¿Te disgusta que te pregunten cuánto dinero tienes?

¿Te disgusta que te pregunten cuánto dinero tienes?
Pensar financieramente es enfrentar y sobreponerse a algunas barreras que impiden hablar sobre dinero y finanzas.| Foto: Oliver Thomas Klein

Continuamos con el segundo artículo de la serie Pensando financieramente. Me refiero al artículo inicial que escribí y que encontrarás en este enlace.

En ese artículo comentamos que el primer paso para pensar financieramente es enfrentar y sobreponerse a algunas barreras que impiden hablar sobre dinero y finanzas con tranquilidad y autoconfianza. Las dos más importantes son: La sicológica y la del poco-amor (léase odio) por las matemáticas que lamentablemente tantas personas experimentan. Hablaremos primero de las sicológicas.

Barreras sicológicas

En general, el tema del dinero es un asunto muy personal para cada uno. Lo que creo que deja intranquilas a las personas es que asumen o creen que para hablar de dinero la discusión va a enfocarse tarde o temprano en revelar “cuánto alguien tiene” o “no tiene”.

Lo que creo que deja intranquilas a las personas es que asumen o creen que para hablar de dinero la discusión va a enfocarse tarde o temprano en revelar “cuánto alguien tiene” o “no tiene”.

En realidad, a nadie le debería interesar (por razones de respeto) la riqueza financiera de otra persona. Le pregunto al lector si, al negarse (con tranquilidad e inclusive buen humor) a responder a una posible pregunta indiscreta, ¿se sentiría incómodo y hasta avergonzado de no responder?  No hay motivo ninguno para responder a tal pregunta indiscreta. Pero a muchos les queda el sabor amargo de la experiencia.

Imaginen si esa pregunta es hecha entre padres e  hijos. ¿Papá (o …mamá) tenemos dinero, somos ricos o no? Esa pregunta en el seno familiar sí podría ocurrir. Hay familias que viven con un estándar de vida por encima de sus ingresos y posibilidades, y que son altamente dependientes de préstamos constantes para mantener ese nivel de vida.

¿Cómo responderían esos padres? Pocos explicarían el total de las circunstancias de la familia. Asumo que la mayoría esquivaría esa pregunta porque se habrían desencadenado sentimientos de inseguridad. Y como padres que son, no les gustaría transmitir esa inseguridad y preocupación a los hijos.

Por ese motivo, dicen algunas personas que a veces el diálogo financiero es más fácil con los abuelos que con los padres.

En casos de familias que viven con mejor alineación entre los ingresos con lo que se gasta en el estándar de vida, este diálogo podría generar menos emociones, aunque igualmente los padres decidan no responder en detalle. Un motivo primordial podría ser el de mantener la confidencialidad de la información. Otro inclusive podría ser que no es fácil tener una respuesta exacta si no se lleva una contabilidad detallada.

¿Qué debemos sacar en conclusión? Que la barrera sicológica que debemos enfrentar es que hablar de dinero no debe ser equiparado a hablar sobre ¿cuánto tienes? o ¿cuánto tengo o mi familia tiene?. A nadie se le debe poner en situaciones incómodas.

Hablar de dinero en opinión de este autor es pensar en el dinero como un máquina fotográfica (o un dispositivo digital hoy en día)  y no como una fotografía”.

Ya sea entre amigos o entre padres e hijos. Hablar de dinero en opinión de este autor es pensar en el dinero como un máquina fotográfica (o un dispositivo digital hoy en día)  y no como una fotografía. Una fotografía sería equivalente a un “cuanto tienes”. En esa hipotética foto, pocas personas se sentirían cómodas para sonreír. Por eso es que el hablar sobre dinero debe enfocarse de forma diferente para que no se  convierta en una barrera sicológica.

El hablar de dinero debe partir de ver el tema como una herramienta que ayudará a la persona a alcanzar sus metas y sus sueños. Por ese motivo es que se debe incorporar esa herramienta al día a día de una forma que no cause ansiedad.

No es muy diferente que aprender y hablar un idioma extranjero. A veces uno se siente mal porque otros notan un acento, o que no lo hablamos a la perfección. Pero cuando nos imaginamos que queremos viajar a esa ciudad maravillosa de nuestros sueños, y que para ir y poder pasear, comer, conversar la única manera es hablar lo mejor posible en ese idioma, la mayor parte de las personas hacen el esfuerzo. Y se sobreponen a las barreras.

Nota relacionada:  ¿Piensas financieramente?

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