Cartago visto desde su vieja arquitectura

Cartago visto desde su vieja arquitectura
Rodolfo González Ulloa

Corresponsal

en Costa Rica
 
 
ajar a la ciudad costarricense de Cartago implica combinar lo escénico natural con lo histórico colonial. De rigor es viajar a las ruinas de , vestigio de un poblado indígena, bajo doctrina española, en el XVII.

También es típico ir a Orosi y detenerse a comer en los restaurantes típicos, a mitad del camino.

Ahora bien, el paso por el casco central también ofrece huellas arquitectónicas patrimoniales dignas de incluir en el itinerario.

Desde la visita a la Iglesia María Auxiliadora, el Centro de la Cultura Cartaginesa, o el Club Social de Cartago, hasta la Plaza Mayor.

En esta última, por ejemplo, de 1575 a 1886 se realizaba un mercado al aire libre, los días jueves y domingos, conocido como la feria, en la cual se transaban todo tipo de productos… incluso esclavos negros.

Ese espacio fue el sitio en el que ejecutaron al rebelde indígena Pablo Presbere. Cartago tiene huellas de un pasado histórico centenario, que lamentablemente ha dejado muy poco vestigio material.

A largo de su historia, la ciudad de Cartago ha tenido que afrontar las consecuencias de fuertes terremotos.

Los dos más conocidos, son el de San Antolín, en 1841, y el de Santa Mónica, en 1910. Este último prácticamente destruyó toda la ciudad.

La consecuencia inmediata, en el campo de la infraestructura, fue la implementación de una política en la cual se suprimió el adobe y el bahareque, como materiales de construcción.

En su lugar, surgieron viviendas de madera y las de chapa metálica.

Estas últimas consisten en una estructura interna de madera y un forro exterior en metal.

Dichas viviendas corresponden a la versión costarricense de la arquitectura en metal, que tuvo vigencia en la Europa de fines del siglo XIX.

Los especialistas Carlos Manuel Zamora Hernández y Elisa González Vargas realizaron un trabajo exhaustivo de investigación arquitectónica por los principales edificios patrimoniales de la Vieja Metrópoli.

Esta investigación fue publicada en un libro, bajo el título Circuito de Turismo Cultural, editado por el Centro de Conservación de Patrimonio Cultural, del Ministerio de Cultura.

En esa investigación, los expertos proponen un itinerario por el casco central de la ciudad cartaginesa que incluye, entre otros, los siguientes inmuebles:

Sobrevivientes

Un edificio amarillo, construido originalmente en cal y canto, durante el siglo XIX, se levanta entre la Avenida 1 y la Calle 5 del centro de Cartago.

En su origen fue casa de una sola planta y perteneció al presbítero Fulgencio Bonilla, quien colgó en sus paredes, cuadros de santos y crucifijos. Con el tiempo aquellos remedios espirituales dieron paso a frascos y plantas para curar el cuerpo.

Era el inicio del siglo XX, y el farmacéutico canadiense Alexander Pirie compró la propiedad y construyó el segundo piso, en bahareque francés. El vivía en el segundo piso, y en el primero abrió una farmacia. De influencia neoclásica francesa, es de los pocos edificios que sobrevivieron al terremoto de 1910. Actualmente pertenece al Instituto Tecnológico de Costa Rica, quien lo transformó en un centro cultural.

Vaticano metálico

Otro edificio, que basó la elección de los materiales de construcción en la experiencia del terremoto del 4 de mayo de 1910, fue la casa conocida como El Vaticano. El nombre deriva de los vínculos que tuvo la familia propietaria la del ex mandatario Jesús Jiménez con los franciscanos de la ciudad.

Se trata de una vivienda ubicada en la Avenida 5, Calle 4, que construyó en 1910 la familia Jiménez Sancho.

Inspirados en un catálogo italiano que ofrecía viviendas en metal, y de estilo victoriano, la vivienda fue construida en 1919. Presenta una estructura de madera, forrada por ambos lados con láminas metálicas con motivos repujados.

El diseño victoriano trae consigo la aparición de los jardines externos de las viviendas.

El terremoto también fue poco indulgente con el cuartel de Cartago. De ahí que en 1912, la English Construction Co levantó una nueva estructura de concreto armado para sus muros externos y divisiones internas en bahareque francés.

Ese es el edificio que está situado en la Avenida 4, Calle 2. Sustituyó al original que construyó Braulio Carrillo en la década de 1830, y que era una estructura de mampostería.

El San Luis Gonzaga

A pesar de las décadas, también mantiene su imponencia el Colegio San Luis Gonzaga. Situado entre las avenidas 5 y 7, entre calles 3 y 5, alberga a la institución educativa más antigua del país, fundad en 1869 por los jesuitas.

Sin embargo, a raíz del terremoto de 1910, la Corte de Justicia Centroamericana, que tenía por sede Cartago, colapsó y se decidió trasladar dicho colegio al espacio físico que ocupaba hasta ese momento la corte.

El San Luis se construyó en concreto armado, sobre los basamentos de la Corte y bajo un estilo ecléctico. Combina un diseño moderno y funcional en el interior, con elementos del neoclásico y una cubierta mansarda.

En cuanto a la antigua estación de tren, situada en Avenida 4, Calles 3 y 5, es un edificio que data de 1890.

Esta vía fue de importancia para la exportación de café y la importación de mercancías, para la Costa Rica de fines el siglo XIX, y mediados del siglo XX.

Se trata de una sencilla construcción en madera y contaba con una sala de carga, salón de espera, oficina y despacho. Poseía amplios corredores que funcionaban como andenes.

Basílica

Varios son las edificaciones que han albergado la devoción de la Virgen de los Ángeles.

El más reciente, se construyó con una estructura de acero y hormigón, con un diseño de planta elaborado por el arquitecto Luis Llach.

Sin embargo, la fachada de estilo morisco fue elaborada por el ingeniero José Fabio Garnier.

De acuerdo con la historiadora Sonia Gómez, en su libro La Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles: testimonio arquitectónico de la fe costarricense, el actual edificio del templo fue concluido en 1930, y presenta un estilo ecléctico.

La nave principal es gótica y sus cerramientos o paredes adosados con características barrocas. En el frontón principal y en los motivos interiores se observa una cierta influencia mora, explica la historiadora.

Una de las principales estructuras es la de la fachada: cemento armado reforzado con varillas de acero. En ella se manejan elementos del lenguaje románico como los arquillos, arcos y rosetones que la ubican dentro de la tradición románica del siglo XIX y arcos lobulados, propios de la influencia morisca española. Para más detalle sobre este itinerario.

 

 

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