¿Crecer 5,9% será suficiente?

Panama city skyline

La semana pasada el Instituto Nacional de Estadística y Censo de la Contraloría General de la República (Inec) dio a conocer el reporte oficial sobre el crecimiento económico del país durante el primer trimestre de 2015.

De acuerdo con el informe, el desempeño de la economía panameña en el primer trimestre de 2015, medido a través del Producto Interno Bruto (PIB), presentó un incremento de 5,9%, tras alcanzar un monto de $9.163,6 millones, $509,7 millones más que el monto registrado en los tres primeros meses de 2014, cuando se ubicó en $8.653,9 millones.

Y una vez más este desempeño fue el resultado del crecimiento de algunos sectores de la economía, que se han convertido en sus motores, entre los que destacan la construcción, el transporte, almacenamiento y comunicación, el turismo y el comercio al por menor y mayor.

La buena noticia fue que la Zona Libre de Colón, a pesar de seguir enfrentando serias dificultades, debido a los conflictos surgidos con Colombia y Venezuela, reportó un incremento de 2,1% en sus operaciones comerciales, mientras la mala fue que el sector agropecuario, a pesar de todos los planes e iniciativas que se adelantan para su reactivación, decreció un 0,6% respecto al primer trimestre del año anterior.

Ciertamente se trata de un desempeño que sería la envidia de muchos países de la región, tomando en cuenta que, de acuerdo con organismos internacionales como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), para este año se espera una tasa de crecimiento cercana a cero para América del Sur, mientras que en Centroamérica y México alcanzaría 3,2% y en el Caribe 1,9 %.   

También es cierto que el crecimiento de 5,9% registrado en el primer trimestre se alinea perfectamente con las estimaciones oficiales del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), que ubican el crecimiento de la economía panameña, al cierre de 2015, en torno a un 6%.

Sin embargo, vale la pena preguntarse si este crecimiento esto todo a lo que el país puede aspirar y si es suficiente para mantener estable el mercado laboral.

Ya el sector privado se ha pronunciado en múltiples ocasiones para solicitar al Ejecutivo un diálogo amplio y abierto que  permita establecer una hoja de ruta para que el crecimiento económico recupere el dinamismo de años anteriores. También han solicitado el pago de la deuda flotante contraída por el Ejecutivo con el sector privado, el respeto a la seguridad jurídica y la suspensión de políticas sociales sustentadas en incrementos impositivos.

Pero las respuestas a estos llamados al diálogo y a las preocupaciones del sector privado no han sido las mejores. Han ido desde el cuestionamiento del papel que jugaron o no jugaron los gremios empresariales durante la administración de Ricardo Martinelli, hasta la afirmación tajante de que un crecimiento de 6% no solo es envidiable para otros países, sino también sano porque permite continuar generando empleos, pero reduce la inflación al evitar el sobrecalentamiento de la economía.

El problema es que todavía es muy prematuro para cantar victoria, ya que aún el país no sabe cuál ha sido el impacto de la desaceleración económica en el mercado laboral y más específicamente en la tasa de desempleo. Esto se debe a que el registro de nuevos contratos de trabajo no es un indicador eficiente a la hora de medir el desempleo, ya que debido a las prácticas usuales en el país un trabajador puede ser contratado y despedido en múltiples ocasiones a lo largo del año, aun cuando trabaje en una misma empresa.

De hecho, muchos comercios cuenta con dos, tres y hasta cuatro razones sociales para poder rotar a los trabajadores bajo contrato (práctica que aunque es ilegal no es perseguida por el Ministerio de Trabajo).

No obstante, ya se tiene la primera campanada de que no todo es color de rosas y que las cosas se podrían complicar si el Ejecutivo no rectifica y se sienta a dialogar con el sector privado sobre el rumbo que debe seguir la economía en los próximos años, toda vez que la Dirección General de Ingresos (DGI) del MEF reveló que en el acumulado de los cinco primeros meses del año los ingresos corrientes en efectivo se encuentran un 9,9% por debajo de lo presupuestado y 8,1% por debajo del mismo período del año pasado. 

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