner fin a esta situación es difícil porque estos señores ignoran sus órdenes para que se detengan, lo que dificulta sancionarlos. Además, advirtieron que la sanción pecuniaria es extremadamente baja para estos facinerosos, que curiosamente son personas de altos recursos, lo que se evidencia no solo por las marcas y el cilindraje de las motocicletas que conducen, sino porque pagan las multas y vuelven a cometer las mimas infracciones una y otra vez.

Ante esta realidad el único camino que resta es exigir a las autoridades que tomen las medidas necesarias para poner alto al desorden que se registra en las calles del país, especialmente en horas de la noche. En este sentido, me permito hacerles una recomendación tanto al ministro de Gobierno, Milton Henríquez, como al Administrador de la Autoridad de Tránsito y Transporte Terretre (Attt), Julio González, y es modificar el Reglamento de Tránsito para sancionar severamente las carreras ilegales de motos y el usos de motos modificadas.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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