Así no se llega a ninguna parte

Así no se llega a ninguna parte

No debemos perder de vista el hecho que el complejo portuario de Colón es el más grande del país

manzanillo

Todos comprendemos el estado y sentimiento de frustración que sufren los coloneses. Sabemos que no ha sido fácil ver cómo algunos polos de desarrollo, por ejemplo, la Zona Libre de Colón (ZLC), han generado inmensas riquezas, mientras que en esa ciudad y sus alrededores reina el desempleo, la pobreza, la delincuencia y la marginación.

Sin embargo, la solución a estos problemas no está en establecer un impuesto oneroso e irracional sobre aquellas actividades que cuentan con potencial para crecer y generar miles de empleos para los coloneses, y cuyo desarrollo es vital para que Panamá pueda convertirse en un centro turístico, logístico y de transporte multimodal de talla mundial.

De hecho, actuar como lo han hecho los miembros del Consejo Municipal de Colón, al aprobar un Acuerdo Municipal que establece una tasa en concepto de uso, limpieza y seguridad en las terminales portuarias, aéreas y marítimas en el distrito de Colón, por un monto de $10,00 por pasajero o tripulante que embarque o desembarque en las terminales portuarias establecidas en esa ciudad del Atlántico, es ignorar que para que el país logre sus objetivos en materia logística, debemos mantener una estrategia integral y coherente que promueva la competitividad del país.

De acuerdo con las estimaciones de la Autoridad Marítima de Panamá (AMP) y del Ministerio de Comercio e Industrias (Mici), se espera que Colón reciba, para la temporada de cruceros 2016, que empieza en octubre, alrededor de 175 embarcaciones y en cada una de ellas viajarían más de 2.000 personas, entre pasajeros y tripulantes.  Con el desembarco de la mitad de esa cantidad de personas, en la ciudad de Colón, cada embarcación estaría pagando alrededor de $20.000 ($20 entre desembarque y embarque) y si se multiplica por los 175 cruceros, la cifra final alcanzaría en promedio más de $3,5 millones.

Sin embargo, no debemos perder de vista el hecho que el complejo portuario de Colón es el más grande del país; porque además del puerto de cruceros, Colón cuenta con tres puertos de contenedores (Manzanillo International Terminal (MIT), Colon Container Terminal (CCT) y el puerto de Cristóbal) en los que, además de carga, también desembarca una parte de las tripulaciones de las naves que atracan en el distrito de Colón y que, por tanto, tendrían que pagar la mencionada tasa.

Como es lógico, la actuación del Consejo Municipal de Colón ha generado la inmediata reacción del sector privado, que por vía de un comunicado emitido por la Cámara Marítima de Panamá (CMP), hizo un llamado de urgencia al alcalde de Colón, Federico Policani, para que deje sin efecto el mencionado Acuerdo Municipal; que entraría a regir a finales de este mes de septiembre de 2016.

Pero lo que realmente nos sorprende es que, a estas alturas, las autoridades municipales de Colón no hayan comprendido que el desarrollo de la industria marítima y logística de Panamá depende, en gran parte, del costo total de la ruta y una tasa de $10,00, por cada persona que embarque o desembarque en esa ciudad, obligaría a las líneas navieras y de cruceros a buscar alternativas menos costosas en otros puertos de la región. Es decir, que este impuesto municipal sólo generará pan para hoy y hambre para mañana.

Panamá acaba de convertirse este año en el país con mejor Índice de Desempeño Logístico según un ranking elaborado por el Banco Mundial, ocupando la posición número 40 y superando por primera vez a Chile, pero la historia ha demostrado que el determinismo geográfico ya es cosa del pasado y que contar con un Canal ampliado no es suficiente para que las navieras opten por Panamá a la hora no sólo de trasegar carga, sino también de aprovisionarse de agua, alimento, combustible y otros bienes indispensables para sus travesías o para que las líneas de crucero simplemente nos incluyan en sus listas de destino.

La aplicación arbitraria de una tasa impositiva, por parte del municipio de Colón, podría abrir una verdadera Caja de Pandora al llevar a otras comunas que colindan con el Canal o cuentan con puertos en sus riberas a emular esa acción; sin importar el impacto negativo que esto tendría sobre los esfuerzos que adelanta Panamá, como país, para convertirse en un Centro Logístico de clase mundial.

En todo caso, las autoridades locales de Colón carecen de justificación para aplicar un impuesto tan descabellado, toda vez que en este momento esa provincia es objeto de grandes inversiones públicas y privadas valoradas en más de $3.000 millones (entre las que destacan la planta de Gas Natural Licuado (GNL) de AES Colón, por un valor de $1.200 millones, y la Renovación Urbana de Colón por un monto de $800 millones) inversiones que a la fecha han generado 2.400 plazas de empleo, una cifra que se espera pueda incrementarse hasta superar los 3.500 puestos de trabajo en los próximos años.

La literatura infantil nos informa, con una moraleja que se repite en muchas fábulas instructivas, que uno no mata a la gallina de los huevos de oro, porque se queda sin el animal y la riqueza que dicho animal prodigioso es capaz de producir. Una política tributaria basada en la codicia, la ambición y la arbitrariedad de algunos miopes, puede ser el instrumento que le dé muerte al ave de las riquezas.

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