80 Aniversario de la UP: Misión y retos

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Hace 80 años se fundó la Universidad de Panamá (UP), que tuvo como impulso genésico la conciencia de una generación de intelectuales y el empuje de un visionario: El doctor Octavio Méndez Pereira, quien fue su primer rector.

Nació besada por las brisas del Cerro Ancón, cobijada bajo los amplios aleros y tejados del glorioso Instituto Nacional de Panamá, vigilada por las dos esfinges que cuidan la entrada de ese templo del saber, que fue fundado bajo el mandato presidencial del doctor Belisario Porras, un verdadero constructor de instituciones fundamentales para la República de Panamá.

En su octogenaria historia destaca la  formación de 270.000 profesionales.  Y bajo la dirección de rectores y profesores con visión humanista y de largo alcance, ha expandido su presencia a través de 19 facultades, 10 centros regionales, dos extensiones, 35 anexos, 13 institutos, ocho universidades de la tercera edad y el trabajo, 162 carreras, 120 postgrados, 348 laboratorios, 1.110 aulas de clases, 262 edificios y 50 centros de deportes.

Los números de la primera Casa de Estudios Superiores de Panamá muestran un crecimiento significativo en cobertura, comparado a décadas anteriores. La oferta se ha ampliado, además, a todas las regiones. Junto a ello, uno de los mayores logros es la creación del Consejo de Evaluación y Acreditación Universitaria de Panamá (Coneaupa) bajo la Ley 30 de 2006, con el propósito de evaluar la calidad de las actividades de enseñanza, los procesos de investigación e innovación, la proyección hacia el entorno social y la gestión institucional en las universidades.

Pero si se persigue que la oferta de carreras responda a las necesidades para el desarrollo del país, es necesario que existan programas de capacitación y actualización permanente de todo el personal docente y administrativo y que se incorpore con planificación y fuerte inversión el uso de las tecnologías de la información y la comunicación a la enseñanza.

Fiel servidora de la nación panameña, ha vivido al servicio del pueblo panameño y de la juventud que, efectivamente, ha ido logrando el objetivo de transformar su vida a través del poder de la educación.

Su brillante hoja de desempeño y de servicios en favor de la Nación panameña no debe impedir que admitamos, en esta hora, que nuestra primera casa de estudios superiores vive situaciones que amenazan con afectar su desempeño.

La primera y gravísima amenaza consiste en que el material humano que recibe la UP, procedente del sistema educativo público, en su gran mayoría, muestra graves deficiencias que dificultan su formación académica.

Estos estudiantes exhiben un bajo nivel de comprensión de lectura, graves deficiencias en la ejecución de los cálculos matemáticos básicos, un léxico pobre y extremadamente limitado, una ortografía que produce vergüenza y que habla de la profunda y grave crisis en la formación de docentes con calidad académica en Panamá.

La falta de articulación de los contenidos curriculares de la educación media con la educación universitaria, hace que muchos estudiantes, especialmente en las zonas urbanas empobrecidas, las áreas de difícil acceso y en las comarcas indígenas, no aprueben los exámenes de admisión.

Otros elemento que actualmente limita a la UP es su bajo presupuesto, lo que impide la adquisición de equipos y tecnologías que ayuden a mejorar el proceso de enseñanza-aprendizaje mediante el uso de laboratorios y técnicas docentes de primer mundo.

Sin embargo, el país necesita que la UP adquiera una nueva forma de conducir su misión formadora y de gestionar sus conflictos internos; para ello necesitará una conducción visionaria y un profesorado con una formación científico-técnica de primer nivel; una conducción generosa, con una visión científica y humanística de la educación superior, capacitada para conducirla exitosamente al nuevo estadio que la sociedad le reclama.

Sucede que el país cambió y ya no le basta con que la UP esté abierta a todos y tenga una de las matrículas más económica del mundo. Ahora de lo que se trata es de dotar a sus estudiantes de una educación de primer nivel, para que sean capaces de generar nuevos conocimientos, de innovar, para que puedan conducir al país, su país, a superiores metas de desarrollo económico, humano, social y sostenible. No hay otra salida.     

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