Cómo reparar un sistema disfuncional en un Brasil post-Rousseff

Cómo reparar un sistema disfuncional en un Brasil post-Rousseff

La esperanza es que el país aproveche el momento para una catarsis

DF - DILMA/TRANSI«O - POLTICA - O vice-presidente eleito Michel Temer (PMDB) durante reunio da equipe de transiÁo de governo da presidente eleita Dilma Rousseff no Centro Cultural Banco do Brasil (CCBB), em Braslia, nesta segunda-feira. 08/11/2010 - Foto: DIDA SAMPAIO/AG NCIA ESTADO/AE

Brasil estaba paralizado en medio de una crisis económica, una crisis política y el mayor escándalo de corrupción en la historia del país. La situación no podía seguir así, por lo tanto, no siguió.

El congreso de Brasil votó a favor de abrir el proceso de juicio político contra la presidenta, Dilma Rousseff. Si el Senado confirma el voto como se espera suceda la señora Rousseff dejaría el cargo durante 180 días mientras el caso va a juicio, y Michel Temer, el vicepresidente, asumiría la presidencia en el ínterin. El abogado constitucional de 75 años de edad, casado con una ex reina de belleza 43 años menor que él, enfrenta una formidable tarea.

El reto del señor Temer es enderezar la nave escorada que es el estado brasileño, al menos por un tiempo. ¿Cómo podría lograrlo? El señor Temer probablemente proclamaría un gobierno de unidad nacional. Si es inteligente, magnificará esa proyección de desinteresada capacidad política al añadir que no se postulará para presidente en las próximas elecciones de 2018.

Las finanzas del país también necesitan atención inmediata, sobre todo un enorme déficit fiscal equivalente al 10% del Producto Interno Bruto (PIB). La mayor parte de los planes del señor Temer sobre cómo enfrentar semejantes problemas se describen en un documento titulado Un Puente hacia el Futuro.

El documento, publicado a finales del año pasado por su partido centrista PMDB, exige una economía más abierta, privatización, leyes laborales más flexibles y el fin de las pensiones ajustadas a la inflación. Todo eso es música para los oídos de los inversionistas. Sin embargo, para convencer completamente a los mercados, el señor Temer tendrá que designar a algunos pesos pesados al frente del ministerio de Hacienda y del banco central.

Y eso no es todo. Para responder a las reclamaciones de que el juicio político a la señora Rousseff fue un golpe de estado encubierto, también tendrá que nombrar a un poderoso ministro de justicia. Esto tranquilizará el país en cuanto a que continuará la investigación de corrupción en Petrobras, la cual ha puesto al descubierto el sórdido nexo entre la política y el dinero en Brasil.

¿Tendrá éxito el señor Temer en lograr siquiera la mitad de esto? Su luna de miel será breve. No tiene ningún mandato popular para ejecutar un programa radical de reforma económica. Probablemente la investigación de Petrobras continuará investigando a políticos culpables, lo cual mantendrá al congreso en un estado de agitada y cuasi total paralización. También él enfrenta cargos similares a los que provocaron el juicio político de la señora Rousseff, por alterar el presupuesto.

Es un desastre. Sin embargo, puede resultar ser un momento providencial de catarsis. La última vez que un presidente brasileño fue sometido a juicio político, en 1992, el país que ya había soportado durante mucho tiempo una inflación relativamente alta fue entre dos episodios de hiperinflación. Pero con el tiempo, el proceso caótico de ese juicio político dio lugar al plan real: Un programa de estabilización que sentó las bases para la prosperidad de Brasil durante la década de 2000.

Actualmente el país, que ya ha soportado durante mucho tiempo la corrupción ordinaria, siente repulsión por lo que se conoce como hipercorrupción. Eliminarla del sistema, como hizo Brasil con la hiperinflación hace dos décadas, sería un importante e indiscutible paso de avance.

John Paul Rathbone
Financial Times

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