Cobertura boscosa se reduce 50%

Cobertura boscosa se reduce 50%

El crecimiento urbano y el mejoramiento del sistema de transporte, está dejando a la ciudad sin áreas verdes

El crecimiento urbano, el plan de ordenamiento vial y el mejoramiento del sistema de transporte, están dejando a la ciudad de Panamá sin áreas verdes y espacios públicos para sus residentes.
Según cifras del Sistema de Información Ambiental de la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM), a nivel nacional en Panamá la pérdida de la cobertura boscosa es vertiginosa ya que en 1970 era de 70% y en 2011 está aproximadamente por el 35%, es decir, que se redujo en un 50%.
Pero conocer cuál ha sido verdaderamente el nivel de degradación que ha sufrido la cobertura boscosa del país, al menos en los últimos cinco años, no es nada fácil, porque ni la ANAM, ni los grupos ambientalistas cuentan con datos puntuales que ayuden a despejar esta interrogante.
El último documento que se hizo sobre el particular es del 2000 y se denomina Informe final de la cobertura boscosa y uso del suelo de la República de Panamá 1992-2000.
En este informe, se plantea que en 1992 existía una cobertura boscosa de 49%, es decir, 3.695.160 hectáreas de la superficie total del país, y para el año 2000 esa superficie se redujo a 45% (3.364.591 hectáreas), lo que significa que ha mermado un cuatro puntos porcentuales.
Según el estudio, las provincias que mostraron mayor cantidad de cobertura boscosa fueron: Darién, Panamá, la Comarca Emberá y Bocas del Toro, las cuales representaban el 50,2% de la cobertura boscosa total del país. Mientras que las provincias que mostraron bajos porcentajes fueron: Los Santos y Herrera con 0,83% y 0,28%, respectivamente.
Carlos Gómez, de la Dirección de Gestión Integrada de Cuencas Hidrográficas de la ANAM, reveló que en Panamá existen aproximadamente 2 millones de hectáreas deforestadas de la cobertura boscosa, de las cuales sólo se han logrado reforestar cerca de 75.000 hectáreas en todo el territorio nacional.
Por otro lado indicó Gómez que el aumento de la deforestación, trae consecuencias negativas tales para el país como la pérdida de suelos, de biodiversidad (desaparición de plantas y animales) y la afectación en las fuentes de recursos hídricos.
Gómez recalcó que la ANAM no puede llevar el control absoluto de evitar la devastación boscosa ya que para eso se necesita trabajar en conjunto con otras instituciones y  empresas a fin de poder llevar a cabo más proyectos de reforestación que ayuden a regenerar la cobertura boscosa del país.
En tanto Rafael Perea, ingeniero forestal de la ANAM, dijo que entre las zonas más afectadas por la degradación forestal  figuran la Comarca Ngöbe-Buglé y las sabanas Veragüenses; así como las provincias de Herrera, Los Santos y Coclé, áreas altamente utilizadas para la ganadería extensiva y las actividades agropecuarias.
Empero, destacó Perea, que en la actualidad se han desarrollado una serie de programas de reforestación con especies nativas y exóticas en las provincias de Panamá (19.293 hectáreas), Veraguas (13.839 hectáreas), Darién (11.502 hectáreas), y Chiriquí (9.068 hectáreas) .

Deforestación en la capital y su impacto
En tanto, la Dirección de Ornato Municipal considera que las construcciones siguen siendo el enemigo público número uno de las áreas verdes y el follaje que se merece una ciudad.
Actualmente la ley vigente solo contempla que el constructor debe proteger un 10% del predio a utilizar para área verde, lo cual se irrespeta cuando se incluyen las aceras en ese porcentaje.
Según Julio Rovi, presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos (SPIA), cuando un arquitecto diseña los planos de algún proyecto de construcción, se contemplan las áreas verdes.
Yo no conozco ningún plano de un arquitecto que no tenga vegetación. Eso se ve hasta en la perspectiva, aseguró. Rovi agregó que lo que ocurre es que el promotor, el contratista y el que vende prefieren tener pavimento porque no tienen que limpiar las hojas, por lo que esto se convierte en un radiador que recoge y concentra los rayos solares.
Todo está caliente porque está pavimentado, pero eso tiene que ver con una visión ambiental un poco egoísta  ya que por no querer limpiar las hojas que al mismo tiempo es nutriente de la vegetación, prefieren tumbar los pocos árboles que hay, pero los planos de la perspectiva yo no veo un solo proyecto donde no haya vegetación, ya que el arquitecto tiene contemplada la vegetación, dijo Rovi.
Aseguró que en la presentación de los proyectos las áreas verdes están en los planos, pero en la realidad no hay una autoridad que fiscalice, además la comunidad no ha sido educada para que se proteja la siembra de los árboles.
Debido a ello se ha convertido en algo normal la tala de árboles para la construcción de edificios, viviendas unifamiliares, locales comerciales y obras públicas.
Como por ejemplo, el corte de 65 árboles por la empresa constructora Ventavic, a la altura de la comunidad de Villa Lucre y Plaza El Conquistador, en la vía Domingo Díaz, que se sumó a la tala que se realizó en la vía Simón Bolívar, desde Los Andes hasta la altura de Plaza Agora, y en la vía La Amistad (Clayton), donde un grupo de árboles sucumbió ante el avance de las máquinas.
Ya a principios del año 2010 se registró la tala de aproximadamente 180 árboles en un lote contiguo a la antigua Mansión Danté de Calle 50, en Obarrio, cuya presencia en el área representaba un pulmón para la ciudad, a la que se sumó el corte de otros árboles en el área de Albrook, frente al aeropuerto Marcos A. Gelabert, habían disparado la alarma entre las organizaciones ambientalistas.
Ante esta deforestación desmesurada que se lleva a cabo en Panamá por el crecimiento urbanístico, ambientalistas como Carmenza Spadafora, piensan que la naturaleza se rebela a través de los cambios en el ambiente que afectan directamente el medio de vida, como el clima.
El cambio climático se produce por la variabilidad natural del clima, y por causas antropogénicas que se refiere a los efectos producidos por las actividades humanas en el clima terrestre, como los efectos nocivos vinculados a la industrialización, la deforestación y la utilización de agroquímicos, entre otros.
El hombre comenzó a deforestar los bosques para convertirlos en tierras de cultivo y pastoreo. Actualmente es responsable por la emisión abundante de gases que producen un efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2) en fábricas y medios de transporte, y metano en granjas de ganadería intensiva y arrozales. Actualmente, las emisiones de gases como la deforestación se han incrementado hasta un nivel que parece difícil que se reduzcan a corto y mediano plazo por las implicaciones técnicas y económicas de las actividades involucradas.
El Programa Ambiental de las Naciones Unidas señala que la temperatura de la Tierra ha aumentado aproximadamente 0,75 grados centígrados desde la Revolución Industrial. Análisis de muestras de hielo señalan que hay más CO2 en la atmósfera que en cualquier momento de los últimos 600.000 años. Las emisiones antropogénicas mundiales de CO2 se triplicaron entre 1960 y 2002 .
El aumento del nivel del mar, la aparición de olas de calor intenso, el surgimiento de nuevos patrones de lluvia y de lluvias más intensas, el aumento en el número e intensidad de los huracanes y la proliferación de sequías en diversas partes del mundo, son algunos de los efectos más perceptibles del cambio climático, y el problema es que ante estos fenómenos solo nos queda tratar de mitigar los efectos negativos de nuestros estilos de vida sobre el medio ambiente y adaptarnos a las nuevas realidades.

¿Cumplen con los permisos?
Según la ANAM, el Consorcio Línea Uno, que construye el Metro de Panamá, ha cumplido hasta la fecha con todos los permisos de tala e indemnizaciones ecológicas, que se le ha exigido.
Naydú Rudas, administradora de la Región Metropolitana de la ANAM, subrayó que la empresa ha sido responsable, al transplantar incluso árboles a otros lugares para salvarlos.
La funcionaria negó que se haya cometido una devastación, ya que todos los permisos para la tala de árboles han sido hechos por tramos, es decir poco a poco, y no todos los árboles estaban sanos.
ANAM   aprobó el proyecto, de categoría tres, mediante resolución IA-100-11 del 8 de febrero del 2011 y a través de notas la empresa solicitó a la región metropolitana los correspondientes permisos de limpieza y tala de árboles, que recogen seis resoluciones.
Los pagos ascienden a unos $70.000 e incluyen, además, de talas e indemnización ecológica, permiso de limpieza, remoción de gramíneas y rastrojos,  2 palmas, 1 parra de bambú y bosque secundario maduro. Se trata de árboles dispersos, que no constituyen un bosque.
Este plan también contempla la reubicación de 93 árboles y 19 palmeras, de los cuales los nativos serán establecidos en áreas bajo la supervisión de la Administración Regional de la ANAM y el Ministerio de Obras Públicas (MOP), respectivamente.
Por la tala de 65 árboles por parte de la empresa constructora Ventavic, a la altura de la comunidad de Villa Lucre y Plaza El Conquistador en la vía Domingo Díaz, la funcionaria indicó que el límite de los árboles que se pueden cortar en un proyecto lo establece el Estudio de Impacto Ambiental (EIA). En los EIA se establecen también las medidas de mitigación y de reforestación, además de pagos en especies, precisó Rudas.
Recalcó la funcionaria que no es que la ANAM no tenga límites, sino que corresponden al estudio global que se haga de la tala de árboles. Según Rudas, el impacto ambiental no se da por la extensión de la superficie del terreno, sino por muchos otros elementos, positivos y negativos.
En cuanto al proyecto, Rudas afirmó que el EIA, que se otorgó hace 12 años, exactamente el 12 de noviembre de 1999, se encuentra vigente y mal puede la Regional Metropolitana de la ANAM negar el permiso de tala. Reiteró que la empresa Ventavic tiene todos sus papeles y documentos en regla, por lo que no se le  puede negar el permiso de tala.
Villa Lucre es una barriada residencial, que se fundó hace poco más de dos décadas y actualmente se encuentra en plena expansión de sus áreas comerciales. Ventavic ha anunciado que en ese lugar se tiene contemplado la construcción de un Centro Comercial.
Esta barriada  fue hace varias décadas atrás un potrero, con muchos árboles, igual que Altos y Brisas del Golf, San Antonio y Cerro Viento y otras muchas áreas residenciales de este país, puntualizó Rudas.
Por su lado el MOP justificó la tala de los árboles de la vía de La Amistad, manifestando que toda obra gubernamental, al ser licitada debe contar con su respectivo EIA, contemplado en la ley 41 de 1998, que estipula tres categorías de estudio para Panamá, que no solo es un análisis del área en cuanto a la población arbórea y el efecto negativo  que los trabajos a realizarse causarán al medio ambiente, sino factores de mitigación que garanticen la reposición de las especies que se talen a razón de 10 plantones por cada árbol derribado.
En el caso que ocupa al MOP informaron que la vía de La Amistad que es de categoría 2, con la debida inspección de la dirección de evaluación de la ANAM, se especifica el plan de manejo ambiental dentro del cual se ha contemplado el plan de reforestación que deberá implementar dando cumplimiento a la ley forestal de febrero de 1994, que estipula que por cada árbol talado se deben reponer diez, los sitios son elegibles en conjunto entre la ANAM-MOP, eligiendo como prioridad para la siembra el área de servidumbre próxima al proyecto en desarrollo.
Cabe destacar que en la mayoría de los proyectos, la cantidad de árboles a sembrar excede a la capacidad de la servidumbre, por lo que la ANAM escogerá un sitio para sembrar el remanente por parte del contratista. Incluso la resolución de la ANAM estipula que este remanente, en el caso de la vía de La Amistad, debe sembrarse en el área circundante al proyecto, dijo una fuente del MOP.

Leoncio Vidal Berrío M.
lberrio@capital.com.pa
Capital

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