Corporaciones estadounidenses enfrentan el fin del auge derivado de los recortes fiscales

Corporaciones estadounidenses enfrentan el fin del auge derivado de los recortes fiscales
Cuando Barack Obama era presidente de Estados Unidos (EU), solía llamar al fundador y exdirector ejecutivo de Starbucks.| Cortesía

Starbucks no sólo es la cadena de café más grande del mundo; es un indicador de tendencias que nos dice muchísimo sobre la economía estadounidense y hacia dónde se dirige.

Cuando Barack Obama era presidente de Estados Unidos (EU), solía llamar al fundador y exdirector ejecutivo de Starbucks, Howard Schultz, para que le dijera cómo estaba la confianza del consumidor.

Las cifras de ventas de tiendas provenientes de miles de comunidades en todo el país, cuatro veces al día, eran mucho más sensibles que cualquier dato de la Oficina de Estadísticas Laborales.

Recientemente, Starbucks nos dijo algo importante y preocupante. Las acciones de la compañía se hundieron después de indicar, durante una presentación en una conferencia minorista de Goldman Sachs, que su reciente tasa de expansión de ganancias del 10% no se extendería hasta el próximo año.

En gran parte, esto se debió a que ya se agotaron los beneficios de los recortes fiscales aplicado por el presidente Donald Trump.

Como dijo Patrick Grismer, director financiero de Starbucks, “por mucho, el factor que impulsó nuestro rendimiento superior en el año fiscal 2019 en relación con nuestras expectativas originales fue nuestra tasa tributaria efectiva”. Ahora que se acabó el despilfarro fiscal, también se acabaron los extraordinarios resultados de Starbucks. La compañía también anunció que adelantaría para el año en curso la recompra de acciones por valor de $2,000 millones que había planeado para 2020, ya que sus ventas y ganancias están por debajo de las expectativas.

El uso de la recompra de capital para impulsar los precios de las acciones no es nada nuevo para Starbucks, cuyos precios de acciones han crecido en un 80% en el último año gracias no sólo a los recortes fiscales del señor Trump, sino también a las recompras de acciones (gran parte del crecimiento de los beneficios por acción de la compañía proviene de dichas recompras).

El dinero recaudado en las nuevas emisiones de bonos a menudo se utiliza para pagar esas recompras. La propia carga de deuda de Starbucks se ha triplicado prácticamente en los últimos años, pues ha adoptado lo que denomina un “modelo más altamente apalancado”.

Por supuesto, Starbucks no es la única compañía que emplea dicha ingeniería financiera. Una de las historias más importantes del mercado de los últimos años ha sido que las corporaciones aprovecharon el dinero fácil, utilizando las tasas de interés a niveles históricamente bajos para emitir bonos y luego usando el dinero recaudado para recomprar su propio capital con el fin de aumentar los precios de las acciones.

Es un juego de trileros que siempre me deja atónito, especialmente cuando se hace en el mejor momento de un mercado, en lugar de una depresión, lo cual nos dice que la estrategia no es una apuesta a una historia de crecimiento real subyacente, sino un intento de generar titulares.

Pensé que habíamos llegado al colmo de la magia financiera fáustica hace un tiempo, pero no. En estos últimos días, Apple, que tiene $200,000 millones en efectivo o equivalentes a efectivo en la mano, anunció una oferta de bonos de $7,000 millones, parte de una lista de emisiones de deuda corporativa por valor de $54,000 millones en la última semana más o menos. Justo cuando se pensaba que la burbuja de bonos no podía crecer más, crece más.

Dado el riesgo inminente de recesión, una serie de problemas corporativos recientes (que involucran a grandes compañías como GE, Kraft Heinz, Boeing, PG&E y ahora Johnson & Johnson, que está recibiendo duras críticas por su papel en la crisis de los opioides), se podría pensar que los inversionistas podrían mantenerse alejados incluso la deuda corporativa de “alto grado”. Pero la clase de activos parece satisfacer una necesidad existencial de algo entre las acciones, cuyo potencial colapso preocupa a muchos, y el exceso de títulos públicos con rendimientos negativos.

En el mercado raro y bifurcado de hoy, parece que cualquier punto medio es mejor que ninguno. Para mí, todo esto dice que el mundo empresarial estadounidense ha tomado demasiada cafeína y que habrá un colapso. Starbucks diría que el consumidor estadounidense no padece de lo anterior.

Como dice el señor Grismer, “en EU vemos consumidores muy saludables”. Y es cierto que, aunque los recortes fiscales y las recompras han sido una gran parte de la historia de Starbucks en los últimos años, no son la única parte. La confianza del consumidor en EU, al menos hasta ahora, ha sido sorprendentemente resistente ante el conflicto comercial entre EU y China, la incertidumbre de la política monetaria y todo el ruido y la furia provenientes de la Casa Blanca. El crecimiento de las ventas-mismas-tiendas de Starbucks, un buen indicador de la demanda subyacente, ha sido sólido.

Pero a los formuladores de políticas les preocupa que esta capacidad de recuperación no dure. Como dijo recientemente el presidente de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés) de Nueva York, John Williams, “el consumidor ahora carga todo el peso, o gran parte del peso, del crecimiento en el futuro”.

O, como dice el jefe de la FED de Dallas, Rob Kaplan, a quien le preocupa que los malos datos macroeconómicos puedan modificar la confianza del consumidor, “si esperas ver debilidad en el consumidor, probablemente hayas esperado demasiado”.

Esto me recuerda algo que el señor Schultz me dijo en febrero de 2015. Starbucks acababa de publicar impresionantes resultados trimestrales. Pero al señor Schultz le preocupaba que la bifurcación económica y la disfunción política posteriores a la crisis financiera mundial de 2008 hubieran creado un nuevo consumidor más “frágil”, uno que cerraba rápidamente la billetera ante la primera señal real de problemas económicos.

“No puedes señalar ni una sola compañía que dependa tanto como nosotros del comportamiento humano, de la condición humana”, me dijo en aquel momento. En una nación dividida entre quienes hacen el café y quienes se lo toman, cualquier pequeña noticia podría desencadenar una recesión.

La bifurcación económica, la disfunción política y nuestra dependencia de los frágiles consumidores estadounidenses han aumentado desde entonces. Por el bien de los mercados y de la economía global, esperemos que se hayan tomado su expreso doble

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