Perspectiva del mercado laboral a la baja

Perspectiva del mercado laboral a la baja

La agricultura mantuvo un comportamiento negativo

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América Latina y el Caribe mantiene la tendencia de desaceleración que registra desde 2010, con un crecimiento negativo del Producto Interno Bruto (PIB) promedio regional durante el 2015 de -0,3% respecto al año anterior. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) los principales factores de ese desempeño negativo es la debilidad de la demanda interna y un entorno internacional caracterizado por un bajo crecimiento del mundo desarrollado, una desaceleración de las economías emergentes, particularmente China, que es destino de las exportaciones de materias primas de algunos países de la región. Asimismo se da una caída importante de los precios de los bienes primarios.

Este desempeño deficiente está muy influido por las economías más grandes de América del Sur, particularmente Brasil, que tendrá un decrecimiento estimado en 2,8%. En promedio, América del Sur registrará una caída del 1,3% respecto al 2014. Por su parte, las economías de México y Centroamérica tendrán un crecimiento económico más favorable estimado en 4,1%, por su vinculación más estrecha con la economía estadounidense, mientras las economías del Caribe crecerán en torno al 1,6%.

El desempeño económico negativo en el contexto regional se traducirá en un aumento en la tasa de desempleo urbano de seis décimas y se ubicará en 2015 en torno al 6,6%. Adicionalmente se espera un deterioro en la calidad del empleo que se ha de reflejar en un mayor crecimiento del trabajo independiente y del empleo informal en general respecto al trabajo protegido en los segmentos modernos del mercado laboral. Si bien se prevé una ligera recuperación económica en el 2016, no parece viable retornar a los niveles de crecimiento de la década anterior, por lo cual las perspectivas laborales de América Latina y el Caribe en los próximos años no parecen alentadoras.

La coyuntura laboral

Durante el año 2015 la economía panameña mantuvo los signos de desaceleración que traía desde dos años antes, registrando una tasa de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) de 5,9% en el primer semestre, respecto a igual período del año anterior. La construcción, uno de los motores principales del crecimiento económico panameño se siguió debilitando, producto de la culminación de varios megaproyectos gubernamentales de infraestructura; y se registra una tasa de crecimiento significativamente inferior que el año previo (6,7%). Se esperaría que esta tendencia pueda variar en 2016 con el inicio de la construcción de la segunda fase del Metro, la renovación urbana de Colón y otros proyectos de infraestructura previstos.

No obstante, la agricultura mantuvo un comportamiento negativo, arrastrando las consecuencias adversas de las políticas devastadoras del quinquenio anterior y por los estragos del Fenómeno de El Niño que afectó sensiblemente la ganadería y ciertos cultivos.

Asimismo, la industria manufacturera tampoco logró recuperarse en promedio, mostrando un crecimiento negativo en el primer semestre de 2015 de 0,5%.

El sector comercio, por su parte, mostró una cierta recuperación durante este período, aunque persistió un comportamiento negativo de la Zona Libre de Colón, ante los problemas de impago de empresas venezolanas; y además, por las dificultades económicas que atraviesan muchos países de América del Sur, en virtud del contexto externo desfavorable y por las debilidades de sus monedas frente al dólar estadounidense.

En contrapartida, una mayor dinámica de crecimiento se observa en el sector eléctrico por el impulso a la generación de energía eólica; así como en el sector financiero y en el transporte, almacenamiento y comunicaciones por los ingresos del Canal y el fortalecimiento del conglomerado logístico.

En síntesis, la economía panameña mantiene esa tendencia de desaceleración de los últimos tres años, debido al debilitamiento de la inversión pública y sobre todo porque la asignación de recursos de inversión del Estado en años previos no priorizó en proyectos para potenciar la productividad sistémica; y muchas de esas inversiones quedaron truncadas por la improvisación y las prácticas de corrupción con que se manejaron desde un inicio.

