Aldeas Infantiles SOS Panamá espera por nuestra solidaridad

Aldeas Infantiles SOS Panamá espera por nuestra solidaridad
Aldeas Infantiles SOS Panamá es un hogar que hace la diferencia en niños, niñas y adolescentes en situación de vulnerabilidad| Cortesía

Más de 500 personas, entre niños y jóvenes, integran la gran familia de Aldeas Infantiles SOS Panamá, el hogar grande que ha transformado la vida de muchos y para quienes la generosidad no puede faltar.

Hoy el coronavirus (COVID-19), como una guerra no declarada, ha trastocado la normalidad, pero después de la Segunda Guerra Mundial, salvando las diferencias, más allá de la normalidad, muchas existencias quedaron desgarradas para siempre, entre ellas, las de niños y niñas huérfanos, refugiados en orfelinatos.

Un hombre, el austríaco Herman Gmeiner, entendió que además de cuidados, los niños necesitaban una familia y, con esta filosofía, fundó en 1949 la Aldea Infantil SOS, génesis del movimiento Aldeas Infantiles SOS, con sede en 135 países del mundo, Panamá entre ellos.

Meylín Hernández, directora nacional de la Oficina Nacional Panamá, explica que en el país funcionan desde 1982 en cuatro localidades: Panamá, Penonomé, Colón y David, ofreciendo atención a más de 500 niños, niñas, adolescentes y jóvenes, en cinco tipos de servicios o programas, “pero siempre velando por la protección de sus derechos, especialmente, el de vivir en una familia, que les de amor, seguridad y respeto”.

Una aldea infantil, precisa Hernández, no es un típico orfanato, por el contrario,es una especie de barriada, formada por varias casas, cada una con un grupo de siete niños o hermanos biológicos, al cuidado de una cuidadora, como figura materna, brindándoles no solo cuidados y protección que todo niño necesita, sino también amor y estabilidad emocional.

Los pequeños, por condiciones adversas en sus hogares de origen, deben permanecer en entornos seguros, parecidos a una familia, y esta dimensión le da pleno sentido a la misión de Aldeas Infantiles SOS.

“Actualmente, atendemos aproximadamente a más de 500 niños, niñas, adolescentes y jóvenes en nuestras cuatro localidades, en cinco servicios o programas bajo dos ejes:  Protección y Prevención.

Dentro de los Programas de Protección tenemos:  Acogimiento Familiar, Acogimiento Transitorio y Comunidades Juveniles.  Y en el Programa de Prevención: Reintegro Familiar y Fortalecimiento Familiar Comunitario”, destaca.

Vivir como en casa

Meylín Hernández describe la experiencia de cómo es el día a día de un niño de la institución: “Un niño o niña que vive en Aldeas Infantiles SOS, es un niño igual que el tuyo o el mío. Viven en familia y en comunidad, además de participar activamente de su derecho a la salud, educación, recreación, alimentación y socializando como cualquier otro niño o vecino que conocemos”.

De hecho, de lunes a viernes, en las mañanas, aclarando que es una rutina normal y, no en tiempos de pandemia, van a las escuelas cercanas de la comunidad y, en las tardes, participan de reforzamientos escolares y actividades recreativas como folclore, fútbol, zumba y teatro.  También tienen su hora de parque, muy esperada por todos, incluyendo a las madres cuidadoras.

Aldeas Infantiles cuenta con un equipo de dedicados colaboradores | Cortesía

Los fines de semana la rutina cambia:  Cumplen actividades de grupo, visitas de las familias biológicas, además de organizar y limpiar la casa, “rutina parecida a la de cualquier hogar panameño”, observa Hernández.

“Durante el tiempo que ellos permanecen en nuestra organización, tratamos de brindarles el apoyo que necesitan para que crezcan sintiéndose amados, valorados y seguros… y sobre todo para que vuelvan a confiar…”, detalla.

