Ante una situación fiscal desafiante, Latam debe repensar su tributación

Ante una situación fiscal desafiante, Latam debe repensar su tributación
Foro, Perspectivas fiscales Latam: Repensar la tributación, organizado por Capital Financiero y la plataforma tributaria ConnectaxPixabay

Varias ideas compiten, pero se vertebran en la necesidad común de contar con sistemas tributarios sólidos, eficientes, equitativos y transparentes para aportar bienestar a la sociedad.

Durante el foro, Perspectivas fiscales Latam: Repensar la tributación, organizado por Capital Financiero y la plataforma tributaria Connectax, evento moderado por Reynaldo Díaz, expositores de primer nivel hicieron un abordaje actual y en perspectiva de los nuevos escenarios del impuesto.

Hay una coincidencia: los países con sistemas tributarios fuertes prosperan, al contar con recursos para aportar a sus ciudadanos.

Sin embargo, la pandemia pasa factura a América Latina, con un decrecimiento esperado entre 5 y 10 puntos del Producto Interno Bruto (PIB), escenario que hace difícil pensar en una mayor tributación de empresas y ciudadanos, mientras los Gobiernos se debaten entre moratorias o impuestos temporales que terminan convertidos en permanentes, y el futuro intangible del impuesto digital.

Estos temas sobre la mesa fueron abordados por un panel compuesto por cinco expositores:

Susana Bokobo, experta en fiscalidad internacional a nivel mundial, profesora en universidades en España y Estados Unidos, así como asesora externa del Fondo Monetario Internacional (FMI). Desde 2014 ha sido asesora del comité fiscal de las Naciones Unidas.

Ángel Melguizo, vicepresidente de Asuntos Externos y Regulatorios de AT&T Latin America y doctor en Economía Pública por la Universidad Complutense de Madrid. Fue jefe de la Unidad de América Latina y el Caribe del Centro de Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Ronald Evans, Abogado venezolano con Maestría en Leyes y Diploma del Programa de Tributación Internacional de Harvard. Expresidente del capítulo venezolano de la Asociación Fiscal Internacional (IFA). Socio jefe del Departamento de Impuestos de BakerMcKenzie en Venezuela

Alejandro Juárez, director de Capacitación y Formación del Talento Humano del Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (Ciat), licenciado en Pedagogía con estudios de Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México.

José Luis Galíndez, PhD en Derecho de la Universidad París Dauphine. Fue consultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y del Ciat para la implementación del régimen de precios de transferencia en la Dirección General de Ingresos (DGI) de Panamá. Es socio de Galíndez, Medrano & Asociados.

Impuestos, fuente de desarrollo, pero llegó el covid-19

Susana Bokobo abrió el escenario de la discusión al observar que en general, “aquellos países con  un sistema tributario fuerte son los que prosperan porque tienen los recursos para atender las necesidades básicas de los ciudadanos”.

Reflexiona que pagar estos servicios requiere de los recursos que por la vía de los impuestos procederán de empresas y particulares: “Nosotros formamos parte de la solución para que nuestros países salgan adelante”.

Ahora bien, quién paga y dónde paga es parte del dilema, de manera fundamental por la presencia de las empresas tecnológicas que vinieron a cambiar el sentido de presencia física.

Recuerda que el país detonante fue Francia cuando se percató que estas multinacionales sin fronteras (caso de Amazon, Google…) eran fuente de renta, pero no tributaban.

Analiza que la digitalización ha significado cambiar paradigmas, “porque hay una nueva forma de hacer negocios, de obtener rentas y es de manera fundamental con estas empresas tecnológicas”, y esto explica que se comience a pensar qué ocurre con la digitalización y con estas industrias.

Al revisar los alcances de los pilares I y II, contenidos en el Plan de acción contra la erosión de la base imponible y el traslado de beneficios (BEPS, por sus siglas en inglés) de OCDE, observa que de manera general buscan gravar estos servicios que son intangibles (pilar I) o establecer un mínimo de tributación (Pilar 2).

Señaló que hay industrias que por ahora están excluidas de la discusión, como las extractivas, porque tienen una base muy clara.  Sin embargo, con la transición energética entran en el escenario las renovables y también se introduce un cambio y un reto desde la fiscalidad.

En relación con el Pilar II hay también un desafío: ¿Qué ocurre si no hay beneficios? Igual, las empresas deben tener un mínimo a tributar, observa la especialista, quien destacó que se pretende integrar los tributos como un gasto fijo de la empresa.

