Trump, Europa, la Otan y una fuerte alianza transatlántica

Trump, Europa, la Otan y una fuerte alianza transatlántica

Los líderes de la Unión Europea (UE) aprobaron un documento en junio que delineaba los principios, objetivos e instrumentos de la política exterior y de seguridad del bloque. En este primer intento en 13 años para codificar la estrategia global de la UE, los líderes destacaron las relaciones económicas, políticas y militares entre Estados Unidos (EE.UU.) y la UE. “Seguiremos profundizando nuestra relación transatlántica y nuestra asociación con la Organización del Tratado del Atlántico Norte (Otan)”, afirmó el documento.

Siete meses más tarde, estas afirmaciones tal vez puedan parecer irrelevantes conforme la administración Trump golpea los supuestos estratégicos de Europa como una bola de demolición haciendo destrozos a través del Atlántico. Los instintos de “EE.UU. primero” de Donald Trump, su tibio compromiso con la Otan y su pobre opinión de la UE indican que el presidente está desafiando los principios fundamentales de la política exterior estadounidense de una manera que hubiera horrorizado a todos sus predecesores desde Harry Truman.

Por lo tanto los líderes de Europa deben preguntarse cómo pueden proteger la paz, la prosperidad y el pluralismo político en su continente. Es alentador que hayan comenzado este proceso después del voto del Reino Unido en junio para dejar la UE —en sí mismo un duro golpe para la unidad europea— y que hayan intensificado sus esfuerzos después de la elección del señor Trump en noviembre.

No hay tiempo que perder. Un buen punto de partida para esta importante reevaluación es la carta que escribió Donald Tusk, el presidente del consejo de la UE, la cual fue enviada el martes a los demás líderes. Él observó que por primera vez en la historia de 60 años del bloque, las principales potencias mundiales —China, Rusia y ahora, sorprendentemente, la nueva administración en Washington— se han mostrado abiertamente antieuropeos o al menos escépticos con respecto a Europa. Pero también afirmó, y con razón, que Europa no debe “rendirse ante aquellos que buscan debilitar o invalidar el vínculo transatlántico, sin el cual el orden y la paz global no pueden sobrevivir”.

Como implica el señor Tusk, éste no es el momento para abandonar la relación entre EE.UU. y Europa, y especialmente la Otan. La UE debe utilizar toda su influencia en Washington para persuadir a los internacionalistas en la administración Trump, en el Congreso y en el círculo de los líderes de opinión, que la alianza militar occidental proporciona beneficios para ambos lados del Atlántico. Este argumento fue respaldado esta recientemente por la llegada de tropas y armamento estadounidenses en el Báltico, bajo una iniciativa para fortalecer el flanco oriental de la Otan.

Sin embargo, ha llegado el momento para que Europa asuma mayor responsabilidad con respecto a su propia seguridad. Europa ha dependido tanto de la protección de EE.UU. desde el inicio de la Guerra Fría que carece de una cultura de pensamiento estratégico independiente. La impaciencia de EE.UU. con respecto a los bajos gastos de defensa de Europa es completamente justificable. El gasto total en 2015 correspondió a 85,5% de los niveles antes de la crisis en 2007.

Los gobiernos deben eliminar la ineficiencia causada por la duplicación de capacidades, las brechas tecnológicas y la falta de sistemas de defensa interoperables. Cerca de 80% de la contratación y adquisición de defensa se realiza a nivel nacional. Actualmente existen menos programas colaborativos de defensa europeos que hace 20 años. La UE tiene 154 tipos de sistemas de armamentos; EE.UU. tiene 27. Todo esto debe cambiar para que los escépticos en Washington realmente puedan considerar a Europa como un socio en materia de defensa. El Reino Unido debe apoyar los esfuerzos europeos en esta área.

Europa debe esforzarse para estabilizar su vecindario inmediato, especialmente los Balcanes Occidentales y los estados post-soviéticos en Europa Oriental y África del Norte. También debe establecer una política de asilo de refugiados y migrantes coherente para controlar sus fronteras externas y proporcionar vías para la inmigración legal, si no Europa seguirá enmarañada en disputas que debilitarán su fortaleza y su moral. En el ámbito diplomático, la UE debe balancear sus relaciones con Washington y colaborar más estrechamente con amigos y socios en Australia, Canadá, India, Japón y América Latina.

Conforme los líderes europeos navegan las aguas turbulentas de un alterado orden mundial, deben evitar la ambición imprudente y no aceptar automáticamente la integración por su propio bien. Europa aún está lejos de poder asegurar su propia seguridad. Pero sí puede y debe valerse por sí misma cada vez más con la intención de preservar el vínculo transatlántico.

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Financial Times

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