Pena de muerte?

Pena de muerte?

 

 

Hitler Cigarruista

hcigarruista@capital.com.pa

Editor

 

A pesar de tener una formación ideológica profundamente humanista, siempre he tenido una visión bastante pragmática sobre el tema de la pena de muerte. Esto significa que he llegado a admitir que en algunos casos es necesario aplicar este tipo de sanción extrema. Sin embargo, debo confesar que evidentemente Panamá no está preparado para aplicar este tipo de sanciones de forma justa y equitativa.

Y digo de forma justa y equitativa porque sin duda la propuesta del diputado Marcos González, de ejecutar a aquellos delincuentes que hayan perpetrado crímenes graves, además de ser a todas luces politiquera, en las condiciones actuales sólo terminaría aplicándose a personas pobres.

Existen estudios de la Defensoría del Pueblo que demuestran de forma contundente que la mayoría de las personas que se encuentran en nuestras cárceles son jóvenes pobres, lo que evidencia que en nuestro país existe un sistema judicial clasista, en el que las personas de origen humilde tienen pocas oportunidades de una legítima defensa ya que sus posibilidad de contratar un buen abogado son más que limitadas. 

Mientras que aquellos con dinero suficiente para pagar una buena defensa prácticamente no pisan las cárceles o terminan viviendo en celdas más lujosas que una vivienda promedio, como fue en el caso de David Viiteri.

Además, considero que para aplicar de forma justa y equitativa la pena de muerte hay que hacer amplias modificaciones al Código Penal, toda vez que, a mi juicio, esta sanción también debe aplicarse a los funcionarios públicos que incurren en actos de corrupción como peculado, tráfico de influencia y conflicto de interese, a los traficantes de drogas, a los lavadores de dineros provenientes del tráfico de droga o de peculado, a los funcionarios públicos que por negligancia generen la muerte de cualquier ciudadano, ya sea en los hospitales públicos o en el sistema de transporte público, y para todas aquellas personas que no pueden demostrar el origen lícito de los bienes que poseen, delitos que a mi juicio son tan atroces como quitarle la vida a otra persona por encargo.

Así se aplica la pena de muerte en China, por ejemplo. Allá no sólo los delincuentes que cometen crímenes atroces son privados del derecho a la vida, sino también cualquier funcionario que atente contra las arcas públicas, la salud de la población o la estabilidad financiera del país.

No sé si el diputado González se atreva a promover la pena de muerte si esta se aplica para los delitos que yo he enumerado en este artículo, lo que sí sé, es que si él insiste en aplicarla a los delincuentes comunes y no a todo los delitos atroces que se registran en el país aquí seguirá ardiendo Troya.

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