Cambio de estrategia

Cambio de estrategia
En este momento es muy pronto para evaluar si la medida es correcta o no, aunque en realidad esa evaluación deben hacerla los gremios empresariales del país,| Archivo

La decisión del Gobierno del presidente de la República, Laurentino Cortizo, de limitar las negociaciones de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con la República Popular China a un acuerdo comercial de alcance parcial sin duda va a dar pie a un amplio debate sobre las relaciones de Panamá con el gigante asiático y todo lo que este cambio de estrategia puede significar en materia de negocios e inversión.

Debemos recordar que el establecimiento de relaciones diplomáticas y comerciales plenas entre la República Popular China y Panamá, hecho registrado en junio de 2017, era un reclamo de larga data del sector empresarial, que veía limitadas sus posibilidades en ese país asiático, debido a que nuestro país mantenía relaciones diplomáticas y comerciales con Taiwán, considerada por China como una “provincia rebelde”.

La apertura de las relaciones diplomáticas trajo aparejadas la posibilidad de negociar un TLC de última generación y la participación de Panamá en las iniciativas de la Franja Económica de la Ruta de Seda y la Ruta de la Seda Marítima, que buscan el desarrollo y la conexión de infraestructura logística para facilitar el comercio entre el mundo y la República Popular China.

Lógicamente, el objetivo del TLC no se limitaba a lograr acceso a mercado para los productos agrícolas e industriales que conforman la oferta exportable panameña a un mercado potencial de 1,400 millones de consumidores como lo es la República Popular China, ni a convertir a Panamá en una plataforma para que las empresas chinas pudieran conquistar nuevos mercados en América Latina, todo lo cual sería muy positivo para ambos países.

La idea era insertar a Panamá en la cadena de valor de la industria china, aprovechando la amplia red de acuerdos comerciales con que cuenta el país, permitiendo la producción, ensamblaje o reparación de productos industriales, es decir, operaciones de valor agregado, los cuales tendrían como destino final a otros socios comerciales.

Además, el acuerdo permitiría a empresas chinas y panameñas desarrollar negocios en diversos sectores de la economía como servicios financieros, transporte marítimo, turismo y comercio. No olvidemos, por ejemplo, que los vuelos entre Beijing y Panamá de Air China, que buscan potenciar el turismo chino en Panamá y la región, se acordaron al calor del proceso de negociación del TLC.   

Hoy, con el cambio de 180 grados que la actual Administración le está dando a las negociaciones con China, el tema se limita a un intercambio comercial centrado en bienes originarios, que tendrán acceso libre de arancel, como un primer paso para más adelante, en la medida en que se den las condiciones, retomar negociaciones más amplias.

En este momento es muy pronto para evaluar si la medida es correcta o no, aunque en realidad esa evaluación deben hacerla los gremios empresariales del país, que invirtieron su tiempo y recursos para participar  en las cinco rondas de negociación que se registraron desde el lanzamiento de las negociaciones el 12 de junio de 2018 a la fecha, y que habían cifrado sus esperanzas en las infinitas posibilidades de negocios que implicaría contar con un TLC con la República Popular China. 

En todo caso, ambas partes, Gobierno y empresarios deberán ponerse de acuerdo sobre cuál es el mejor camino para alcanzar un tratado comercial con la República Popular China, pero teniendo presente que hablamos del mercado más grande del mundo y de una potencia económica en pleno ascenso, algo que nuestros vecinos, Colombia y Costa Rica, han comprendido bastante bien, ya que ambos países cuentan con un TLC de última generación con el gigante asiático, lo que no ha afectado negativamente su relación con otros socios comerciales.

Editorial
Del 26 al 30 de agosto
Capital Financiero

 

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias