Crece la anarquía

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La ciudad capital, el mayor reflejo del crecimiento económico que ha experimentado la economía panameña en los últimos años, está dando un giro peligroso hacia la anarquía, debido a la poca atención que prestan las autoridades a los problemas que vienen aquejando a la urbe metropolitana.

No hay orden y menos castigo para quienes infringen las leyes, y da la impresión que cada quien hace lo que le da la gana, sin que poco importe si se violan o no las normas vigentes.

Y un ejemplo de esta situación, son las decenas de quioscos dedicados a la venta de verduras y legumbre que surgen en diversos puntos de la ciudad y que se colocan en aceras o en las vías, robándole espacios a los automovilistas y peatones, sin que nadie haga algo para regular esta situación.

Hay calles que son intransitables y en otras el paso se hace dificultoso, y ni siquiera los pasos elevados se salvan de esta situación.

Entendemos que todos tienen derecho a ganarse la vida, pero todo debe hacerse dentro de la Ley, en orden y sin afectar a terceros.

Y no sólo se trata de venta de verduras y legumbres, también se ha incrementado la cantidad de puestos improvisados de venta de comidas, frituras, hamburguesas y platillos extranjeros, los cuales se ubican en cualquier esquina, sin cumplir ninguna medida sanitaria, ni pagar ningún tipo de impuestos, lo que además los convierte en una competencia desleal para las empresas que si cumplen con todos esos requisitos que exige la Ley.

Las autoridades municipales y del Ministerio de Salud deben prestarle atención a esta situación, que constituye un riesgo para la población y una práctica que en nada ayuda a mejorar la estética de la ciudad.

Igual situación surge con el transporte público, donde los Diablos Rojos y Diablos Verde han vuelto  a apoderarse de las calles, con la complicidad de la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre (Attt), entidad que también permite que los transportistas selectivos instalan piqueras clandestinas en cualquier lugar.

Nadie sabe de dónde han salido tantos buses, menos bajo qué reglamentación están operando, tomando en  cuenta que fueron indemnizados para que salieran de circulación.

Al parecer las autoridades están esperando que ocurra otra desgracia como la de La Cresta para empezar a tomar acciones.

Son situaciones que por no atacarse a tiempo y por negligencia están tomando un rumo peligroso, lo único que se le pide a las autoridades es que hagan cumplir la Ley y si no tienen la capacidad para hacerlo, entonces dejen el camino libre para que otros hagan el trabajo, lo cierto es que no se puede permitir que la capital de la República se convierta en un territorio sin ley ni orden, donde cada quien hace lo que le da la gana y donde la da la gana.

Además, como dijo René Descartes: La primera máxima de todo ciudadano ha de ser obedecer las leyes de su país, pero para ello se necesita que los funcionarios hagan el trabajo para el fueron designados unos y electos otros.

Manuel Luna G.
mluna@capital.com.pa
Capital Financiero

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