Cerebros inconformes

Cerebros inconformes

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Este diario publicó el día de ayer un detallado informe sobre el desarrollo del plan del Departamento Administrativo de Ciencia, Tecnología e Innovación de Colombia (Colciencias) que buscaba ofrecer incentivos para que los que llamamos cerebros fugados (una expresión bastante certera, acuñada hace más o menos 20 años) regresarán a Colombia y aplicarán los conocimientos adquiridos en el extranjero con miras a fortalecer el progreso de este país.

No es un secreto para nadie que harta falta hacen aquí quienes han recibido una educación de primera calidad en otras partes: Tanto de las ciencias exactas como de las aplicadas podríamos echar mano para generar no solamente un progreso académico, sino también uno social, que sea impulsado desde la técnica y el conocimiento. El fin de la propuesta era, por tanto, bastante loable. Un aplauso mereció Colciencias en su momento por esta idea.

En marzo de 2014 fue lanzado el programa Es tiempo de volver, dotado de una serie de incentivos para quienes estaban por fuera luego de haber culminado sus estudios. La idea era traspasar sus conocimientos de un lugar a otro: Para ello era necesario, claro, una cadena de beneficios, un músculo financiero y una voluntad política cristalizada en planes concretos, específicos, que tuvieran en cuenta las distintas eventualidades que pudieran presentarse en el largo camino que debían recorrer de vuelta.

La idea es que una parte de los seleccionados fuera a trabajar a empresas y otros estuvieran al servicio de grupos de investigación de distintas universidades. 140 nombres fueron publicados en el portal de esta entidad pública. Bastante esperanzador. Por eso duele leer testimonios como los reproducidos ayer en el informe, que coincidían en el siguiente punto: Yo tengo hijos y consumo mis ahorros sobreviviendo. Iré buscando un vuelo de vuelta a Europa a buscar trabajo o intentar recuperar el que tenía. Allá sí valoraban mi trabajo. Insólito que una medida pensada para aliviar el aterrizaje en Colombia lo que consiga sea la deserción y la inestabilidad laboral.

Vamos a los números. De los 140 seleccionados, 64 están en proceso de contratación y algunos trabajando. Nueve entidades responsables de la contratación de 53 doctores están finalizando el proceso contractual con Colciencias. Otros 23 están etiquetados bajo la antipática frase de casos por resolver.

Todos van a tener lo que se les prometió. Ninguno se quedará sin trabajo, dijo Yaneth Giha, directora de Colciencias, a este diario. Pero no son tan precisas sus palabras (lo decimos sabiendo que a ella le llegó este problema de la dirección pasada). Lo que se les prometió, sin embargo, era probablemente otra cosa: mucho más ajustada a tiempos reales y razonables de espera, no retrasos para unos y contratos para otros.

Asistimos, entonces, a un episodio más de una buena idea ahogada en un desempeño indeseable. ¿Cómo corregir esto? Aparte de la buena comunicación que debe haber con los beneficiarios (cada tres días, ha dicho Colciencias, para que no tengan dudas flotando en su cabeza por mucho tiempo), son necesarias consideraciones hacia el futuro, hacia la planeación de las políticas y la instrumentalización de las mismas. De lo contrario, poco después de empezarse a implementar, los testimonios como los que leímos el día de ayer se multiplicarán. 

Editorial del periódico El Espectador de Bogotá, Colombia, del viernes 23 de enero de 2015.

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