Abastecimiento de agua potable y Carnaval

Abastecimiento de agua potable y Carnaval

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Aunque todavía es temprano para hacer un pronóstico preciso, las primeras estimaciones de los meteorólogos indican que este 2016 nuestro país enfrentará una temporada seca extremadamente dura y extensa, debido a los efectos nocivos del Fenómeno de El Niño, por lo que se espera una reducción de entre 50% y 60% de las precipitaciones respecto a los años considerados como normales en materia de lluvias.

Lógicamente, esto podría tener un grave impacto en el abastecimiento de agua no sólo para la producción de energía y las actividades agropecuarias, sino también para el consumo de la población y hasta el funcionamiento del Canal de Panamá.

Una situación que es aún más grave en el llamado Arco Seco del país conformado por las provincias de Coclé, Herrera, Los Santos y parte de la provincia de Veraguas. De hecho, en la provincia de Los Santos de 35 ríos o balnearios existentes 25 está secos o virtualmente secos y ya existen comunidades en que la producción y suministro de agua potable se ha visto afectado por la falta de fuentes de agua cruda para procesar.

Ante esta dura realidad la ciudadanía está a la espera de un pronunciamiento de las autoridades del Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) sobre las medidas que deberá adoptar el país para reducir el despilfarro de agua potable y optimizar el consumo del vital líquido a fin de evitar futuros racionamientos, especialmente en la región metropolitana donde se concentra el grueso de la población del país, porque tal como ha señalado la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá (Cciap) esta es una crisis que solo se mitigará a corto plazo con una cultura de ahorro de todos como consumidores. 

Y es que sin duda es inaceptable que, en un país con envidiable crecimiento como el nuestro, existan cientos de panameños que no reciben el vital líquido, mientras hay quienes lo despilfarran, sin recibir sanciones ejemplares. El consumo irracional e irresponsable de agua potable debe costarle al usuario que incurra en ello. En ese sentido, somos víctimas de una inadecuada conducta ciudadana, de una elevada morosidad de un servicio público por el cual pagamos con un sistema tarifario que no se revisa desde 1983, así como de una red de producción y distribución que, al no modernizarse a la par de la metrópoli, desperdicia más de la mitad del agua potable que se produce. 

Por supuesto, la población también debe tomar conciencia del grave peligro en el que se encuentra el país y puede adoptar, desde ya, algunas medidas para hacer un uso más racional del agua, como dejar de utilizar el agua potable para regar el césped o lavar los autos, recoger agua de lluvia para estos menesteres y limitar el uso de agua potable al baño y para beber, así como reducir el consumo de energía eléctrica para extender el tiempo de vida de los embalses de las hidroeléctricas.

Igualmente, urge que el Gobierno, como lo mencionó el presidente de la República, Juan Carlos Varela en su informe a la Nación, analice y ejecute soluciones a mediano y largo plazo como el embalse en la cuenca de Río Indio, a fin de garantizar el funcionamiento del Canal y el abastecimiento del sector Oeste, así como la incorporación de la reserva del lago Bayano, para el abastecimiento de agua potable del sector Este de la ciudad de Panamá. 

No obstante, debemos admitir que a pesar de lo grave de la situación es poco probable que las autoridades se atrevan a adoptar medidas extremas como la suspensión del Carnaval a fin de evitar el despilfarro del vital líquido en los tradicionales culecos. Comprendemos que el costo político es de una medida como esta es alto, por lo que la mejor opción para que aquellas regiones en donde la sequía es más crítica, y que son en las que con mayor fuerza
se celebra el Carnaval, sería utilizar el agua mar en la mojadera, tal como lo ha propuesto el ministro de Turismo Gustavo Him.

Recordemos que situaciones extremas requieren soluciones innovadoras y el uso de agua de mar sin duda podría evitar la suspensión del Carnaval en muchas comunidades de Azuero en las que la escasez de agua potable ya es un realidad, pero que dependen de esta fiesta para activar sus maltrechas economías, mayormente basadas en la agricultura y la ganadería, actividades que han sido precisamente las más duramente golpeadas por las inclemencias del tiempo.   

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