Contagio, una epidemia mundial

Contagio, una epidemia mundial

Marcelo Stiletano

GDA/La Nación

Como ocurrió en tiempos recientes con el retrato fílmico de la amenaza terrorista a gran escala, otro escenario global de iguales efectos devastadores aparece desde el cine cada vez más cercano a la realidad que a un simple ejercicio de ficción destinado a entretener y a asustar al mismo tiempo. En Contagio ( Contagion ), cuyo estreno anuncia Warner para este jueves, nunca se habló desde el cine con más franqueza de la posibilidad cierta de una epidemia de alcances mundiales capaz de expandirse en pocas semanas alrededor del planeta entero con un efecto casi inmediato de miles de muertes y daños incalculables en todo sentido.

No lo dicen los críticos y observadores cinematográficos, por más que se registre en los últimos años un aumento significativo de la atención que la pantalla grande (no sólo de Hollywood) les dedica a estas temáticas. Esa afirmación llega desde el mundo especializado de la virología y la epidemiología, según el cual un escenario hipotético como el planteado por el nuevo film del hiperactivo Steven Soderbergh cuenta con muy elevadas posibilidades de hacerse realidad en un futuro no demasiado lejano.

Lo que pasó con la idea misma de ir a la playa en tiempos de la película Tiburón puede pasar ahora con esta película si pensamos en los botones de un ascensor y en los picaportes, sugirió sin ironía alguna Soderbergh. La conexión del director con un cine que ciertamente admira (las películas catástrofe de los años 70) más bien funciona como plataforma para hablar del tiempo que nos toca vivir.

En la mente de Soderbergh aparecen con más fuerza referencias como Infierno en la torre que títulos específicos dedicados en el pasado a explorar los efectos de una epidemia de consecuencias devastadoras a partir de la expansión -accidental o no- de algún virus letal. Si se moviliza con títulos setentistas ligados al cine catástrofe es porque, según sus palabras, responden a un modelo de cine concebido con libertad para el disfrute de los adultos, sin el condicionamiento actual de tener que pensar en cómo atraer al público adolescente.

Más allá de ese preciso encuadre, el contenido del planteo tiene un componente ultrarrealista, en la precisa y cuidadosa definición del realizador. Esa es la palabra clave para una película como ésta, que se ocupa de una pandemia. Buscamos algo que fuera lo suficientemente incómodo y perturbador para el público, porque la transmisión del virus se produce de la forma más banal que pueda imaginarse, dijo hace poco a The New York Times.

No hay manera de evitar el contagio -según se sugiere al comienzo del relato- porque nace del modo con el que actuamos y nos movemos imperceptiblemente: el nuevo virus, originado en algún animal salvaje, se pasa de persona a persona, de ciudad a ciudad, de país a país, mediante la tos, un apretón de manos, una copa o una ficha de casino que va de mano en mano.

 

Relato coral 

En manos de Soderbergh, el relato es tan coral como el elenco de figuras que lo protagoniza (Marion Cotillard, Matt Damon, Gwyneth Paltrow, Laurence Fishburne, Jude Law, Kate Winslet) y los escenarios simultáneos en que se desarrolla la acción (de Minnesota a Hong Kong) como para dar una idea de lo rápido que puede expandirse el virus en un planeta cada vez más plano. Lo mismo ocurre con los personajes: ejecutivos y trabajadores rasos, especialistas de altos organismos dedicados a la salud y algún bloguero resuelto a promover terapias alternativas.

Todo para describir un escenario apocalíptico que aparece, al mismo tiempo, como claramente plausible para algunos científicos que asesoraron a la producción. Tal es el caso del doctor Ian Lipkin, director del Centro de Infecciones e Inmunología de la Universidad de Columbia, que dijo a The New York Times que la fuente de la epidemia descripta en el film es el virus Nipah, que se contagió de los cerdos a los humanos en Malasia a fines de los años 90.

Cualquier referencia a la neumonía atípica (conocida como SARS) y la gripe A no resulta aquí pura coincidencia. Por el contrario, resulta deliberada desde el momento que aparece a primera vista como la fuente inspiradora de un relato que, en palabras de Soderbergh, busca alterar todas las convenciones con las que el público se vinculó con esta realidad hasta ahora. De hecho, el virus Ebola se descubrió cuando alguien estornudó en una caverna en la que nadie había estornudado hasta ese momento. La cita de Soderbergh tiene que ver con Epidemia , el film que más se acercó en los años 90 a esta temática e ilustró mejor que ningún otro el peligro del Ebola, un mortífero virus descubierto en Africa central.

Las referencias en la materia son amplias, convertidas en más de un caso en títulos de culto. Como ocurrió en los 70 con La amenaza de Andrómeda y también a mediados de los 90 con 12 monos , de Terry Gilliam. Y más cerca aparecen varias experiencias: La epidemia (remake de The Crazies, clásico de George A. Romero, con el virus expandido en el agua contaminada) y la notable Exterminio , de Danny Boyle, cuyo punto de partida resulta inquietante: la infección fue involuntariamente esparcida por defensores de los animales, que liberaron a chimpancés inoculados con el virus de la rabia.

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