Crecimiento basado en minería no es sostenible

Crecimiento basado en minería no es sostenible
s reformas al Código Minero, que actualmente se discuten en primer debate en la Asamblea Nacional, han revivido un gran debate nacional sobre la conveniencia o no del desarrollo minero en Panamá.

Por un lado están los grupos ambientalistas e indígenas, quienes en su gran mayoría se oponen al desarrollo minero, en especial, al desarrollo de minería a cielo abierto. Por el otro lado está el gobierno, que no sólo favorece el desarrollo minero, sino que está promoviendo las actuales reformas al Código Minero.

Siendo justos, las reformas propuestas a través del Proyecto de Ley 277 solo tienen unos pocos puntos que pudieran ser controversiales. El más controversial es que se permite que gobiernos extranjeros, a través de sociedades de derecho privado, puedan invertir en proyectos mineros en Panamá.

Otro punto controversial, que ha pasado generalmente desapercibido por la mayoría de los opositores al proyecto, es el artículo 19 que le da a la Dirección Nacional de Recursos Mineros (DNRC), del Ministerio de Comercio de Industrias (MICI) el poder discrecional de decomisar materiales extraídos y cancelar concesiones, sin que medie autorización judicial. Esto pudiera crear terreno fértil para la corrupción, abusos y para que el Ejecutivo le quite, fácilmente y sin tener que modificar los contratos ley yendo al Consejo de Gabinete, ni a la Asamblea Nacional, concesiones a los que no son adeptos al gobierno de turno. Este artículo 19 es, muy probablemente inconstitucional, en vista de que en la

Carta Magna se establece que no se puede expropiar sin el debido proceso judicial. También puede ser sujeto a demandas internacionales ya que no es correcto quitar concesiones dadas por derecho, o por ley, unilateralmente, sin el debido proceso.

El permitir o no las inversiones de gobiernos extranjeros ha sido uno de los detonadores del debate. Sin embargo, más allá de esta reforma, aún sin aprobarse el Proyecto de Ley 277, pareciera haber fuerte oposición al desarrollo minero, en especial por los grupos arriba mencionados. La oposición de los grupos ambientalistas se enfoca no sólo en el tema ambiental, sino en el hecho de que para poder extraer los metales, en especial oro y cobre, las mineras deben talar enormes extensiones de tierra, en algunos casos miles de hectáreas. Muchas de las áreas donde se encuentran los yacimientos metálicos poseen gran riqueza, no sólo de flora y fauna, sino también de arroyos y ríos.

Con las inundaciones y problemas climáticos vividos a finales del año 2010, la población pareciera tener a flor de piel el problema que una explotación fuera de control de minas pudiera ocasionar en el medio ambiente y en los ríos que son fuente potencial de agua para miles. Con la escasez actual de agua, podemos entender estos temores.

Los ambientalistas también mencionan el problema del uso de químicos, como el cianuro, en el proceso de extracción, el cual, según indican, puede envenenar ríos, fuentes de agua y ambientes naturales.

Por otro lado, los números económicos parecieran favorecer la explotación, tan siquiera en beneficios para las empresas y para el Estado, si se aumentan las regalías. Sin embargo, el beneficio para las poblaciones no parece tan alto. En el caso de Petaquilla se ha estimado que puede generar cerca de 600 empleos permanentes máximo. Esta cifra es muy baja, para el daño ecológico y las hectáreas que están siendo afectadas. Sumando todos los empleos de las distintas concesiones y dividiendo las mismas entre las hectáreas a ser utilizadas, algunos especialistas han determinado que sale a sólo un empleo por cada 5.3 hectáreas concesionadas. Esta cifra está por debajo del número de empleos que generan otras actividades como el agro, y muy por debajo de actividades de servicios como la banca y el turismo.

El modelo de desarrollo de Panamá de las últimas décadas, un modelo basado en servicios, ha tenido la gran ventaja de ser uno que crece en armonía y con poca afectación al medio ambiente. Un nuevo modelo de crecimiento basado en minería, o que tan siquiera enfatiza la minería, no es un modelo de crecimiento sostenible. Lo que es peor, no pareciera ser necesario en un país donde ha habido un gran éxito con el modelo de servicios.

Por último, debemos destacar el problema humano, en especial la afectación negativa para los grupos indígenas. Estos mismos sufrieron enormemente, hace siglos, el problema de la codicia metálica de pueblos extranjeros a nuestro suelo. Revivir esta problemática puede encender pasiones y luchas que habían quedado en nuestro pasado histórico.

 

 

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