Panamá y la producción de energía

Panamá y la producción de energía

Ninguna alternativa es factible si no se cuenta con una disposición de compromiso real de parte del Gobierno

Represa AES Changuinola 1. Marzo 2011. Luis Eduardo Guillén

El consumo de energía en Panamá se ha ido incrementando de la mano con el crecimiento económico del país, y las perspectivas son que la demanda de electricidad siga incrementándose, por lo que se requiere de una oferta de producción de energía que sobrepase la demanda.

La matriz de energía eléctrica de Panamá está compuesta en un 57,1% de fuentes renovables (hidroeléctricas), 39,8% de generación térmica (bunker C) y 3,0% de eólica (viento). De lo que se desprende que somos altamente dependientes de la energía producida por el agua de los ríos y sus afluentes.

Esta dependencia hace que nuestra economía sea altamente vulnerable a las nuevas condiciones que se presentan con el cambio climático. Cada año el cambio climático se manifiesta de una manera más severa que el año anterior. Llegando al punto en que los caudales de los ríos disminuyen alarmantemente, llevando a los embalses de las hidroeléctricas muy cerca de los niveles críticos. Lo que este año se agravó aún más debido a la presencia del Fenómeno de El Niño.

Pensamos que de seguir ésta tendencia de bajas precipitaciones y sequías extremas, en los próximos años pudiera darse una dramática paralización de las actividades comerciales y productivas del país. Donde todos los sectores productivos, llámese sector primario, secundario y terciario se verían afectados y la economía del país llegaría a un decrecimiento cada vez más pronunciado, a la par con un aumento en el desempleo, elevando también la inflación y afectando las finanzas públicas.

Creemos que el no contar el país con la generación hídrica, las alternativas de producción eléctrica serían en primera instancia la generación térmica, que como vemos en la actualidad no cuenta con la cantidad de producción que se requeriría para suplir las necesidades que demandaría el país. Aunado a esto, las plantas termoeléctricas tendrían que trabajar a tiempo completo, las 24 horas al día, con la consecuencia de una alta producción de contaminantes.  La generación eólica, que sería otra alternativa, está dando sus primeros pasos. Ha tenido un acelerado crecimiento de generación, debido a las bajas precipitaciones en los embalses, sin embargo no cuenta con la infraestructura necesaria para suplir la  demanda nacional, debido a que es una actividad prácticamente insipiente, dependiente en gran medida de la existencia o no de vientos capaces de mover los generadores. La otra alternativa, la energía solar, está prácticamente detenida por su alto costo de inversión y por la necesidad de una superficie de tierra disponible para la ubicación de los paneles solares.

Lo que consideramos más viable, a un corto plazo, es que el Estado garantice el suministro de energía al país a través de la importación de energía contratada de Centroamérica y Colombia, estableciendo una interconexión que amplíe la red de transmisión de energía. A corto y mediano plazo, la alternativa seria aumentar la matriz energética del país, con la ampliación del número de plantas térmicas, que puedan darle al país la seguridad, si así lo obliga la escases o ausencia de lluvias, esto acompañado de un cambio del tipo de combustible a utilizar en las plantas ya existente, para que sean más amigables con el ambiente. Así como la creación de un ambiente que permita la construcción de nuevos embalses, en los ríos que presenten el adecuado caudal hídrico para la generación de energía eléctrica.

Ninguna alternativa es factible si no se cuenta con una disposición de compromiso real de parte del Gobierno, en llevar acabo, sin espera, cualquier opción que permita lo más pronto posible la incorporación de energía confiable y accesible, que permita el desarrollo pleno y sostenible de nuestra economía. Y a la vez, sin descuidar las poblaciones que son influenciadas por las actividades que son propias de dicha actividad, y que se oponen al desarrollo de los proyectos porque sienten que sus intereses no son tomados en cuenta.

Mientras estas comunidades no sientan un beneficio tangible para sus vidas y que sus derechos son respetados, estos proyectos serán caldo de cultivo para explosiones sociales de sus residentes inconformes.  Y nos corremos el riesgo de que el país se paralice por falta de energía eléctrica.

Rodolfo Castro
Estudiante de Maestría en Gerencia Estratégica
Universidad Interamericana de Panamá

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