¿Se puede culpar a un país por los actos de quienes lo habitan?

¿Se puede culpar a un país por los actos de quienes lo habitan?

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Mientras me dispongo a escribir este artículo lo primero que me viene a la mente son las diferentes reacciones que podrán tener quienes lo leen. Supongo que algunos podrán considerar el planteamiento estúpido, otros se verán irritados e inclusive ofendidos por las cosas que estoy escribiendo, sin embargo, ese es precisamente la razón por la cual lo escribo. La lógica que uso detrás de este artículo trata de ser la misma lógica o método de pensamiento que utiliza el ministro francés Michel Sapin cuando hace comentarios denigrantes acerca de la República de Panamá, energizado por los muy mal llamados Panama Papers. La misma lógica que acompaña al gobierno francés al decidir, en base a esos documentos, incluirnos en una lista de paraísos fiscales.

Antes de continuar quiero dejar claro algo: Soy orgullosamente panameño, pero mis dos abuelas eran de origen francés, de aquellas familias que salieron de Francia en busca de una oportunidad en el Istmo hace un siglo. Estoy orgulloso de mis abuelas y de nuestra ascendencia francesa. Como tal, no tengo nada en contra de Francia, sino más bien la admiración hacia un pueblo que hace más de 200 años se liberó de la opresión luchando por la libertad, igualdad y fraternidad; conceptos que Michel Sapin evidentemente no entiende.

Cuando hablo del Ministro Sapin hablo de la persona cuyos desatinados comentarios son una ofensa para nuestro país, y al escribir esto tengo la esperanza que lo lean en Francia, aunque sé que difícilmente eso sucederá, sin embargo, mi esperanza es que el pueblo francés comprenda la indignación del pueblo panameño ante los comentarios de su ministro.

Empecemos. En este momento me pongo el chip que me ayuda a pensar como el Ministro Sapin Listo.

A ver, analicemos algunas estadísticas. Primero, ¿cuál es la población carcelaria de Panamá?

Panamá tiene 15.578 presos según la última cifra disponible. Aquello corresponde a 411 privados de libertad por cada 100,000 panameños. En comparación, Francia tiene 66.678 prisioneros, lo cual corresponde a 95 de cada 100.000 franceses. Yo voy a decidir, tal y como lo haría el Ministro para validar sus argumentos, ignorar la imagen completa y enfocarme solamente en una cifra para decir que Panamá tiene 15.578 privados versus los 66.678 que tiene Francia. Eso nos dice, bajo un análisis conveniente, que en Francia hay más de cuatro delincuentes por cada delincuente en Panamá, y por ende que la criminalidad en Francia es cuatro veces peor que la criminalidad en Panamá. ¿Vieron cómo logré tergiversar la realidad meramente decidiendo ignorar algunos hechos?

Veamos otro ejemplo. Esta vez los ataques terroristas atribuidos a grupos islámicos extremistas. En Panamá, del año 2012 hasta este año 2016, no ha habido ninguno. En ese mismo periodo, en Francia han ocurrido 21 ataques, algunos de ellos simultáneos. Eso quiere decir que mientras que Panamá es sumamente eficiente contra el terrorismo, Francia es un país que está lleno de terroristas y, bajo la lógica del Ministro, me pregunto si no sería correcto sumar a Francia a la lista de países que apoyan el terrorismo y aplicarle las sanciones correspondientes, pues evidentemente hay terroristas dentro de sus fronteras.

Y tampoco nos compliquemos con argumentos de que Francia tiene leyes anti-terrorismo o ha firmado tratados internacionales para tales efectos. Después de todo, a Francia parece no importarle que Panamá tenga leyes y tratados fiscales. Esas cosas parecen ser triviales a la hora de señalar de forma despectiva a un Estado soberano, en base a lo que un puñado de sus ciudadanos hayan presuntamente hecho, o más bien dicho, permitido a extranjeros hacer.

¿Vieron nuevamente lo fácil que es señalar a un país usando la técnica Sapin? Y es que precisamente eso es lo que ha hecho el Ministro Sapin y el gobierno francés al ignorar convenientemente la realidad a su antojo, en el afán de confundir a sus ciudadanos y al mundo sobre el rol que juega Panamá en la economía mundial, además, basado en documentos confidenciales que fueron robados de una firma de abogados panameña.

Es hora de quitarme el chip, no sea que tenga efectos secundarios.

¿Entenderá el noble pueblo francés con estos argumentos la indignación del pueblo panameño ante los soeces comentarios de uno de sus ministros? ¿Tratará el Presidente o el Canciller francés de arreglar mediante la diplomacia el craso error de uno de sus funcionarios? Ojalá. Je lespère.

Para terminar, quisiera enviarle un mensaje a todo el pueblo francés, que quizás ha creído en las palabras de su Ministro:

Panamá jamás ha sido un país cuyas leyes han estado destinadas a permitir la comisión de delitos. Diría yo que ningún país lo es. Sin embargo, los países únicamente pueden controlar los delitos mediante la aplicación de las normas penales. Panamá ha tomado todas las precauciones en la última década para adoptar los mejores estándares internacionales en materia de prevención del uso de su servicios financieros y corporativos para fines ilícitos como el blanqueo de capitales, el financiamiento de terrorismo y la proliferación de armas destrucción masiva. Quisieran muchos países poder decir que sus normas están al alcance o al nivel de las normas panameñas en la materia. Posiblemente, y lo digo porque desconozco la realidad francesa, nuestras normas sean mucho más estrictas que las de la propia Francia.

Y hablando de armas con potencial destructivo, me parece curioso que un video que prepararon los medios sobre los Panama Papers señalaba que a través de sociedades panameñas se habría suplido petróleo a Siria y eso contribuía a la capacidad de bombardear a la población (como si el petróleo no tuviera otros fines); empero, no vemos que con tanta prominencia como los Panama Papers se hable de los miles de millones de dólares en armamento bélico que Francia exporta anualmente, y que casi la mitad de esas exportaciones son a países del medio oriente. Entre esas exportaciones hay aviones caza Rafale, los mismos que el gobierno francés utilizó el año pasado para bombardeos en Siria. El colmo sería que hayan llenado el tanque de esos bombarderos con combustible ruso comprado a una sociedad panameña y que los medios internacionales culpen a nuestro país por las casualidades de guerra.

Mi intención no ha sido la de ofender, sino meramente que todo quien lea el artículo entienda la indignación del pueblo panameño ante los ataques frontales, no solamente del ministro francés, sino también del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (Icij), y del señor José Ángel Gurría, Secretario General de la Organización Internacional para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde). Quiero también expresar que el pueblo panameño no está dispuesto a tolerar ataques que no guardan relación alguna con la realidad jurídica de Panamá, y menos por causa la situación que atraviesa una firma de abogados en particular, y cuyo negocio es incorporar sociedades en más de 20 jurisdicciones, entre ellas antiguas colonias de países desarrollados que siguen las pautas del sistema legal de esos países desarrollados, y que no por eso se ganaron el bochornoso titular que aquellos medios involucrados en el manejo de propiedad robada decidieron unilateral e incongruentemente llamar los Panama Papers.

Por: Alejandro Abood Alfaro
Ex superintendente del Mercado de Valores

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