4 reglas para la excelencia en las personas (no confundir con ser perfecto)

4 reglas para la excelencia en las personas (no confundir con ser perfecto)
En las empresas siempre hay personas excelentes que, por lo general, logran llegar muy alto en sus carreras profesionales.| Archivo

Hay una realidad: Cuando una persona se destaca en determinados ámbitos de su vida se debe a que confluyen una serie de factores que logran que sea considerada especial en algo, sin importar en qué. Su don, su talento, su fuerza, empuje y optimismo, son algunos de ellos.

Un aspecto nada menor es el de la búsqueda permanente de la excelencia, a la que no hay que confundir con perfección -que no existe en este plano de existencia humana-.

La excelencia es la cualidad superior en algo, por ejemplo, en aquello se hace muy bien, en forma sobresaliente, por ejemplo, en su estilo distinguible desde lejos; en el alcance y profundidad al asumir compromisos y asuntos, y en el brillo que surge cuando está presente. Cuando se la sostiene en el tiempo y se la convierte en un hábito, es justamente la repetición de ese conjunto de hábitos de donde surge el perfil de persona reconocida por sus méritos y por sus cualidades distintivas.

Lo más notable es que casi siempre logran transformar la excelencia en el hacer y en su sentir interno en un estilo de vida. Seguramente conoces personas muy buenas en su profesión o en su desempeño cotidiano; y, sin embargo, no rozan la excelencia, porque por diferentes motivos no están dando lo máximo permanentemente; quizás lo hagan de vez en cuando.

  • Cómo ser una persona excelente

Una definición de excelencia es hacer lo mejor posible al máximo nivel con los recursos disponibles. Es obtener la más alta calidad en todo lo que se hace, todo el tiempo.

Tener excelencia implica, también, ser excelente como persona. No les vale hacerlo a medias, postergar, dejar las cosas por la mitad, decir “me da igual”. Asumen un compromiso tan fuerte con lo que sienten, piensan, dicen y hacen, que es notable la calidad superior del resultado final que obtienen permanentemente.

Si quisieras empezar a funcionar con excelencia en cualquier ámbito (personal, profesional, relaciones, comunicación interpersonal, etcétera) estas cuatro reglas pueden servir de guía:

Hacen siempre el máximo de lo que pueden dar. Las personas excelentes tienen como lema no hacer las cosas a medias. Usualmente deciden no encarar un proyecto si no están seguros de poder hacerlo. Saben pedir disculpas; son puntillosos con los detalles; cuidan todo el proceso en el que están involucrados y pueden mantenerse enfocados por largos períodos para garantizar que todo salga excelente (no necesariamente perfecto).

Cumplen siempre con su palabra. Otra característica resonante es que siempre y bajo toda circunstancia cumplen con la palabra que han dado. Si dicen que “sí”, es “sí”, y ten por seguro que harán su mayor esfuerzo por alcanzar y hasta superar los objetivos planteados. Difícilmente no puedas confiar en una persona excelente, porque es extremadamente cuidadosa al asumir desafíos: los mide de antemano; los toma como un reto a superar a partir del aprendizaje continuo. Su nivel de compromiso es muy alto en todo lo que se proponen: por eso llegan muy lejos y son dignos de confianza por parte de los demás.

Son extremadamente enfocados. La cualidad del foco y mantener la atención por más tiempo que el promedio habitual también los caracteriza en forma sobresaliente. Se diría que hasta llegan a tener tal nivel de enfoque en lo que tienen entre manos que, como lo asumen y sienten tan profundamente, el tiempo suele pasar volando. Pueden ser multi tarea sin problemas, aunque prefieren desafíos mayores, que les permita sostener un nivel alto de energía concentrada en algo específico que los mueva desde adentro.

Tienen disciplina en todo lo que hacen. Esta cuarta regla es un mantra, un lema permanente en las personas excelentes. Son extremadamente disciplinados: llegan a tiempo, no dejan esperando a los demás, son asertivos en su comunicación y, si lo prometen, lo cumplen como sea. Se entrenan en ser mejores cada vez, y lejos de sentirlo como una obligación o una carga extra, lo viven con naturalidad y espontaneidad: es su forma de ser y de concebir las cosas.

En las empresas siempre hay personas excelentes que, por lo general, logran llegar muy alto en sus carreras profesionales. No necesariamente lo hacen a costa del estrés, sino que, por el contrario, al ser enfocados y disciplinados han aprendido a balancear su vida personal y laboral. Lo que sí es factible es que este tipo de personalidades generen cierta rivalidad y envidia en aquellos que no le llegan ni a los talones. Como generalmente deben convivir con este tipo de personas, refuerzan su talento para la excelencia, y se mueven aplicando su habilidad de liderazgo, posición para la que son observados y buscados en las empresas por su alto nivel de auto superación.

Ser excelente es un rasgo que se puede entrenar y adquirir; se desarrolla en base a la práctica y a modelar a estas personas que, desde afuera, parecen un poco auto exigentes; aunque, por dentro, en verdad, lo que hacen es llevar adelante su auto disciplina para obtener resultados mejores cada día. Y esto es lo que los hace distinguirse de la mayoría.

La pluma invitada de ElCapitalFinanciero.com es:

 

Daniel Colombo

Facilitador, Máster Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos; comunicador profesional; conferencista internacional y autor de 28 libros.

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