Un sistema en el límite

Un sistema en el límite

ENERGIA HIDRO

Todos debemos poner de nuestra parte para ahorrar energía ahora y evitar un apagón después.

Pocas veces en la historia del país un fenómeno natural ha sido anunciado con tanta anticipación como el del Niño. Desde hace meses el alza de las temperaturas en las aguas del océano Pacífico despertó el interés de los científicos que advirtieron sus efectos para Colombia, consistentes en una fuerte disminución del régimen de lluvias.

A raíz de las alertas se empezó a mirar nuestro nivel de preparación en diferentes áreas. Una de las que más recibieron atención fue la capacidad del sistema interconectado de abastecer la demanda de energía, pues este se apoya en forma mayoritaria en hidroeléctricas, que dependen de la cantidad de agua disponible.

A partir de ese momento comenzó una labor de exigirles a las plantas térmicas que funcionan con carbón, gas o combustibles líquidos un aporte mucho mayor del usual. En su momento el asunto generó no pocas polémicas debido a las pérdidas en que debían incurrir las compañías del ramo, siendo necesario intervenir una de ellas.

Más allá de ese debate, para finales de enero las cosas se veían relativamente bien. Así lo comprobaba el nivel de los embalses, superior al 50%, una proporción mayor que la vista en la sequía de 1997 y 1998 y más del doble que la observada durante el racionamiento de 1992. Aparte de ello, las termoeléctricas habían elevado su participación a más del 45% de la oferta diaria, aumentando la confiabilidad del suministro.

Todo cambió, sin embargo, a mediados de febrero, cuando un incendio consumió un grupo de cables fundamentales para la operación de la central de Guatapé, ubicada en el departamento de Antioquia. El daño no solo sacó de circulación a una instalación importante, sino que dejó atrapada el agua existente en la represa del Peñol, cuyas descargas alimentan a otras hidroeléctricas ubicadas más abajo y que forman parte de la cadena de generación más importante del territorio nacional.

En el mejor de los casos, el arreglo tardará un par de meses y el retorno de las unidades paradas se dará solo en forma gradual. Debido a ello, el riesgo de imponer cortes de luz puntuales ha aumentado, si las lluvias no regresan más temprano que tarde. Lo anterior se complica aún más con la salida temporal de una planta térmica que quedaría reparada antes de que termine marzo, pero cuya avería sucede en muy mal momento.

En conclusión, el sistema energético está en el límite de sus capacidades. Con razón, la Contraloría General advirtió un par de días atrás que no hay margen para más tropiezos, pues si estos ocurren sería obligatorio un racionamiento. A su vez, el Gobierno confía en que no será necesario llegar a ese extremo, pues todavía hay con qué responder, a menos que surjan complicaciones inesperadas.

Sea como sea, no se puede ser indiferente a la situación. Si de disminuir la probabilidad de un racionamiento se trata, hay que moderar la demanda, lo cual compromete a empresas y gente del común con el propósito de ahorrar energía, aparte de los estímulos anunciados. Como en el juego de la perinola, todos debemos poner de nuestra parte y oprimir el interruptor voluntariamente para que un apagón no sea obligatorio después.

Editorial del diario El Tiempo de Bogotá, Colombia, del viernes 4 de marzo de 2016.

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