“Ser padre es una bendición y un compromiso permanente”: Iván De Ycaza

“Ser padre es una bendición y un compromiso permanente”: Iván De Ycaza
"Ser padre es el trabajo más complejo e importante que puede tener un hombre".Cortesía | Iván De Ycaza

Iván De Ycaza, presidente de la Cámara Panameña de la Construcción (Capac), es un hombre que ha sabido luchar y salir adelante pese a las adversidades. Precisamente eso es lo que transmite a sus cuatro hijos, a quienes les habla de la importancia de “no rendirse nunca”.


>>¿A qué edad se convirtió en padre? ¿Cuántos hijos tiene?

A los 36 años. Tengo cuatro hijos, dos varones y dos niñas:  Damián (14), Domenica (13), Diana (11) y Nicolás (7).

>>¿De qué manera la paternidad ha influido en su ejercicio profesional y a la hora de presidir una asociación empresarial?

Siempre he tratado de tener un balance en mi vida. Ser padre es el trabajo más complejo e importante que puede tener un hombre. Tratar de balancear el “tiempo de calidad” entre la familia, el ejercicio profesional, la vida gremial, y el tiempo personal (amistades, vida espiritual, deportes), es un verdadero reto.

La paternidad ha fortalecido mi compromiso con ser un buen ejemplo para mis hijos, y tratar de inculcarles que debemos dedicar tiempo para mejorar nuestra comunidad y construir un mejor país.

>>De su experiencia como padre, ¿podría compartirnos…?

Una lección de vida:  No son muchas las personas que admiro. Una persona a la que aprecio mucho me dijo una vez: “Siempre que estés frente a un micrófono, habla de lo que la gente espera que hables”. Lo tomé como un buen consejo. Pero más que decir lo que la gente quiere oír uno debe expresar lo que piensa y lo que siente que es importante. No lo que otros quieren oír. Esto ha sido una lección de vida para mí, pues cada vez que tengo la oportunidad de hablar sobre temas serios a mis hijos, pienso muy bien lo que les voy a decir, porque debo hablarles con el corazón, no para complacerlos. Esto a la vez, me ha enseñado a escuchar más y mejor a los demás, y en especial, a mis hijos.

Una anécdota:  En mis años en el Colegio San Agustín, tenía muy buenas notas y clasifiqué para una posible beca para estudios universitarios en Estados Unidos, para estudiantes que no podían costearlos. Mi madre era viuda, y se esforzaba mucho para educarnos bien, a mi hermano y a mí. Lograr esa beca era un gran mérito y reconocimiento para su esfuerzo. Sin embargo, la beca se la ganó un joven con los méritos académicos, pero de una familia con recursos. Fue un momento de gran decepción, pues me enseñó que la vida no es justa. Hay gente que prejuzga con facilidad. Pero no me rendí.

Comencé estudios de Ingeniería Civil en la Universidad Santa María la Antigua y seguí estudiando duro, y logré culminar mis estudios en Estados Unidos con una beca parcial, trabajando en la Universidad, y con la ayuda de mi madre. Debemos esforzarnos para alcanzar las metas. Nunca rendirnos. Trato de transmitir este mensaje a mis hijos siempre.

Una experiencia de padre primerizo que no olvidará:  El nacimiento de mi primer hijo. Mi esposa tuvo un embarazo complicado, y eso fortaleció mi fe. Contra viento y marea, Damián llegó al mundo, y fue uno de los días más felices de mi vida.

La actividad que más disfruta en compañía de sus hijos:  Recorrer el país en familia, para que conozcan al verdadero Panamá: Su belleza natural y su gente. Vivimos en el mejor país del mundo, bendecido por Dios.

>>¿Considera usted que el padre del siglo XXI es diferente al del siglo pasado? ¿Por qué?

En ambos casos hay un parecido. Ser padre es una bendición y, a la vez, un compromiso permanente con darles amor y formación a los hijos. La diferencia es que en el siglo XXI estamos ante un entorno tecnológico que acelera los tiempos y nos presenta retos adicionales.

>>Como hijo, ¿podría compartirnos cuáles fueron las lecciones de vida que aprendió de su padre y que hoy son parte de lo que es usted como profesional, como padre, como esposo…?

Mi padre fue asesinado en las revueltas políticas de 1968, cuando yo solo tenía un año de edad, así que prácticamente no lo conocí. Sin embargo, sus amigos y parientes siempre me hablaban de él, y lo tomé de ejemplo a seguir. Un gran ejemplo a seguir: Hombre de familia, trabajador, atlético, amaba la naturaleza, con gran sentimiento nacionalista, y altos valores cívicos y morales. Puedo decir que, en gran medida, su ausencia me ha hecho ser quien soy, y todavía estoy lejos de igualarlo.


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