Crecimiento económico y desarrollo deben ir de la mano

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La economía panameña ha logrado sostener altas tasas de crecimiento en los últimos años, registrando un incremento promedio anual de 7,0% en el Producto Interno Bruto (PIB) desde el año 2000 al 2014, lo que ha permitido casi triplicar la producción agregada en 14 años. Este destacable resultado, se traduce también en una mejora significativa de algunos indicadores que atañen al bienestar o mejoramiento de la calidad de vida de la población en general, la cual ha sido favorecida con mayor disponibilidad de recursos que de distintas formas llega a los hogares.

No obstante, lo anterior, todavía persisten algunas deficiencias en temas como la pobreza, el hambre, calidad de la educación, equidad de género, salud y sostenibilidad ambiental, por ejemplo, tal como se reporta en el informe anual sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), documento firmado por los Estados miembros de la Organización de Naciones Unidas (ONU) en el año 2000 y que trata sobre las prioridades de desarrollo humano y el compromiso adquirido por cada país que debían cumplirse en el 2015.

Desde la firma del documento, Panamá realizó esfuerzos para cumplir con el compromiso, gracias al auge económico de los últimos años que generó importantes ingresos para la ejecución de programas de inversión pública, mejorando la calidad de las infraestructuras y que también fortalecieron los programas de inversión social que buscan mejorar la condición de vida de los grupos más vulnerables (igualdad de oportunidades, reducción de la discriminación social, menos desigualdad económica y la reducción de la exclusión social),  atendiendo los objetivos establecidos por la ONU y que constituyen la base del desarrollo de los países.     

Aunado a lo anterior, el desarrollo se entiende como un proceso de crecimiento económico sostenido, donde la población vive dignamente, se respeta el medio ambiente y, además requiere de estabilidad macroeconómica, es decir, no existen graves y persistentes desequilibrios, que se reflejan en alta inflación, déficit público excesivo, alto déficit de cuenta corriente. Ello exige que no haya diferencias excesivas entre gasto y producto, entre ahorro e inversión y entre exportaciones e importaciones. Importantes desequilibrios macroeconómicos generan comportamientos en variables como los precios, los salarios, los tipos de interés y los tipos de cambio que frenan o impiden la continuidad del crecimiento económico.

El desarrollo por lo tanto, es un crecimiento económico que propicia la igualdad de oportunidades, con un mercado laboral que no discrimina, con generación de empleo, donde se reduce el número de pobres y excluidos y los recursos naturales y el medio ambiente son debidamente conservados para la disponibilidad presente y futura de los mismos. En ese sentido, el desarrollo también se refiere a un crecimiento que no deteriora gravemente el entorno natural, que tiene en cuenta que los recursos naturales son escasos y donde se requiere del accionar de instituciones públicas que eviten o mitiguen el deterioro medioambiental causado por el funcionamiento de los mercados y las mismas políticas sectoriales (industria, agroindustria, pesca, energía, transporte, urbanismo, etc).

Importantes logros como la disminución de la pobreza que pasó de un 42,1% en el año 1991 hasta un 26,5% en el 2012, al igual que la pobreza extrema que disminuyó casi 15 puntos en el mismo período, ubicándose en el orden del 11,1% de la población, han sido posibles gracias a un enfoque de desarrollo y de cumplimientos de objetivos que no solamente consideran la producción de bienes y servicios, sino la sostenibilidad del crecimiento económico desde una perspectiva integral. De esta manera, el crecimiento económico permite una mayor recaudación y disposición de recursos que pueden canalizarse por medio de programas como los de transferencias condicionadas, nutrición infantil, prevención de enfermedades, fomento del empleo para grupos vulnerables, mejoramiento de infraestructuras de educación y salud, ayudas escolares, entre otros; para que al igual que en el caso de la pobreza, los recursos provenientes del crecimiento económico ayuden a mejorar la calidad de vida de la población. 

Este año, líderes de todo el mundo se reunieron en la sede de la ONU para aprobar una nueva agenda de desarrollo sostenible llamada Objetivos Mundiales, los cuales orientarán la política de desarrollo y financiamiento durante los próximos 15 años, con el objetivo principal de erradicar la pobreza extrema en el planeta. Los Objetivos Mundiales son la continuidad de la tarea que inició con los ODM, representando un nuevo esfuerzo para poner fin al hambre, alcanzar la igualdad de género, mejorar los servicios de salud y lograr que todos los niños asistan a la escuela, todo esto  con el 2030 como nueva fecha límite.

Manuel Castillero
Analista del Centro
Nacional de Competitividad

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