Venezuela: Vira o se estrella

Venezuela: Vira o se estrella

People walk at the refrigerated foods section inside a Makro supermarket in Caracas January 9, 2015.  Lines are swelling at Venezuelan supermarkets, with some shoppers showing up before dawn in search of products ranging from chicken to laundry detergent, as a holiday slowdown in deliveries sharpened the nation's nagging product shortages. Queues snaked around the block at grocery stores and pharmacies around the country on Friday, with consumers in some cases gathering before dawn under the gaze of National Guard troops posted to maintain order. REUTERS/Jorge Silva (VENEZUELA - Tags: POLITICS BUSINESS SOCIETY)

Venezuela navega rumbo a una tormenta perfecta. Una economía en crisis, un Gobierno en rebeldía ante una Asamblea Nacional aplastantemente opositora, un petróleo en picada que merma sus ingresos gravemente, y con exiguas reservas internacionales para hacer frente a las exigencias de su creciente deuda externa, todo se junta y presagia un año 2016 fatal, casi literalmente hablando. La revolución hizo metástasis, al parecer.

El 2015 dejó al país y a muchos en ruinas. Aunque el Banco Central de Venezuela no publica cifras de inflación desde Diciembre del 2014, se coló a la prensa nacional que el Índice Nacional de Precios al Consumidor (Inpc) habría alcanzado 271% en 2015. Aunque el bolívar se mantiene artificialmente sobrevaluado en 6,30 por $1,00, la cotización en la calle alcanzó 150 veces más, cerrando sobre los 850 bolívares por $1,00 y devaluándose desde junio casi un 500%. El desabastecimiento en anaqueles alcanzó cifras de guerra, guerra económica como dice el presidente Nicolás Maduro, que todo se lo achaca a la oligarquía, la oposición y a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés). El alimento para bebés, por ejemplo, no se consigue en 92% de los casos, y así, sobre el 80% de escasez se encuentran las harinas, la leche, los lubricantes y casi la mitad de los bienes más esenciales, lo que causa inmensas filas afuera de los supermercados y farmacias, ventas de repuestos y otros comercios. Los cálculos del Fondo Monetario Internacional (FMI) indican que la economía caería un 10%.  Dos años de gobierno, dos años en recesión.

Venezuela: Un país de anaqueles vacíos

No en vano, el electorado dio a la oposición carta blanca, con una mayoría del 66,8% de los diputados a la Asamblea Nacional el 6 de diciembre. Pero Maduro no da su brazo a torcer e insiste en radicalizar la revolución y apretar los controles que ahogan a la economía, nombrando a un vicepresidente para la Economía quien dice que la inflación no existe y que si los controles no funcionan, hay que ajustarlos pero no eliminarlos. O sea, si la medicina no surte efecto, hay que tomar más, aunque sea contraindicada.

Así encara el 2016 Venezuela, sumida en una crisis económica sin precedentes y en medio de una pugna política que solo puede llevar a una cosa, una salida poco airosa entre tanta protesta social y con una criminalidad que alcanza, como la inflación, los primeros lugares del mundo. Hugo Chávez contó con un petróleo sobre $100 el barril, pero Maduro, menos apto, además, sufre los embates de un crudo a $27,87 por barril.

A ese precio, las exportaciones venezolanas, híperdependientes del oro negro, generarían en 2016 unos $18.000 millones, eso es, si Cuba y Petrocaribe pagaran sus cuentas al día y al contado, y si China no se llevara una buena tajada, sobre 500.000 barriles diarios para cubrir la billonaria hipoteca que dejó el comandante. Los vencimientos de deuda superan los $10.300 millones, lo que le deja al país un saldo menor a los $8.000 millones para cubrir las importaciones que a pesar de los esfuerzos no deben bajar de los $31.000 millones, aún con nuevos recortes. La brecha de divisas sería de $23 millardos, y la deuda aumenta, incluyendo lo que se le debe a los exportadores de la Zona Libre de Colón.

Si ante el compromiso de la deuda externa, para cumplir, el Banco Central de Venezuela quemara las Reservas Internacionales, hoy en $16.600 millones, el cambio paralelo, es decir, el mercado negro del dólar, en el cual muchos dependen para importar, se dispararía al infinito. Y si el Gobierno de Maduro optara por el default, como presagia Wall Street, el país caería en una crisis humanitaria sin precedentes.

Ahora, súmesele una debacle petrolera, y tenemos la tormenta perfecta. Los países desarrollados han acumulado inventarios gracias a los bajos precios, y están al 90% de su capacidad de almacenaje, dijo Eulogio Del Pino, ministro de Energía y presidente de Petróleos de Venezuela, S.A. (Pdvsa). Estados Unidos (EE.UU.) inunda el mercado con nuevas exportaciones que se suman al torrente iraní para forzar más a la baja. Si el mundo frenara sus compras, al colmar sus tanques, con una Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) en pugna interna y contra Rusia, el precio del crudo se desplomaría.

Solo basta imaginarse a una Venezuela sin ingresos petroleros suficientes para mantener los exigentes y por demás populistas programas sociales e importaciones, quemando reservas para pagar la deuda o cayendo en default, con un Gobierno en rebeldía ante una Asamblea Nacional opositora para advertir a viva voz cuando veas las barbas de tu vecino arder, pon las tuyas en remojo más si te debe plata. 

Francisco J. Quevedo
Economista, MBA y ABD
Presidente de QPP & Asociados, S.A.

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