No es un proceso fácil, explica la directora nacional de la Oficina Nacional Panamá, al señalar que muchos de ellos vienen con muchísimas inseguridades y situaciones que llevan años poder repararlas, pero garantizándoles sus derechos básicos, y dándoles esa seguridad de saber que no están solos .

De hecho, muchos jóvenes que se formaron en Aldeas Infantiles SOS Panamá, hoy son personas que han formado familia y son profesionales bien encaminados.

Cabe señalar que niños y adolescentes son asistidos por un equipo que mueve “el engranaje de Aldeas Infantiles SOS para poder garantizarles que tengan todas las posibilidades de crecer saludables y formarse para continuar su proceso de independencia”, destaca Hernández, quien concede especial protagonismo a las madres cuidadoras, mujeres héroes que ponen alma, desvelos y pasión en el cuidado de estos niños, a quienes tratan como propios, sin distinción en sus sentimientos.

Por otra parte, disponen de un equipo técnico, integrado por psicólogos, trabajadores sociales, educadores sociales y orientadores juveniles, que las apoyan.

También están sumados a esta causa el personal de mantenimiento de las estructuras físicas de las casas y áreas verdes y de manera fundamental el equipo de Oficina Nacional, responsables de buscar apoyos para hacer sostenible la obra.

Más de $3 millones en gastos

Esta familia es grande y sus gastos son similares a los de cualquier hogar, pero multiplicado por 500 personas: Tres comidas, ropa para la escuela, la maleta, los útiles, medicinas para la enfermedad y atención general.

A esta realidad se debe sumar que algunos tienen problemas de salud mental, desnutrición o retraso en el aprendizaje de allí que el apoyo deba ser mayor al habitual.

Los gastos anuales de Aldeas Infantiles SOS Panamá se sitúan por el orden de los $3 millones para el funcionamiento de cuatro Aldeas, con unas 8 a 10 casas y una Oficina Nacional.

De esos $3 millones, detalla Hernández, el 70% proviene de donaciones internacionales de nuestra filial en Europa, cuyos colaboradores reúnen dinero en un fondo común de donaciones de individuos y empresas europeas, para apoyar la gestión de Aldeas Infantiles SOS en otras partes del mundo.

El resto del dinero, “debemos conseguirlo nosotros por medio de nuestra recaudación local, tocando el corazón de muchos panameños y residentes en nuestro país y empresarios, para que nos apoyen”.

De hecho, subraya Hernández, nada de esto pudiera llevarse a cabo sin el apoyo de muchas personas, empresas e instituciones, que entienden que, al no contar con sus familias, la responsabilidad de estos niños, niñas, adolescentes y jóvenes es de todos, por lo que nos apoyan generosamente, mes a mes, para hacer andar a esta organización.

El Gobierno nacional, a través del Ministerio de Desarrollo Social (Mides), aporta el 10% del presupuesto de Aldeas.

Pero hay un elemento a considerar, además de la situación provocada por el COVID-19: La organización global ha pedido a sus filiales ser “autosostenibles” en el horizonte de 2030, solicitud que pone presión en el equipo y obliga a redoblar esfuerzos para no tener que cerrar ningún programa por falta de liquidez.

¿Cómo ayudar y lograr esta meta, incluso antes de 2030? Con aportes recurrentes que dan tranquilidad a futuro.

“Si no es recurrente, igual el aporte es bien recibido claro está, pero siempre tendremos la incertidumbre de saber si el otro mes vamos a poder cubrir los costos o no”, destaca la directora nacional de la Oficina Nacional Panamá.

Alimentos, artículos de higiene personal, medicamentos de salud mental, atenciones y terapias psiquiátricas y psicológicas gratuitas, son, de igual modo, respaldos necesarios para esta gran familia que también es la nuestra por la causa común de la solidaridad.

Apoyar a Aldeas Infantiles SOS Panamá, es ayudar a transformar vidas y empujar  la causa de un mundo mejor.

Violeta Villar Liste
[email protected]
Capital Financiero

 

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