Ausencia de López Obrador en la cumbre del G-20 fue una oportunidad perdida para México

Ausencia de López Obrador   en la cumbre del G-20 fue una oportunidad perdida para México
México fue una economía cerrada durante gran parte del siglo XX, pero se abrió agresivamente al mundo comenzando en la década de 1980| Archivo

Con temas como el libre comercio, el desarrollo global y una “futura sociedad centrada en el ser humano” en la agenda, la cumbre del G-20 en Japón debió haber sido una prioridad para el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador.

Recién salido de esquivar la amenaza de los aranceles estadounidenses y de haber aprobado un importante acuerdo de libre comercio, el presidente de izquierda pudo haber celebrado el primer aniversario de su aplastante victoria electoral del 1 de julio con esta oportunidad para promover sus pasiones —hacer campaña a favor de la lucha contra la corrupción y contra la pobreza a través del desarrollo— con los más importantes líderes del mundo.

En cambio, el señor López Obrador, a quien le gusta proclamar que “la mejor política exterior es la política interior”, envió una carta.

“Es una oportunidad perdida”, comentó Pamela Starr de la Universidad del Sur de California. “López Obrador ve a México no como una potencia media emergente sino como un país en desarrollo. Como país en desarrollo, no tiene el tiempo ni los recursos para desperdiciarlo en los asuntos globales”, agregó.

México fue una economía cerrada durante gran parte del siglo XX, pero se abrió agresivamente al mundo comenzando en la década de 1980, uniéndose a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde); forjando el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan) con Estados Unidos (EU) y Canadá; y convirtiéndose en miembro del G-20. El aislamiento internacional actualmente podría hacer que el país retrocediera en el tiempo en un momento en el que México ha utilizado la política exterior y el comercio para impulsar el crecimiento económico y ha asumido un papel de liderazgo en cuestiones internacionales claves, como el Cambio Climático.

Asistir a la cumbre del G-20 le hubiera permitido al señor López Obrador impulsar las alianzas internacionales en asuntos de interés claves, incluyendo la migración.

Es posible que otros líderes hubieran estado intrigados por conocer a un hombre del que saben muy poco, que tiene una agenda radical para la segunda economía más grande de Latinoamérica y que, como algunos de ellos, ha sido el blanco de las sanciones comerciales estadounidenses.

Pero él no aprecia la importancia de las alianzas globales en ayudarlo a hacer lo que quiere hacer en el país”, señaló la señora Starr.

Marcelo Ebrard Casaubón, el secretario de Relaciones Exteriores que estuvo en Osaka en lugar de López Obrador, “no tenía la misma posibilidad de explicárselo a los jefes de Estado”, opinó un alto diplomático occidental.

Con la decisión de López Obrador de no asistir, perdimos prestigio, perdimos presencia y quedamos al margen de los asuntos internacionales en los que hemos estado involucrados, incluyendo la migración, indicó Andrés Rozental Gutman, un exsubsecretario de Relaciones Exteriores de México.

El señor Ebrard Casaubón, un experto político multilingüe, ha admitido que le habría encantado que López Obrador asistiera a la reunión en Osaka. Pero eso nunca fue parte de los planes de un presidente con mentalidad parroquial, que conoce a México como la palma de su mano, pero que no ha estado en el extranjero por casi dos años, que no habla inglés, y que parece tener escaso interés en los asuntos globales.

El señor López Obrador, quien critica severamente a las élites empresariales y califica a los conservadores de “cretinos”, evitó ir a Davos a principios de año. A él no le interesan los largos viajes e incluso puso a la venta el avión presidencial como parte de su campaña de “austeridad republicana”.

Pero su decisión, sin embargo, contradice la dependencia de México de otros países: La nación tiene más acuerdos de libre comercio que cualquier otra y, en gran medida, depende de la inversión extranjera y del turismo.

Un excelente ejemplo de ello es el deseo del señor López Obrador de proporcionarles oportunidades a los centroamericanos para evitar que huyan a EU. Los crecientes flujos de migrantes lo llevaron este mes al borde de un conflicto comercial con el presidente de EU, Donald Trump, y lo obligaron a desplegar miles de policías militarizados en una represión fronteriza.

Los gobiernos europeos, de los que México quisiera ayuda para financiar el plan, en principio respaldan la idea, pero quieren ver los detalles de cómo México puede llevarlo a cabo.

Las amenazas arancelarias del señor Trump le han enseñado a México la necesidad de diversificar su economía centrada en EU. Acudir a la reunión en Osaka habría demostrado que México está listo para hacer negocios, y el señor López Obrador “podría haberse presentado como un activista en contra de la corrupción, la cual no es solamente un problema mexicano”, opinó César Villanueva, de la Universidad Iberoamericana de México.

La ausencia del señor López Obrador en la cumbre del G-20 es ciertamente más perjudicial para México que para los otros 19 miembros, sin embargo, representa un problema para otras naciones que buscan aliados en cuestiones multilaterales como la defensa del libre comercio y el Cambio Climático en una época en la que el señor Trump y el Brexit (salida de Gran Bretaña de la Unión Europea) han cambiado las asociaciones tradicionales.

Su ausencia también pudiera perjudicar las posibilidades que México obtenga uno de los 10 escaños no permanentes en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para el período 2021-22 en medio de una intensa frustración en otras capitales latinoamericanas —las cuales anteriormente habían respaldado la candidatura de México— por la negativa del señor López Obrador a involucrarse en la crisis venezolana, comentó el alto diplomático.

Además, llegar al aeropuerto internacional de Kansai le habría brindado al señor López Obrador una oportunidad única para anotarse puntos en su política nacional. El aeropuerto —que fue erigido en una isla artificial especialmente construida para ese propósito y que rebasó su presupuesto— se ha estado hundiendo rápidamente. El señor López Obrador, quien canceló un nuevo aeropuerto de la Ciudad de México de $13,000 millones en el sitio mullido de un antiguo lago, pudiera haber alardeado de su decisión.

Jude Webber
Financial Times

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