Aventura constitucional

Aventura constitucional

Manuel Luna G.
mluna@capital.com.pa
Capital

El país se enfrenta a un delicado reto, reformar la Constitución política del país, un Carta Magna que data de 1972 y que ha sido emparchada en varias ocasiones. En esta oportunidad, se le ha dado la tarea a un denominado Grupo de Notables.
La responsabilidad  de este grupo de ciudadanos es enorme, darle al país lo que podría ser una nueva Constitución no será una tarea fácil y lograr el respaldo de la población suele ser aún  más complicado.
El trabajo no ha empezado, queda todo por hacer, el periodo de consultas se ha dicho será amplío y no será hasta inicio del 2012 cuando se contará con un proyecto redactado.
El país camina a la modernidad y por ende sus normas legales deben ponerse a tono, siempre que la iniciativa vaya dirigida a poner orden y resolver las necesidades de la población, tomando en cuenta que una Constitución es un convenio para garantizar la convivencia pacífica de una sociedad.
Ya Aristóteles definía a la Constitución como un orden instituido por los ciudadanos de un país con el fin de regular la distribución del poder.
Por lo que no puede verse como un acto de un gobierno, sino del pueblo que define el tipo de país en el que quiere convivir. Por eso, al final, la última palabra debe tenerla la población a través del voto y no de un acuerdo entre partidos, como suele ocurrir.
Es enmarcado en las necesidades de la sociedad donde la Comisión de Notables debe elaborar el nuevo documento,  para evitar que al final haya algún tipo de inclinación para  favorecer las aspiraciones de alguna persona o grupo en particular.
En lo que a mí respecta pueden cambiar la Constitución de la A hasta la Z, fue el mensaje que le dio el presidente Martinelli a los encargados de elaborar el nuevo documento y la población espera que esta premisa  sea verdadera, para que los comisionados actúen con  libertad.
Lo que no se ha dicho aún es si se respetará el trabajo de este grupo de ciudadanos, pues en el camino hay temas polémicos como el caso de la reelección presidencial, la selección de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia o el excesivo poder de los presidentes, por mencionar sólo tres.
Lo actuado por los miembros de esta comisión repercutirá en todo el país y más allá de la elaboración de un nuevo orden legal,  puede servir para acercar a los sectores nacionales en torno a un tema de importancia nacional o puede convertirse en un nuevo elemento de discordia.
Habrá que esperar para saber cuál será el final de esta aventura constitucional, en un país donde se está perdiendo la capacidad de dialogar y en donde las rivalidades políticas siguen subiendo de tono.

 

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