¿Se puede dialogar con Colombia?

Insistir en el diálogo sin tomar medidas contra Colombia, una y otra vez, no ha dado resultado alguno; por lo que es hora de ensayar una estrategia distinta, si es que queremos lograr resultados distintos

El célebre Premio Nobel de Física, Albert Einstein, definió la locura como hacer lo mismo, una y otra vez, esperando un resultado diferente. Y lamentablemente todo parece indicar que la actual administración no ha logrado comprender que apostar una y otra vez por el diálogo, para resolver el conflicto comercial surgido entre Panamá y Colombia por la aplicación de medidas discriminatorias contra la Zona Libre de Colón (ZLC), no ha dado ni dará ningún resultado positivo, porque a ese país suramericano no le interesa encontrarle una solución a dichas diferencias.

En principio debemos recordar que las autoridades colombianas empezaron a aplicar medidas discriminatorias contra la ZLC, hace ya 10 años, comenzando por restringir el ingreso de mercancías procedentes de ese emporio comercial al puerto de Cartagena y el aeropuerto internacional de El Dorado. Posteriormente, se aplicó un arancel discriminatorio específicamente a los textiles y calzados procedentes de Panamá y, finalmente, aplicaron el modelo que rige actualmente y se basa en aranceles específicos aplicados a textiles y calzados procedentes de países con los que Colombia no mantiene Tratados de Libre Comercio (TLC), lo que incluye a China, principal proveedor de estos productos para la ZLC.

La primera de esas medidas fue desmontada tan pronto Panamá advirtió a Colombia que la sometería a un panel ante la Comisión de Controversias de la Organización Mundial de Comercio (OMC), las dos restantes fueron objeto de sendos paneles ante ese organismo multilateral, que en ambos casos falló a favor de Panamá y ordenó a Colombia el desmantelamiento de cualquier medida discriminatoria contra las mercancías provenientes de la ZLC.

Sin embargo, la estrategia colombiana ha sido modificar, una y otra vez, las medidas aplicadas contra los textiles y calzados provenientes de la ZLC para argumentar que ha cumplido debidamente el fallo emitido por la OMC, ya que los decretos demandados por Panamá han sido derogados, aunque en realidad los ha sustituido por decretos que contienen una nueva variante de su política discriminatoria. De esta forma Colombia pretende (la palabra más apropiada sería: Finge) cumplir formalmente los fallos de la OMC, para así aprovecharse de la ingenuidad de las autoridades panameñas, que insisten en encontrar una solución formal al conflicto recurriendo -una y otra vez- a ese organismo multilateral.      

El último paso en ese camino fue la promulgación de los Decretos 1744 y 1745 del 2 de noviembre de 2016, supuestamente destinados a luchar contra el contrabando y la subfacturación, mediante el fortalecimiento del control aduanero, pero que en realidad lo que procuran es proteger a la industria colombiana de textiles y calzados de la competencia que representan los productos provenientes de la ZLC.

La pregunta que nos hacemos todos los panameños es: ¿Cuándo la administración del presidente Juan Carlos Varela terminará de comprender que no existe ninguna posibilidad de alcanzar una solución negociada a las diferencias comerciales surgidas con Colombia? esto es así simplemente, porque hasta el momento la estrategia aplicada por las autoridades colombianas contra la ZLC le está dando buenos resultados. Lo que significa que ha logrado restringir, significativamente, el ingreso de mercancías procedentes de la ZLC sin que, hasta el momento, la economía colombiana haya pagado algún costo por mantener esa política discriminatoria.

Ciertamente hay que aplaudir la decisión del Ejecutivo de suspender la compra de dos embarcaciones militares a Colombia, valoradas en $25 millones, y de no enviar el TLC firmado con ese país a la Asamblea Nacional de Diputados para su ratificación; sin embargo, también debemos criticar el que no se haya renovado y ampliado el Decreto Ejecutivo, emitido en agosto del año pasado, que estableció un incremento de los aranceles aplicados al carbón, el clinker y las flores procedentes de Colombia, al techo máximo pactado con la OMC y que, a la fecha, no se haya tomado ninguna de las medidas que forman parte del arsenal establecido en la Ley de Retorsión aprobada el año pasado, precisamente para dotar al país de herramientas que nos permitan responder a aquellos países que apliquen medidas discriminatorias contra nuestra economía, nuestras empresas y nuestros ciudadanos.

No hay razones que nos impidan adoptar acciones contundentes de retorsión que hagan a Bogotá comprender que Panamá no va a permitir que siga discriminando a las empresas que operan en la ZLC, que se atente contra la estabilidad económica de nuestro país y, al mismo tiempo, sigamos intentado buscar una solución negociada. De hecho, insistir en el diálogo sin tomar medidas contra Colombia no ha dado resultado alguno, por lo que es hora de ensayar una estrategia distinta, si es que queremos lograr resultados distintos.

Y es que debemos recordar lo que ya hemos dicho en un Editorial publicado el pasado mes de noviembre, que Cada negocio que deja de hacer la ZLC, cada dólar que dejemos de percibir debido a acciones discriminatorias e ilegales adoptadas por Colombia, al final se traducen en menos inversión en la economía del país y en menos puestos de empleo para los panameños.

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