2017: Un año complejo para la economía panameña

Tal como ya hemos afirmado con anterioridad, desde el  año 2002, la económica panameña entró en un ciclo expansivo de larga duración que hasta el 2013 registro una tasa de crecimiento promedio de 7,2% anual. Este dinamismo disminuye a partir del 2014 como producto del frenazo de la economía de China, los efectos económicos adversos de la situación política de Venezuela, las barreras proteccionistas promulgadas por Colombia contra la Zona Libre de Colón (ZLC) y en general, por la disminución del dinamismo económico de América Latina que continúa hasta el presente.

A lo anterior se sumarán algunas medidas que serán ejecutadas por el futuro gobierno de Donald Trump como la drástica reducción de impuestos de sociedades del 35% al 15% conjugada con una amnistía impositiva para los fondos repatriados. A esto se agrega el alza de las tasas de interés por parte de la Reserva Federal se Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés) ejecutada el 15 de diciembre de 2016 y que continuará en el transcurso del 2017. Se espera que con estas medidas cerca $2,5 millones de millones regresarán a Estados Unidos (EE.UU.). Es decir, tal como sucedió en la primera mitad de 1980, EE.UU. se convierte en el principal foco para la inversión nacional y extranjera a nivel global.

Otra consecuencia de las medidas económicas del futuro gobierno de Trump es que catalizará el alza de los precios del petróleo, lo que nuevamente encarecerá los precios de los  combustibles fósiles. Esto afectará negativamente los flujos de capitales hacia los mercados emergentes por lo que es de esperarse una disminución de la inversión extranjera hacia Panamá. El alza de las tasas de interés elevará el monto de la deuda externa de los países de América Latina, incrementará las tasas de interés de los créditos locales y empujará aún más al alza los precios de los derivados del petróleo. Esto generará un proceso de inflación de costos en la economía panameña.

Este escenario de la economía internacional y que tendrá efectos desfavorables sobre Panamá delata los problemas estructurales de la economía panameña. Con un 82% de la actividad económica centrado en el sector terciario es muy propensa a las oscilaciones  de la economía mundial. A lo anterior la evolución del comercio mundial crece a una tasa equivalente al producto mundial lo que se refleja en la disminución de los tráficos por el Canal de Panamá.

Nuestro sistema mono productor de servicios provoca que Panamá registre los fenómenos derivados de la denominada Enfermedad Holandesa. Este concepto acuñado por la Revista The Economist en la década de 1960 cuando se descubrieron grandes yacimientos de gas natural en el Mar del Norte, lo que generó un enorme flujo de divisas hacia Holanda, lo que provocó la apreciación del florín, moneda nacional holandesa, provocando la pérdida de competitividad de los sectores no petroleros de la economía.

En el caso de Panamá, que es una economía abierta y dolarizada, el flujo de divisas se concentra en las actividades del sector terciario, lo que provoca la disminución de la participación de los sectores primario y secundario en la actividad económica. Consideramos que esta exagerada especialización en el sector terciario no solo no se justifica, sino que no es realista, pues países como Suiza, Luxemburgo y Singapur tienen una economía terciaria muy desarrollada, pero que complementan con actividades agrícolas e industriales lo que actúa como una valla de seguridad que les permite enfrentar situaciones adversas de la economía internacional.

Es necesario recalcar que Panamá es básicamente una plataforma de servicios para América Latina y el Caribe y, que esta región sigue siendo una economía exportadora de materias primas y los precios de las mismas han registrado una considerable baja en los últimos años.

Consideramos que la tasa de crecimiento de la economía panameña seguirá perdiendo dinamismo en el transcurso del 2017, precisamente por las condiciones adversas que registra la economía mundial. Según un boletín publicado en septiembre por la Organización Mundial de Comercio (OMC) para el 2016 el comercio mundial crecería a una tasa de 1,7% y que para el 2017 se proyectaba una tasa de 1,8% al 3,1%. Si el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) mundial se sitúa en un 2,2% en 2016, como está previsto, el ritmo de crecimiento del comercio y la producción este año sería el más lento desde la crisis financiera de 2009.

Es decir, el dinamismo del comercio mundial para el 2016 está por debajo del PIB mundial y es probable que dicha evolución se mantenga para el 2017, lo que tendrá efectos indeseables sobre la economía panameña.

Miguel Ramos
Economista

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