¿Congelamiento del combustible, la mejor opción?

¿Congelamiento del combustible, la mejor opción?

Desde el sábado pasado empezó a regir el congelamiento del precio del diesel y de la gasolina de 91 octanos, en $3.80 y $3.99 el galón, respectivamente.  Esta medida la toma la administración actual como manera de respuesta a la escalada de precios reciente de los combustibles.
En el 2010, se consumieron en el mercado local 330 millones de galones de diesel y 128 millones de galones de gasolina de 91 octanos. 

Eso equivale a un total de 458 millones de galones anuales y a 114 millones de galones por 90 días.  Si en las próximas semanas el precio de estos combustibles sube en $0.15, el subsidio, en los 90 días anunciados por el gobierno, será de $17.1 millones.  Si sube $0.30, el subsidio sumará $34.2 millones; sin embargo, si el precio sube $0.40, como ha ocurrido en las últimas semanas, el subsidio totalizará $45.6 millones.  En un año, si el aumento es de $0.30, esto sumaría $137 millones, lo cual es un costo muy alto.
Parte del problema es que el gobierno está apostando a que en 90 días haya acabado la crisis de precios del combustible, sin embargo, numerosos analistas y expertos vaticinan precios más altos de aquí a fin de año.  De seguir la escalada de precios, como ha sido la norma en los últimos meses, resultará difícil políticamente al gobierno eliminar el subsidio al finalizar el periodo de 90 días.  La praxis en el pasado ha sido mantener los subsidios permanentemente, como ha sido el caso del subsidio del tanque de gas y del consumo de electricidad.  De ser así podemos estar viendo pérdidas millonarias para el fisco y los contribuyentes en razón de los subsidios.
Los subsidios tienen, además, el grave problema de que esconden las señales de los precios altos, que normalmente sirven de incentivo para fomentar el ahorro.

Al mantenerse artificialmente bajo el precio del combustible, los consumidores tenderán a consumir más que si el precio hubiese aumentado, empeorando aún más la crisis.  Muestra clara de que los altos precios si reducen el crecimiento alto del consumo lo tenemos en el 2008, cuando el crecimiento del consumo anual bajó de los altos niveles de crecimiento del 2007.

Los subsidios no resuelven el problema de precios, sólo esconden los síntomas, y al hacerlo, empeoran la situación.
Resulta sorprendente que, teniendo en sus manos alternativas más sanas, desde el punto de vista económico, el gobierno no hubiese optado por estas.  Primero, el estudio del Banco Mundial/MEF establece que la eliminación del precio de paridad puede dar ahorros de hasta $0.30 por galón.  El precio de paridad es un absurdo total, en un mercado libre.

Un informe de la antigua Clicac, ahora Acodeco, del año 2003 comenta sobre el precio de paridad: El establecimiento del precio de paridad de importación o cualquier otro precio es un mecanismo de regulación que no debe aplicarse de forma permanente, quizás únicamente al inicio de la apertura del mercado como precio de referencia.  Además, no puede establecerse el precio al que un importador le comprará a una empresa en el extranjero, ya que el precio lo determinará las condiciones del mercado internacional.
En adición, como se ha demostrado en el mercado de telefonía celular, la eliminación de las trabas y barreras a la entrada de nuevos agentes, permitiendo más competencia, es la mejor forma de bajar los precios. Ese mismo informe de la Clicac, sobre las barreras legales a la libre concurrencia decretadas por el gobierno dice: Muchos de los requisitos exigidos crean barreras a la entrada de nuevos agentes económicos, lo que afecta la libre concurrencia.  Algunos requisitos son fáciles de cumplir para las empresas ya establecidas, como experiencia previa por ejemplo, pero muy difíciles para los nuevos entrantes.
La rebaja de impuestos, sugerida por el estudio del Banco Mundial/MEF y recomendada por múltiples economistas, también es una medida más sensata económicamente.  Primero, porque reduce la distorsión negativa del impuesto, y el peso muerto del mismo, sobre el mercado de combustible.

Segundo, porque la reducción del impuesto tendría un costo fijo, limitado, y un menor impacto fiscal.  Además, contrario al subsidio, la reducción de un impuesto elimina distorsiones económicas y da una mejor visibilidad al consumidor del verdadero precio del mercado del bien.
Por último, es necesario que el gobierno otorgue más concesiones de tanquerías y de puertos de entrada, ya que los mismos están controlados primordialmente por el operador dominante en este mercado.

Mientras el operador dominante mantenga su alta participación del mercado estimada en 70% y el control de facilidades esenciales, como el muelle de importación, el Estado debe regular el arriendo o cobro, sin prácticas monopolísticas y a precios razonables no discriminatorios, de estas facilidades esencialestal y como se hace en los servicios públicos.
Unas pocas buenas medidas de apertura, de eliminación del precio de paridad y reducción de impuestos, ayudarían tremendamente a reducir los precios de los combustibles, sin la necesidad de costosos subsidios y sin mayores distorsiones económicas.

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