Basta con mencionar como ejemplos los proyectos hospitalarios y de salud centrados en edificaciones sin asignaciones para equipos y personal, obras de regadío sin contar con los terrenos para ejecutarlas; vías de comunicación con sobrecostos y con escaso impacto sobre la productividad y competitividad (Cinta Costera 3), etc.

El hecho claro es que los recursos de inversión presupuestados entre 2009 y 2014 ascendieron a alrededor de $30.000 millones, sin embargo, la productividad en los sectores agropecuarios e industrial ha mostrado signos negativos, el déficit en la cobertura y calidad de la educación es evidente y la exclusión y pobreza en las áreas rurales sigue afectando a más del 50% de su población.

De acuerdo con las proyecciones de organismos internacionales especializados, se espera que el crecimiento de la economía panameña durante el 2015 sea de 5,8%.

Aumenta ligeramente el desempleo

El ciclo de desaceleración económica de los últimos tres años conllevó a un debilitamiento en la capacidad de generación de empleo, sobre todo en el sector privado. Esto se reflejó en que la tasa de ocupación se mantuvo estable entre agosto de 2014 e igual mes de 2015. Y frente a un leve aumento de la oferta laboral (tasa de participación) de dos décimas, se produce un ligero aumento en la tasa de desempleo en 2015, que se sitúa en 5,1% de la fuerza de trabajo. Con ello aproximadamente 92.000 hombres y mujeres enfrentan esa dura realidad de buscar activamente un empleo, pero el mercado no les ofrece esa oportunidad de trabajar, sea por insuficiencia de la demanda agregada, o por problemas de empleabilidad o en las competencias de los trabajadores.

El aumento del desempleo afectó más a los jóvenes de 15 a 24 años que a la población más adulta, aumentando en cinco décimas en el período considerado. Con ello la tasa de desempleo de los jóvenes en 2015 (13,1%) sigue siendo 3,7 veces superior al resto de la fuerza de trabajo.

Esa condición de pleno empleo frecuentemente aludida en Panamá nunca ha llegado a la juventud por diversas razones. Se sigue diciendo que la razón del mayor desempleo juvenil es la falta de correspondencia entre sus competencias y lo que demanda el mercado laboral. Ello ha de ser cierto particularmente para muchas ocupaciones profesionales y técnicas menos requeridas por el mercado; y en todo caso, la juventud sigue esperando por una política y programas de formación y capacitación más agresiva que resuelva esa paradoja. No obstante, se debe auscultar los otros factores que puedan estar explicando esta situación, incluidas las prácticas del mercado que tienden a discriminar o subvalorar a la fuerza de trabajo juvenil.

Por otro lado, el aumento de la tasa de desempleo afectó por igual a hombres y mujeres, que en ambos casos registraron aumentos de dos décimas. Sin embargo, sigue existiendo esa brecha de género en que la tasa de desempleo de las mujeres es 1,5 veces más a la de sus pares los hombres, evidenciando signos de discriminación por género, que también se observan en las tasas de participación y de ocupación y en las remuneraciones que resultan inferiores para las mujeres.

Desaceleración del empleo

La culminación de varios megaproyectos se reflejó principalmente en un leve decrecimiento del empleo en el sector privado, entendiendo que se trata de obras financiadas con inversión pública, ejecutadas por la empresa privada. De acuerdo con la Encuesta de Mercado Laboral del Instituto Nacional de Estadística y Censo (Inec) el empleo en el sector privado cayó en 0,6% entre agosto de 2014 y 2015. Aquí se debe subrayar que se trata de una comparación entre la población ocupada en esos dos momentos, lo que refleja los cambios netos entre esos dos puntos en el tiempo y no las entradas y salidas del mercado laboral, ya sea por la estacionalidad del empleo en determinadas ramas o por la naturaleza de los contratos de trabajo (temporales, permanentes, por obra, etc.).

