Ataques de París acaban con la Europa sin fronteras

En principio hay dos soluciones: Reparar el espacio Schengen o regresar a los sistemas nacionales.

Belgian soldiers and police patrol in central Brussels on November 22, 2015, after security was tightened in Belgium following the fatal attacks in Paris. Belgium will keep the highest threat level for Brussels on Monday and will keep the metro as well as schools closed because of a "serious and imminent" threat of coordinated, multiple attacks, the country's prime minister said.  REUTERS/Yves Herman      TPX IMAGES OF THE DAY      - RTX1VB0Q

Una de las consecuencias inevitables del ataque terrorista a París es que Francia necesitará gastar más en seguridad, especialmente en inteligencia, al igual que la mayoría de los estados miembros del espacio Schengen.

Schengen es el término que se refiere a la zona libre en la que se puede viajar sin pasaporte, conformada por 26 países europeos, incluyendo 22 estados de la Unión Europea (UE). Pero tras lo ocurrido el 13 de noviembre en París, quedó claro que la red de seguridad que supuestamente opera en silencio y eficientemente a la sombra de Schengen no está funcionando.

La muerte de Abdelhamid Abaaoud durante una redada policial en el suburbio parisino de Saint-Denis fue un gran éxito a cierto nivel. La policía atrapó al terrorista quien se sospecha de haber coordinado éste y otros ataques. En otro nivel, su muerte fue también un duro golpe. ¿Qué podemos inferir de Schengen si uno de los más buscados criminales del mundo fue capaz de transportarse libremente entre Siria, Francia y Bélgica? Supuestamente esto no era posible.

En principio hay dos arreglos: Reparar Schengen o regresar a los sistemas nacionales. Los dos funcionan. Lo primero sería económicamente eficiente pero difícil de lograr políticamente. Lo segundo es políticamente más fácil de lograr, pero constituiría un gasto de escala macroeconómica para muchos países.

La reparación de Schengen tendría que ir más allá de la poco ambiciosa agenda de los ministros de justicia y del interior, quienes se reunieron para considerar algunas propuestas prácticas. El problema con Schengen es que en unas pocas semanas ha perdido su activo más grande: la confianza de la población. El presidente François Hollande claramente ya no confía en el sistema. ¿Por qué habría reimpuesto los controles fronterizos si no es así?

Para que Schengen recupere la confianza, el control de la frontera común exterior tendría que estar a la altura de los mejores estados miembros, no en el mediocre nivel promedio de la UE. La UE maneja una agencia, Frontex, basada en Varsovia, encargada de coordinar la política y mantener los estándares. Pero, crucialmente, en el espacio de Schengen cada país es responsable de mantener sus propios controles en las fronteras externas. La frontera exterior de Grecia, por ejemplo, es también parte de las fronteras comunes exteriores del espacio Schengen también.

Frontex no tiene los recursos para siquiera hacer su limitado trabajo correctamente, mucho menos para actuar como una unidad de control a nivel federal, que es lo que se necesita realmente. Estados Unidos (EE.UU.) tiene el Servicio de Ciudadanía e Inmigración que forma parte del Departamento de Seguridad Interna y la Guardia Costera, que es una rama de las fuerzas armadas. En Europa dependemos de funcionarios civiles informándose entre sí. O no, como resultó.

La UE intentará remendar Schengen, pero no lo arreglará. ¿Suena familiar? Cuando la crisis de la eurozona inició, unas cuantas valientes medidas pudieron haber arreglado la situación. Pero no había una mayoría política para encontrar una solución a nivel federal para la crisis bancaria y la crisis de la deuda soberana. ¿Por qué los líderes de la UE harían ahora lo correcto para Schengen cuando no lo hicieron para la eurozona?

La alternativa sería permitir que Schengen se marchite, regresar a los sistemas nacionales e implementar los cambios necesarios en casa. Eso es lo que creo que va a suceder. No es una mala opción. Funcionará porque los estados miembros todavía tienen su infraestructura de base en su lugar. Es por supuesto, terriblemente ineficiente que 26 países operen sus propias redes de inteligencia y controlen sus fronteras internas. La longitud de las fronteras alrededor de Francia y Alemania es cerca de 3.000 kilómetros cada una. La frontera terrestre exterior del espacio Schengen es de solamente 8.800 kilómetros. Si Humpty Dumpty se cae, habrá muchos pedazos y muchos bordes salientes. Las fronteras interiores regresarían.

Antes de los ataques, las fronteras interiores eran casi invisibles. En el tren de Bruselas a París, tenías dificultad para notar el cambio de países. En la carretera, un solitario poste fronterizo sería el único recordatorio de que ahí hubo una frontera, seguido de un letrero con el nombre del país, dentro de un círculo con las doce estrellas de la UE. Schengen logró que el distrito de Molenbeek en Bruselas y Saint-Denis al norte de París fueran vecindarios adyacentes. Los terroristas vivían la vida de viajeros suburbanos, viviendo en Bruselas y trabajando en París.

Puesto que no vamos a reparar Schengen, regresemos a los controles fronterizos nacionales. Va a ser muy caro, en especial para Francia, que todavía debe construir un servicio de seguridad doméstica plenamente funcional.

El costo será de una magnitud enorme, capaz de descarrilar cualquier presupuesto y provocará la ira de los exageradamente cautelosos contadores de la eurozona. Francia debería invocar, aunque sea unilateralmente, la cláusula de circunstancia excepcional bajo las normas presupuestarias europeas.

El objetivo primordial debe ser el de preservar uno de los más importantes bienes comunes que la UE puede proporcionar para sus ciudadanos: Un nivel moderno y profesional de seguridad interna. Schengen no puede entregar esto. Pero los estados miembros todavía lo pueden lograr y se les debería permitir hacerlo.

Wolfgang Münchau
Financial Times

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias

Patrocinado por BANCO GENERAL