Crecer sin perder competitividad: Una tarea permanente

Promenade in Panama City in the Afternoon

Los panameños tenemos muchas razones para sentirnos satisfechos por la forma como logramos mantener el ritmo de nuestro crecimiento económico, muy por encima del resto de la región, y con perspectivas claras de seguir comportándonos como una de las economías más pujantes y sanas de América Latina y del Caribe.

Sin embargo, aun cuando la economía panameña sigue creciendo a un ritmo mayor que la de sus pares, al marcar 5,9% al cierre del primer semestre del 2015, y que el país sigue siendo un fuerte imán para la Inversión Extranjera Directa, al captar $2,558.5 millones en los primeros seis meses del año, el índice de competitividad del país no muestra un ritmo ascendente.

Panamá, actualmente, se ubica como el segundo país más competitivo de la región, después de Chile, pero ha caído en el último año dos puestos, pasando de la posición 48 a la 50 entre 140 economías, según el Informe Global de Competitividad elaborado por el Foro Económico Mundial (WEF, según sus siglas en inglés).

Y una vez más la mala calidad de la educación, la falta de disponibilidad de científicos e ingenieros y el uso poco eficiente del talento son parte de los factores que contribuyen al mal desempeño del país en el indicador.

Otros elementos negativos  son la falta de confianza que genera en los actores económicos y sociales la actual clase política dirigente, la poca transparencia de todo el sistema institucional del país, reflejo de la falta de independencia del poder judicial y de la erosión de quienes están llamados a generar confianza en los inversionistas y en los actores económicos, lo que le suma mayores problemas a la competitividad del país; todo esto adicionado al elevado déficit fiscal que mantenemos.

En parte, esta mala percepción es hija directa de la conducta del actual equipo de Gobierno, que ha quemado parte de su tiempo útil de trabajo y de su caudal de simpatías con el viejo y gastado recurso de endosarle a la administración Martinelli, y a sus malas prácticas, toda la responsabilidad por los problemas presentes.

El problema es que estos temas son recurrentes y la actual administración no puede seguir agitando el espantajo de la administración Martinelli y compañía limitada para responsabilizarlos de una situación que, si bien es heredada, se ha agravado por la lentitud de sus responsables políticos, administrativos y judiciales para buscarle las salidas y las soluciones de continuidad a lo recibido, ya que en más de un año de gestión es poco lo que se puede calificar como bien hecho y mucho lo que se ha postergado en materia de desarrollo de planes e inversiones para mejorar la infraestructura e incidir positivamente en la calidad de los servicios, en el mejoramiento de los sistemas de educación y de la salud pública. Todo eso sin pasar a examinar la realidad del campo, que presagia la peor pesadilla de esta administración gubernamental.

Este informe es un llamado de atención para enrumbar el país y poner atención en aquellas cosas que realmente pueden tener un impacto positivo no solo en la competitividad de nuestra economía, sino también en la calidad de vida de los ciudadanos porque ya sabemos que los ingresos de las personas son determinados en mayor medida por su nivel de educación, por sus niveles de escolaridad y por el dominio de las destrezas necesarias para desarrollar conocimientos, cualificar actitudes y aptitudes e innovar.

Vamos a volver sobre este tema, porque es necesario que esta administración entienda que asumió una responsabilidad político-administrativa muy grande, justo en el punto más alto de las expectativas y aspiraciones de un pueblo que viene de vivir un carnaval de derroches, desgreños y despilfarro de las riquezas y las oportunidades nacionales.

Y que en cuatro años no va a ser creíble el argumento  que Martinelli y algunos cuantos delincuentes son los culpables de todo lo malo que ocurre en el país. La pregunta será ¿qué hicieron con el tiempo, con la oportunidad y la confianza que el pueblo panameño depositó en ustedes?     

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