Un rival inesperado

Un rival inesperado

CASTRO-OBAMA

Hace algunos años, cuando Cuba inició la construcción de la Zona Especial de Desarrollo de Mariel (Zedm) a un costo de $700 millones, consulté a algunos especialistas en temas logísticos sobre la posibilidad de que ese país se convirtiera en un competidor para la plataforma logística panameña. En ese momento algunos de los consultados opinaron que eso no era factible tomando en cuenta que Panamá no solo contaba con el Canal de Panamá (en expansión), sino también con uno de los principales complejos portuarios del continente.

Sin embargo, y para ser honesto, en ese momento ni mi persona ni los consultados que así pensaban tenían la menor idea de que Cuba y Estados Unidos (EE.UU.) habrían de reestablecer sus relaciones diplomáticas y buscarían diversos caminos para facilitar su comercio bilateral, incluyendo el reinicio de los vuelos directos entre ambas naciones y la autorización para el uso del dólar estadounidense en la isla.

Es más, seguramente ni siquiera tras el estrechón de manos de los presidente Barack Obama y Raúl Castro durante la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado celebrada el año pasado en nuestro país nadie imaginó que el mandatario estadounidense visitaría Cuba.

Y la realidad es que este fin de semana Obama hizo historia al convertirse en el primer presidente estadounidense en funciones en visitar la isla desde hace casi 90 años y el primero que lo hace desde la imposición del embargo o bloque económico (cada país lo llama de forma distinta) por parte de su país luego de la nacionalización de las empresas estadounidenses por parte del gobierno cubano encabezado en ese momento por el comandante Fidel Castro Ruz.

Sin embargo, este acercamiento entre Cuba y EE.UU. sin duda alguna tendrá impacto en la economía de la región, no importa si esto nos agrada o no, y lo que me preocupa es que las autoridades del país no parecen estar al tanto del riesgo que representa una economía cubana abierta a la inversión extranjera y especialmente a la estadounidense.

El principal peligro es para el sector turismo. Basta recordar que Cuba recibió el año pasado 3,5 millones de turistas para imaginarse cuánto más podría crecer esa cifra en una isla del Caribe, que cuenta con playas de arena blanca y mar turquesa como Varadero o Cayo Coco, pero hay otras actividades económicas que también podrían verse afectadas si Cuba se convierte en un jugador importante en la economía regional, como lo fue antes de 1959.

Ya se habla de inversiones en el sector industrial, la primera de ellas es una planta para la producción de equipos agrícolas de pequeño tamaño dirigido a promover la producción de alimentos y de varias empresas dedicadas al procesamiento de alimentos interesadas en colocar sus productos en la isla y otros países de la región. También se habla de fuertes inversiones en telecomunicaciones, para aprovechar los cables de fibra óptica que atraviesan los mares de la isla.

Por ello no me extrañaría que algunas empresas estadounidenses dedicadas a las actividades marítimas y logísticas también vean en Cuba la oportunidad de aprovechar parte de la carga y los negocios que se generarán con la apertura del Canal ampliado y opten por instalarse en la Zedm o en el recién remodelado puerto de Santiago. Claro, podríamos cerrar los ojos y fingir que no pasa nada, pero la verdad es que Panamá y el resto de los países de la región ahora enfrentamos a un rival inesperado.

Hitler Cigarruista
hcigarruista@capital.com.pa
Capital Financiero

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