¿Te gusta cumplir hasta el fin?

¿Te gusta cumplir hasta el fin?
Al pensar financieramente estaremos ayudándonos a ordenar nuestras metas de una forma lógica y eficiente.Unsplash|Rawpixel

Esta es el cuarto artículo de la serie Pensando Financieramente. En los anteriores tres, hablamos de la importancia de pensar financieramente y de las barreras que nos dificultan este pensamiento. En este hablaremos de la esencia de la palabra finanzas y desarrollaremos una nueva lógica para aplicar esa característica a nuestras vidas cotidianas.

La palabra finanzas se origina del antiguo francés “finaunce” entre los siglos XIV y XV. La misma quiere decir “llegar al fin, finalizar” en el sentido de cumplir con una obligación adquirida. Esa obligación generalmente involucraba dinero.

En su esencia, las finanzas giran alrededor de obligaciones y expectativas de que algo sucederá “al fin”.

Si alguien toma prestado dinero de alguien (amigo, familia, banco) hay una obligación de por medio y el “fin” está estipulado por las partes.

Si alguien invierte en acciones de una empresa, tiene la expectativa que habrá éxito en la inversión hasta “el fin” del vínculo como accionista de la empresa.

Por su vez, La empresa tiene la obligación ante sus inversionistas de manejarse bien (planificar, tener el mejor talento humano, vender, informar transparentemente). En este caso el “fin” puede ser de larga duración como cuando un inversionista mantiene la inversión hasta el “fin de su vida” porque la quiere dejar por herencia a sus hijos. O pudiera ser tan corto como cuando tiene tantos problemas que los gerentes ya no pueden manejarla bien y el “fin” ocurre.

¿Cómo se aplica esto a nuestras vidas?

La palabra “fin” es sinónima con la palabra “meta”. Cada 31 de diciembre, hacemos famosas declaraciones de lo que nos gustaría lograr durante el año que viene. Son metas establecidas con mucha emoción.

Si bien no todas lo requieren, la mayoría de ellas de alguna forma o de otra exigen que tengamos un dinero a la mano para alcanzarlas. Viajar, comprar un televisor de 42 pulgadas, comenzar un negocio requieren dinero. Adelgazar, hacer yoga, leer más pudiera ser que no los vinculemos al dinero, pero cuando lo pensamos en profundidad, también podrían requerir un gasto de nuestra parte.

Además de estas, tenemos las metas más “reales o más urgentes” que son ganar lo suficiente para pagar el alquiler (o la hipoteca), las escuelas de los chicos, pagar los gastos médicos, cuidar de un familiar anciano, y muchas otras. Estas últimas carecen de emocionalidad, y preceden a las emocionales en prioridad de cumplimiento, y sin duda alguna, involucran dinero.

Todas estas metas, o fines, representan en su esencia obligaciones asumidas hacia nosotros mismos, hacia nuestros seres queridos y en algunos casos hacia la comunidad (como cuando hacemos donaciones).

Hay implícito en cada obligación un deseo de llegar “al fin” y cumplirla. Algunas obligaciones tomarán poco tiempo, otras mucho tiempo, y otras hasta trascenderán nuestras propias vidas (la herencia, como ejemplo). Pero todas podrán ser descritas con una línea de tiempo (¿Cuándo pretendo alcanzar la meta?), y tendrán un valor monetario para llegar a su fin (¿Cuánto me costará?) y un cronograma de pagos (¿Debo pagar cada mes, o una vez cada año?).

Quisiera dejar claro a los lectores que no todas las líneas de tiempo ni todos los valores pueden ser calculados con precisión de 100%.

Los gastos con las escuelas son previsibles en la línea de tiempo y en los costos aproximados. Los gastos médicos no lo son. La hipoteca o alquiler son conocidos, pero los gastos de viajes no son tan claros hasta que no decidamos a dónde vamos y cuando los realizaremos.

Es importante dejar claro que el hecho de que no todo sea perfectamente previsible no invalida la necesidad de “pensar financieramente” en relación a todos ellos (tanto los “reales o más urgentes” como los “emocionales”) para que la gran mayoría de ellos puedan ser realizados en el transcurso de nuestras vidas.

Al pensar financieramente nos estaremos ayudando a ordenar todas estas metas de una forma lógica y lo más eficiente posible.

En el próximo artículo de la serie compartiremos sugerencias de un método para definir las metas y ordenarlas.

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