¡Ay! credibilidad presidencial

¡Ay! credibilidad presidencial

Jaime Porcell

Investigador de Mercado

¡Ay! credibilidad presidencial, tan deseada, tan aducida,  y tan mal atendida. Una y otra vez la colocación de la banda sobre el pecho  del ganador deja caer el banderazo fatal de la rodada del quinquenio. En su obertura, el  drama desenvuelve su ritual de entrada, un presidente  avanza a la silla en hombros en medio de ¡vivas! al héroe infalible. Mujeres y hombres rinden pleitesía al mejor entre los mejores, inteligencia sin parangón, al reformador esperado. Infalibilidad, el más breve de  tres actos. La duda, el segundo. Ya inauguramos el tercero,  de trillo extendido y empedrado. 

Aunque no parece imposible, hasta ahora ningún gobierno ha retrocedido a otra etapa. Dispusieron la oportunidad, más no la valentía ni humildad de cambiar  para ser creíble. Todos fingen que nada ha variado,  que la ciudadanía los percibe como el primer día.

¡Qué ironía! Pensar que al buenazo de Endara, al sexto mes, el elector descolgó el teléfono. A Pérez Balladares negó la reelección.  Mientras más cerca el acto final, más el ambiente incrementa carga de desconfianza en su sinceridad, incluso en su honestidad y experticia en gobernar. Devaluará su carisma y sus otrora aliados señalarán falta de reciprocidad.  Habrá generado serias dudas en su autoridad moral, y afectarán su correlato, capacidad de convocar obediencia. Lo que haga, lo harán parecer malo. Y como sus antecesores, bajará del trono íngrimo y en medio de un silencio sepulcral.

Da rabia. Pensé, igual que el 90% de los panameños, llegaba un candidato, se atrevió a usar el humor en campaña, supo conectar con la emoción ciudadana, no provenía de partidos tradicionales,  quien durante la campaña incluyó en su círculo la experiencia, y precedido de un halo de éxito. Bien podría traducir su fórmula al gobernar. Ricardo sería distinto.

Una vez en la silla, nombró camaradas bisoños como asesores políticos, quienes confiaron en el poder de trocar todo  en oro del, entonces admirado por todos, presidente. No estaban preparados para reparar en alarmas que encendía el preciado don de  la credibilidad en su descenso.

Resultaron eficaces en seguir instrucciones de los asesorados, mas, faltaron entenderes y una dosis de  autoridad para conseguir la atención de un presidente que conoce de comunicación más que ellos. Concentraron esfuerzos, más que en adquirir conocimientos y desarrollar posturas,   en producir imaginativas formas de defenestrar al alcalde o sustentar guerritas con unos medios etiquetados como mentirosos. Para un asesor quien no sabe cómo hacerse escuchar, es fácil concluir algo así como que el asesorado  resulta un intratable tren en bajada.

Los asesores del payroll, como les apodó un ministro, nunca debieron ser parte del aplauso. Mas, como negarse cuando el puesto pende de un hilo por la incapacidad de producir respuesta ante un electorado que mantiene en el sótano a cada ministro que defiende. La aceptación de presidente  y su gestión muestra venir en caída. Lo único aducible, las encuestas marcan repunte.  Repunte en el último mes, la tendencia en todas es a la baja.

Cierto que la aprobación evidencia que  la nao remontó la cresta de la ruptura. Más, en los focus, el barco devela debilitamiento en la estructura actitudinal.  Secuelas, le llaman  unos de ojo clínico, anuncian nuevas tormentas.

Cambio Democrático arriba a la justa mitad del mandato. Si entendemos que cualquier movida del último año 2013 sería política neta, restaría algo así como los doce meses del 2012 de acción gubernamental. Gobierno y propio mandatario claman por segundo aire.

Cuando un gobierno atraviesa esta etapa de incredibilidad, ante una ciudadanía suspicaz, carga la culpa de entrada y deberá demostrar inocencia en el debate político.  Todos aceptaron como natural e inevitable la erosión de aceptación y credibilidad. Los presidentes mostraron verdadera resistencia a efectuar ajustes profundos. Ninguno entendió la fuerza que concentra una recomposición de equipo. Ninguno asumió un relanzamiento que evidenciara la intención presidencial de reconciliar el gobierno con su pueblo. Ninguno repitió. No visualizo mejor fecha para refrescar la imagen oficial que enero 2012.

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