Anunció que hasta el 14 de diciembre la OCDE abrió una amplia discusión para recoger las propuestas con respecto a ambos pilares y se esperan consensos para 2021.

Reconoce que los pilares entran en conflicto con los conceptos de soberanía y la creación de las políticas fiscales por parte de los Estados, sin embargo, “la globalización es un hecho, así como las micromultinacionales”, otro fenómeno de las empresas pequeñas que buscan competir en el exterior desde sus territorios locales ante la falta de mercados.

Bokobo “visualiza un gran caos” y dentro de esa realidad, a particulares y empresas empujando al Estado para que actúe.

Ángel Melguizo, reconoce, de igual modo, que la tecnología ha venido a introducir cambios fundamentales: “Esto exige repensar, modernizar las reglas, las instituciones y los impuestos que tienen todos los sectores productivos”.

Considera que en esta coyuntura es necesario tener “una aproximación innovadora” y advirtió que no se trata de copiar y replicar los procedimientos del mundo físico en el digital.

Afirma que hay un mensaje sobre la necesidad de una regulación, en la medida de lo posible, global, porque tantas reglas distintas, país por país, puede resultar excelente para los abogados, “pero como economistas,  ciudadanos o clientes, no tiene mucho sentido.  En esta nueva regulación e institucionalidad inteligente sobre la economía digitalizada, ya no se trata de hablar del sector digital, sino de la economía digitalizada”.

Acepta que los impuestos son instrumentos de desarrollo, pero en el caso de América Latina el  escenario se torna difícil, con un decrecimiento de entre 5 y 10 puntos del Producto Interno Bruto (PIB); con reducciones de impuestos para aliviar a las familias y a las empresas, lo cual habla de un 2020 desafiante y un 2021, “de hiperactividad tributaria”.

Latam, en su conjunto, de acuerdo con las cifras aportadas por el experto, ya tenía una recaudación inferior a la de países de Europa y de Asia.

Latam recauda 23% del PIB frente a las naciones OCDE (34%), lo cual refleja “un músculo tributario más débil”.

Por otra parte, las diferencias entre países, hablan de la imposibilidad de una uniformidad tributaria regional. En Latam, sin embargo, la fiscalidad empresaria es alta frente a los países OCDE.

Solo el sector de las telecomunicaciones, soporta una carga tributaria, 50% superior al conjunto de la economía de la región.

Aun cuando reconoce que no es el momento de aumentar impuestos, “el tributo es esencial para afrontar el reto de mitigar los efectos sociales de la pandemia”, dijo.

Se inclina por los consensos y, en el caso de OCDE, que sus esfuerzos lleguen a buen puerto y se evite una guerra tributaria entre países.

Que lo temporal no sea duradero

 Ronald Evans en una visión a largo plazo, advirtió sobre los efectos de los impuestos que se imponen como temporales y terminan quedando en el tiempo, con efectos en las economías.

Han sido los casos de Chile, con el impuesto al patrimonio (a partir de los $22 millones), de Venezuela, con dudas sobre su constitución o de Colombia, sin embargo, mejor estructurado.

En Argentina, afirmó, el “impuesto temporal al patrimonio extranjero” está generando miedo y fuga de capitales.

Este “impuesto temporal” al patrimonio, advierte, lleva implícita una falta de competitividad.

Que lo diga Francia que vivió fugas de capitales por $10,000 millones, el equivalente al 0.05 de su PIB.

Desde esta perspectiva, más que salidas rápidas en tiempos de crisis, el especialista se inclina por lograr sistemas tributarios fuertes.

Esto implica, señala, una administración tributaria autónoma, bien pagada, con sistemas electrónicos, fácil cumplimiento y mantener un sistema que no aleje a los sectores empresariales.

Un ejemplo de este buen hacer tributario es Estonia: solo 5 horas emplea un ciudadano en cumplimiento, contra las 110 horas de otros países. Esto le ha ganado, refiere el especialista, el primer lugar de competitividad en los países de la OCDE.

Evans señala que un sistema tributario sólido debe generar confianza y seguridad jurídica.

Cita el caso de Venezuela, “un ejemplo de la destrucción de la economía, y como no puede haber recaudación si destruyes el mercado”.

Otra tendencia que pide observar es que luego de la pandemia se vivirá una competencia y los capitales vigilarán dónde se crean impuestos improductivos. De manera lógica, allí no irán.

Del otro lado de la balanza, reconoce que también hay incentivos superfluos y entes que no los merecen.

