Alianza de gobierno trastadill

Alianza de gobierno trastadill

Jaime Porcell

Investigador de Mercado

 

Una alianza es como los matrimonios, todos tienen conflictos que, la mayoría de las veces, resuelven. Lo que omite el afortunado simil del diputado Alcibiades Vásquez, es que  la sostenibilidad depende de una actitud negociadora de las partes, y que en la superficie no observamos.

Quien crea que la batalla por la presidencia inicia en diciembre 2013 despertará sólo para entender que el tren pasó. Los electores observan con mayor perspicacia las posturas de unos que luego, aspiraran. El voto se decide hoy. La presidencia de la Asamblea se debate en la coyuntura inmediata, en lo mediato, la candidatura presidencial 2014.

Ricardo Martinelli tiene a Juan Carlos Varela como su sombra hasta en los viajes. Apenas el 19 de junio asistieron juntos al juego de futbol de la Roja  en Estados Unidos.  El vice sube y baja en encuestas al son del presidente. Los panameñistas, que lucen demasiado cerca, marcan distancias cuando reclaman incumplimiento de promesa.

En enero 2009, con miras a construir la alianza, Varela y Martinelli negocian la cabeza de la nómina presidencial.  Incluye el compromiso de alternar el dominio de la Asamblea durante cuatro períodos legislativos. Con una cuota de poder minoritaria, no parecen muchos ni fuertes los argumentos para presionar, que se haga buena ninguna de las dos promesas.

Los seguidores de Arnulfo ostentan  de su lado, el reclamo moral hacia un presidente que debiera ser creíble su compromiso al socio menor. El diputado José Blandón arguye que si no se respeta el acuerdo de apoyar a Alcibiades Vázquez a la presidencia del legislativo, apuramos el resquebrajamiento de la alianza. ste no concibe un pacto donde el presidente incumple sin miramientos los compromisos con el aliado menor.

Lo inmutable de la posición de CD, que mantiene su candidato Héctor Aparicio a la presidencia de la Asamblea, deja entrever la falibilidad histórica de toda promesa política. Así, no parece viable la presidencia de Vásquez. En el fondo, la crisis profundiza dudas sobre el futuro de la candidatura presidencial del propio Varela.

La crisis de la alianza no la provoca la negativa de la bancada panameñista a brindar apoyo a la segunda vuelta. Lo que está en la palestra es el músculo de un poder real quien gobierna con los tres órganos y que exige sumisión incondicional. El debate es entre aquel poder  versus algo que llaman dignidad, en un socio minoritario como el panameñista.

Parece evidente, que con el incumplimiento de Cambio Democrático a los panameñistas, la alianza fenece. Cabezas calientes ya contabilizan los nuevos espacios que se abrirían en unos tres ministerios y el municipio capitalino. Bosco terminaría objetado por el Tribunal Electoral, Registro Civil,  la Corte Suprema, ya se verá, y saldría  de la Alcaldía.

Entonces, el 1 de julio, en la elección  de la Junta Directiva de la Asamblea, podríamos estar a la puerta de un nuevo pacto opositor panameñista-PRD. Estos dos adversarios  con experiencia en la lucha en las calles darán que hacer durante los próximos tres años.

Las consecuencias de la ruptura de la alianza serían profundas no sólo para Cambio Democrático. El ex aliado  buscaría revancha de la sacada de tabla. ste conoce intimidades que airear. Sume a unos medios que se darían banquete con cada escándalo.

La ciudadanía bien podría despedir dos años de un país con suficiente gobernabilidad para propiciar una economía que crece de forma vigorosa.

El panameñista da muestras de vitalidad al inscribir 60.000 nuevos adherentes hace apenas unos meses. Sin acceso al presupuesto, de dónde podría satisfacer el apetito de unos recién llegados que esperan, regrese algo más que agradecimientos. Para 2014, la ruptura tendría consecuencias. Del festín del presupuesto, quedaría otra vez en el peladero. Sin Asamblea, alcaldía ni ministerios, el liderazgo de Varela quedaría en riesgo de ser sustituido.

Los ciudadanos miramos con perspicacia el papel de los distintos actores. De romper la alianza juzgaremos como responsables a los líderes.

 

 

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