Competitividad y pobreza

Competitividad y pobreza

Hitler Cigarruista

hcigarruista@capital.com.pa

Editor

Una vez más Panamá sorprende a todos al ubicarse entre los 50 países más competitivos del mundo, tras escalar cuatro posiciones y ubicarse en el puesto número 49 del Índice de Competitividad elaborado por el Foro Económico Mundial, que mide diversos factores indispensables para alcanzar el desarrollo económico en 142 países.

Panamá se ubicó entre los diez mejores países del mundo en los indicadores vinculados a su plataforma de servicios internacionales, como solidez bancaria, suscripciones de teléfonos móviles, calidad de infraestructura portuaria, acceso a servicios financieros, disponibilidad de servicios financieros,  impacto en los negocios de las normas para inversión extranjera y,  como consecuencia de todo ello, también en inversión directa extranjera y transferencia de tecnología.

Y como era de esperarse, el actual Gobierno inmediatemente trató de sacar provecho a este avance. El ministro de Economía y Finanzas, Alberto Vallarino, dijo que la obtención del Grado de Inversión, la salida de las listas grises de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y el plan de inversiones públicas contribuyeron a que el país de destacara en este ranking.

Sin embargo, no se observó ninguna intención de matizar el resultado de este ranking ante una realidad insoslayable: Que todos esos avances no han podido borrar la distancia abismal que separa a ricos y pobres en la sociedad panameña, como consecuencia de la mala distribución de la riqueza.

De poco o nada le sirve al 5,6% de la población panameña, que según las cifras oficiales se encuentra desempleada, y al 41% de la población que forma parte de la economía informal, que el país sea cada vez más competitivo, si esto no se traduce en más oportunidades de empleo fomal y digno, mejores salarios y mejor calidad de vida.

Y es que nuestros gobernantes todavía no han encontrado la fórmula política para que los avances macroeconómicos se traduzcan en mejores precios para los productos de la canasta básica familiar de alimentos, en una mejor calidad de educación pública, en un suministro de energía cada vez más económico y en un sistema de salud seguro, eficiente y eficaz. Y mientras esto sea así, no importa qué tan competitiva sea la economía panameña, aquí seguirá ardiendo Troya.

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