El debilitamiento en la creación de empleo en el sector privado se vio compensado por un mayor dinamismo en el sector público con un aumento de 5,9% en dicho período. No obstante, el mayor crecimiento de la ocupación en 2015 se observa en el trabajo por cuenta propia y trabajadores familiares que aumentó en 6,3% respecto al año anterior. Esto supone un cierto deterioro en la calidad del empleo, considerando que en estas categorías se concentra el grueso del empleo precario, de más bajos ingresos y sin protección social.

Empleo de mala calidad

Entre agosto de 2014 y 2015, la ocupación fuera del sector agrícola aumentó en 3,3% para el total del país. Sin embargo, frente a un crecimiento del empleo formal de 2%, el empleo informal creció casi tres veces (5,5%), observándose que el mayor deterioro se da en el sector formal de empresas donde el empleo precario creció en 11,4%, según la encuesta de mercado laboral del Inec.

En suma, el deterioro relativo del mercado laboral en 2015 no sólo se refleja en un aumento en la tasa de desempleo, sino también en un déficit en la calidad de los nuevos empleos generados, que en su mayor parte son trabajos informales.

Entre ramas de actividad, las caídas más visibles en la creación de empleo se dan en la construcción (11,3%) y en la agricultura (4,2%), lo cual es consistente con la desaceleración económica en dichas ramas. Por su parte, se observa una importante recuperación en los restaurantes y hoteles (11,9%), así como en la industria manufacturera (6,6%), luego de una caída del nivel de empleo en ambas ramas el año previo.

La ausencia de una política de salarios

El salario representa un gran desafío para la economía y la sociedad por su doble dimensión como elemento importante del costo de producción de las empresas y a su vez como principal fuente de satisfacción de necesidades del trabajador y su familia.

También es componente fundamental de la demanda agregada de la economía. Por esta razón, el gran desafío de la política salarial es lograr un balance apropiado para mantener la operación de las empresas; y a su vez, asegurar el bienestar de los trabajadores bajo criterios de eficiencia y equidad. Y en este sentido, la productividad es el factor que contribuye a solucionar este desafío.

Desde la perspectiva del poder de compra, la estructura de las remuneraciones en Panamá, y en general los salarios de mercado se han quedado rezagados respecto al crecimiento de la economía, particularmente entre las actividades y sectores vinculados a la economía doméstica.

Los salarios mínimos, en términos generales, han logrado una mayor dinámica, especialmente en los últimos diez años.

Educación-capacitación

No obstante los progresos en la cobertura de la educación en el largo plazo, prevalecen brechas en el nivel de enseñanza de la fuerza de trabajo. En agosto de 2015 el 17,2% de la población ocupada no excede la educación primaria (incluyendo 1,2% de analfabetismo) y 33 de cada 100 trabajadores tienen nueve o menos años de escolaridad; y dos de cada tres ocupados tienen 12 o menos años de escolaridad.

Como bien es sabido el problema de la educación en Panamá no sólo es de brechas de cobertura, sino de déficit en su calidad. Por esta razón las diversas organizaciones de la sociedad claman por una reforma del sistema educativo para alinearlo a las necesidades del sector productivo y del desarrollo nacional.

El déficit en la formación de recursos humanos se extiende a la formación profesional, donde igualmente se reconoce la falta de correspondencia entre la capacitación que se ofrece y lo que demanda el sector productivo en términos de competencias laborales.

La formación profesional como capacitación para el trabajo está llamada a cubrir esas brechas entre oferta y demanda, teniendo en cuenta la amplitud de la demanda de los sectores productivos. Se trata de un espectro de necesidades muy amplio desde el punto de vista sectorial (agricultura, industria y sectores terciarios); regional (urbano/rural), así como entre diversos segmentos de empresas (Pymes, sector informal, etc.). Igualmente se debe tener en cuenta los diversos requerimientos entre grupos ocupacionales (nivel de calificación); así como respecto a categorías específicas de población (jóvenes, mujeres, indígenas, grupos con discapacidad, etc.).

Miguel Del Cid
Asesor general
Fundación del Trabajo

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