Fallo histórico para Panamá

José Luis Galíndez hizo una aproximación a las perspectiva fiscales en Latam desde la visión de los precios de transferencia que a efectos tributarios, de acuerdo con el Centro Interamericano de Administraciones Tributarias (CIAT), “se basa en el principio de plena competencia” y este principio, a su vez, “establece que los sujetos pasivos están obligados a valorar sus transacciones como si fuesen entidades independientes en circunstancias comparables”.

Observa el CIAT que la mayoría de las legislaciones tributarias se apoyan en este principio para evitar la doble tributación.

Galíndez dijo que estamos en el momento de repensar el principio de plena competencia.

Detalló que informes del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, apuntan que entre el 60% y el 70% de la economía mundial opera a través de comercios transfronterizos o grupos multinacionales y por eso se tiene bajo foco el tema de los precios de transferencia.

Dijo que en el trabajo de la OCDE ha habido un amplio desarrollo de los precios de transferencia y cómo valorar las transacciones entre entidades de un mismo grupo.

Al respecto, hizo referencia a una sentencia histórica que le permitirá a la Dirección General de Impuestos (DGI) de Panamá ingresar sus primeros $13.5 millones de impuesto a pagar por precios de transferencia.

Esto deriva de la resolución del Tribunal Administrativo Tributario (TAT), que confirmó un ajuste de precios de transferencia a una sucursal de una multinacional petrolera, dictamen que “representa el mayor alcance de precios de transferencia a la fecha por ajustes a las compras de combustibles realizadas por un contribuyente con sus partes relacionadas en el exterior”.

El especialista sostiene que vamos a una era de cumplimientos, de acuerdos anticipados y de una relación de confianza entre el fisco y el contribuyente, en un escenario que amerita consensos globales, “de lo contrario, entraremos en la anarquía fiscal”.

Lo digital también es la voz protagonista de estos procesos. Esta crisis, puntualiza, aceleró los modelos de negocios digitales y replantea la atribución de beneficios.

Tendencias del nuevo tiempo

Alejandro Juárez, explicó que la pandemia ha complicado la recaudación y la cobranza. Hay cierta tendencia al no cumplimiento por una perspectiva lógica: Las empresas y los ciudadanos deben decidir si cumplir o comer al día siguiente.

Panamá, junto como países como Bolivia y Guatemala tienen las afectaciones en caídas de ingresos públicos más severas (ver gráfico a continuación).

Por otro lado, no hay consenso sobre cómo gravar la economía digital. Hay ideas y discusión.

La pandemia, además, acentuará la informalidad y ya se esperan 150 millones de personas en condición de pobreza y 40 millones en vulnerabilidad.

En términos de política tributaria vaticina varios escenarios, desde medidas clásicas (ensanchamiento de la base tributaria, impuestos generales al consumo y a la propiedad inmobiliaria) o una imposición no ortodoxa, con reglas de imposición mínima, impuestos a transacciones financieras o a las exportaciones.

Habló también de la “imposición verde”: impuestos digitales o impuestos a la riqueza.

En una mirada a futuro sobre las tendencias que se avecinan del lado de los modelos tributarios, compartió varias ideas:

-Sustitución de las auto declaraciones por las declaraciones pre-llenadas.

-Manejo de grandes bases de datos y decisiones por medio de modelos de gestión de riesgos e inteligencia artificial

-Fuente de información del exterior como práctica corriente

-Procedimientos coordinados como fiscalizaciones conjuntas

-Simplificación de normas y mecanismos de gestión de controversias para resolver asimetrías entre países

-Más cooperación entre todos los niveles de gobierno

Mayores inversiones en el uso de la tecnología de la información.

Punto a favor de Latam: es líder en factura electrónica y ya el CIAT trabaja en un proyecto de software para la gestión del pago del impuesto al consumo (IVA o Itbms) en el marco del pilar 2 de OCDE.

El especialista del CIAT, a modo de reflexión, también advirtió que el nuevo tiempo también nos enfrenta con un concepto que llama la Covidianidad.

En la parte fiscal se expresa en prácticas desleales de comercio asociados al covid-19, que han llevado al decomiso de miles de pruebas o termómetros.

“No hemos visto lo peor”, advierte: “Las buenas señales de la economía no quieren decir que nos vamos a recuperar de la misma manera y a la misma velocidad. Todavía no hemos visto el fondo de esta crisis”.

Violeta Villar Liste
[email protected]
Capital Financiero

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias
PHP Code Snippets Powered By : XYZScripts.com