Congreso del PCC decepciona a muchos

Congreso del PCC decepciona a muchos

Es una corrección atrasada de las expectativas optimistas de un cambio acelerado en Cuba.

Cuba's former president Fidel Castro (2nd L) sits near his brother and Cuba's president Raul Castro (2nd R) and Cuba's vice president Jose Ramon Machado (L) during the closing ceremony of the seventh Cuban Communist Party (PCC) congress in Havana April 19, 2016. Omara Garcia/Courtesy AIN/Handout via Reuters ATTENTION EDITORS - THIS IMAGE WAS PROVIDED BY A THIRD PARTY. EDITORIAL USE ONLY.

Desde que Barack Obama y Raúl Castro los presidentes de Estados Unidos (EE.UU.) y Cuba, respectivamente comenzaron el proceso de detente el año pasado, los turistas se han apurado a visitar Cuba y disfrutar la majestad decrépita de La Habana antes de que todo cambie.

Mientras tanto, las empresas y cámaras de comercio estadounidenses han hecho múltiples viajes para buscar oportunidades en una isla que tiene la atracción de un fruto prohibido.

Pero recientemente, el señor Castro y el Partido Comunista Cubano (PCC) aplastaron las esperanzas de que el gobierno iba a refrescar sus filas con caras más jóvenes o realizar reformas económicas de liberalizadoras que indicarían el aflojamiento de su control del poder.

El martes, al final del Congreso del PCC de cuatro días, el señor Castro, de 84 años de edad, y Ramón Machado Ventura, de 85, un ideólogo de línea dura, fueron reelegidos a las dos posiciones más altas en el gobierno. Hasta funcionarios de alto nivel habían especulado que el señor Ventura sería reemplazado.

El Congreso se realizó menos de un mes después de la visita histórica del señor Obama a la isla, en la que dijo que quería poner fin a medio siglo de hostilidad de la Guerra Fría. Desde entonces, el gobierno y la prensa del Estado han advertido que EE.UU. sólo había cambiado sus tácticas pero no su meta de un cambio de régimen.

La reacción local fue de gran decepción de que los líderes envejecidos del país no han transferido las riendas del gobierno a manos más jóvenes, o han intentado profundizar las reformas económicas requeridas, tal como el mismo señor Castro ha dicho que quiere.

El señor Castro dijo que quería establecer límites de mandato y una edad límite de 70 años para los altos funcionarios del partido. También ha criticado el paso lento de las reformas económicas tales como aquellas que permitirían la existencia de pequeños negocios privados que él mismo lanzó hace cinco años.

Estoy muy disgustada, dijo Julia Martínez, una secretaria de 52 años de edad en La Habana, quien pidió que su nombre real no fuera revelado. Los mismos líderes y las mismas reformas¿Tengo que esperar hasta que tenga su edad para ver un cambio real?

El Congreso, que se lleva a cabo cada cinco años, fue notable por su secretismo pero aparentemente no hubo una discusión sobre nuevas ideas de cómo impulsar la economía estancada de estilo soviético de Cuba, la cual está creciendo a cerca de la mitad de la tasa de 5% que busca el gobierno.

Además no hubieron señales de rejuvenecimiento en las filas del Politburó: Los cinco nuevos miembros del organismo de 17 integrantes fueron seleccionados de organizaciones laborales y de los sectores de salud y telecomunicación.

Raúl y los demás líderes hablan de la necesidad de establecer límites de mandato, transparencia y edades límite en el Politburó y de realizar reformas económicas, dice Christopher Sabatini, profesor adjunto de asuntos internacionales de Columbia University, pero no hicieron nada para promoverlos en la reunión.

Fidel Castro, 89, hizo una aparición inusual, llamando a los líderes del partido a continuar con sus ideas.

La visita del señor Obama el mes pasado ensanchó la brecha ideológica entre el gobierno y el pueblo cubano después de que él realizó una serie de discursos bien recibidos transmitidos por la televisión estatal pidiendo que los cubanos adopten el cambio y cambien la página de una historia de hostilidad mutua.

Desde entonces, la prensa estatal ha descrito la visita del señor Obama como un ataque ideológico aun cuando el gobierno insiste en que quisiera que el Congreso de EE.UU. levantara completamente el embargo. El resultado es un acto de malabarismo entre buscar el cambio y querer controlarlo al mismo tiempo.

John Paul Rathbone y Marc Frank
Financial Times

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