América Latina: Nuevo año, mismos desafíos

América Latina: Nuevo año, mismos desafíos

2015: Primera contracción económica importante en 15 años 

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Está fuera de toda discusión que 2015 fue un año decepcionante para América Latina. Mucho se ha debatido sobre mercados de materias primas, China, las divisas débiles y sus efectos sobre la región que según las estimaciones de Julius Baer se materializará en una contracción del 1,1% del Producto Interno Bruto (PIB) de este año.

En el frente monetario, el año se caracterizó por aumentos de tasas de interés dispuestos por los bancos centrales – muchos de ellos hacia fines de 2015 – con el objetivo de contener las presiones inflacionarias y apuntalar las divisas, a expensas de un debilitamiento de la actividad eco-nómica.

Un panorama previsible para 2016 en función de las materias primas, dado que los catalizadores de crecimiento de la región se han mantenido prácticamente sin cambios en el tiempo (problemas de crecimiento estructural), las perspectivas económicas para este año están ligadas esencialmente a nuestras previsiones para las materias primas.

En ese sentido, los analistas de Julius Baer prevén que los precios de la energía y los metales continúen en niveles deprimidos, pero no desciendan significativamente desde los niveles actuales – incluso pueden subir ligeramente en casos como el petróleo. Esto significa que el panorama económico no debería ser peor que en 2015, pero tampoco cabe esperar una fuerte recuperación. Prevemos un crecimiento negativo (-1,1%) en América Latina en 2016, para luego recuperarse y entrar en terreno positivo (1,5%) en 2017, aunque por debajo del crecimiento mundial en ambos años.

Es importante tener presente que el pronóstico negativo para este año está muy influenciado por Brasil y su gran magnitud dentro de América Latina. La situación es diferente cuando se analizan los países por separado: Si bien la economía venezolana podría contraerse hasta un 4%, la economía mexicana debería crecer un 3% en 2016, según las previsiones de los analistas de Julius Baer.

Chile y Perú son los países más activos en materia de medidas fiscales contracíclicas, mientras que Brasil no ha tenido más opción que afrontar directamente las consecuencias del mercado de materias primas, debido a su imposibilidad de inyectar estímulo fiscal. Estas diferencias son importantes para evaluar la vulnerabilidad de los países y de las empresas que en ellos operan. Por ejemplo, es más probable que la nueva caída de precios del petróleo en lo que va del año afecte a las cuentas fiscales y corrientes de Colombia, Ecuador, México y Venezuela que a las de Argentina o Uruguay.

Dada la combinación de déficits por cuenta corriente, salidas de capitales y deterioro de las condiciones macro-económicas y del sector empresarial, ha aumentado la preocupación ante la posibilidad  que esté asomando una crisis mucho mayor.

Si bien el crecimiento se está desacelerando, no prevemos una crisis financiera. Nuestra afirmación se apoya en el supuesto que los sectores bancarios no habrán de sufrir problemas extremos de liquidez o de activos. Los bancos normalmente tienen una alta correlación con las economías en las que operan y un crecimiento más moderado naturalmente genera un deterioro en la calidad de los activos. Sin embargo, la mayoría de las economías aún siguen creciendo solo que a un ritmo más lento y los inversionistas pueden esperar presiones sobre sus carteras de préstamos, aunque sin un fuerte deterioro.

En general, creemos que el sector financiero de América Latina está preparado para resistir el entorno en 2016. Los bancos brasileños serán los más afectados pero, pese a su apalancamiento, parecen tener una posición fuerte a juzgar por su rentabilidad, capitalización y calidad de activos. Así pues, JB mantiene su visión  que habrá una desaceleración económica, pero no una crisis financiera en América Latina en 2016.

Financiamiento soberano no se ha encarecido excesivamente, si bien el espacio corporativo está sufriendo la mayor parte de las consecuencias de un entorno externo desfavorable, creemos que la situación de la deuda soberana luce mucho mejor.

Los gobiernos están mucho menos expuestos a pasivos en monedas fuertes y la carga de su deuda no parece ser tan pesada como para algunas empresas.

Sin embargo, sus bonos no han estado inmunes a la caída de las materias primas y, en promedio, los diferenciales prácticamente se han duplicado desde 2013.

¿Qué significa esto para los inversionistas? Desde una perspectiva más amplia, se observa que si bien el financiamiento del Gobierno se ha encarecido, los diferenciales de la mayoría de los países de América Latina se mantienen dentro de niveles razonables, a excepción de Brasil, cuyo costo de financiamiento comienza a parecer insostenible. El acceso continuo al financiamiento en el nivel superior será importante para la liquidez de la región si el entorno externo empeora respecto de las condiciones actuales.

Philippe Preite
CFA, CFTe Investment Specialist
Julius Baer  Investment Panama

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