Crisis de Puerto Rico acelera el éxodo a EE.UU.

La participación en la fuerza laboral entre los puertorriqueños aumenta cuando se mudan a tierra firme

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La creciente crisis financiera de Puerto Rico ha acelerado el éxodo de residentes a Estados Unidos (EE.UU.), agobiando a las comunidades que los reciben.

El cambio es especialmente evidente en Florida, que atrae a la mayoría de los puertorriqueños recién llegados. Florida tiene una red de seguridad más débil que la de otros estados que también se cuentan entre los principales destinos de los isleños, que son ciudadanos estadounidenses.

Los expertos dicen que aún más residentes de Puerto Rico podrían decidir mudarse a EE.UU. en los próximos meses a medida que digieran el reciente anuncio del gobernador Alejandro García Padilla de que el estado libre asociado no puede pagar su deuda de $72.000 millones, así como un aumento del impuesto a las ventas de 7% a 11,5% que entró en efecto este mes para generar más ingresos fiscales. El verano boreal, cuando los niños no van a la escuela, es también un período en el que las familias suelen migrar.

La situación de la isla es tan alarmante que muchos se van con escasos recursos y poca planificación, dice Alicia Ramírez, coordinadora de la Oficina Hispana de Asistencia Local (Hola, por sus siglas en inglés), administrada por la ciudad de Orlando. Esta entidad recibe a recién llegados que buscan ayuda para conseguir empleos, viviendas y ayuda pública, señala.

Conforme el flujo de personas reduce la oferta de apartamentos más asequibles, algunos migrantes deben dormir en sus autos o en moteles baratos. Nunca he visto tanta desesperación, cuenta Ramírez. Estamos preocupados de que muchas de estas personas no sepan en lo que se están metiendo cuando llegan aquí.

Entre 2011 y 2013, Puerto Rico sufrió una pérdida neta anual de 50.000 residentes, que se fueron a vivir a EE.UU. La región central de Florida alberga a más de 380.000 puertorriqueños, señala Edwin Meléndez, director del Centro de Estudios Puertorriqueños de Hunter College, en Nueva York.

Cerca de 1.000 familias llegan cada mes a la zona, según Betsy Franceschini, directora de la delegación estatal de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico, una entidad del gobierno de la isla.

En su oficina en Kissimmee, una ciudad al Sur de Orlando con alta concentración de puertorriqueños, el volumen de contactos de personas que ya se han radicado o que siguen viviendo en la isla pero contemplan migrar, se ha duplicado en el último año, dice. Su oficina amplió recientemente una alianza con Hola para satisfacer la creciente demanda de ayuda.

Otros estados como Nueva York e Illinois también atraen a muchos. En el condado de El Bronx, Nueva York, hospitales y organizaciones de servicios sociales lidian con la creciente demanda de puertorriqueños recién llegados, dice Rubén Díaz Jr., presidente del condado.

La gente busca servicios que no recibe en la isla porque la isla ya no puede costearlos, explica Díaz, quien pide al gobierno federal estadounidense que permita que Puerto Rico reestructure su deuda. Es una carga adicional sobre nuestras economías locales.

Una mañana reciente, Alberto Suárez visitó la oficina de Hola en Orlando en busca de ayuda para conseguir un empleo. Este trabajador de la construcción, de 57 años, contó que desde que llegó en mayo había buscado trabajos que iban desde mantenimiento hasta hotelería, pero no había tenido suerte.

Aun así, aseguró, sus perspectivas son mejores en EE.UU. No hay trabajo allá, dijo. Es deprimente. Agregó que el hijo de su novia un joven de 28 años que estudió ingeniería pero que maneja un camión de helados planea mudarse con su familia antes de fin de año.

Kathielly Soto, consejera financiera de 35 años, tuvo la suerte de arribar en enero ya con una oferta de trabajo. En cambio, su esposo, un artista gráfico, aún no ha hallado empleo y un alquiler más alto de lo previsto está agobiando sus finanzas. La calidad de vida es mejor en Orlando, pero venir para acá no es color de rosas, afirma.

No todos los recién llegados tienen dificultades. Desde que se mudó el año pasado, Israel Mercado, de 58 años y ex supervisor de mantenimiento de aviones en Puerto Rico, fundó Aviónica Orlando, un centro de capacitación bilingüe para técnicos de aviación del que se han graduado cerca de 100 estudiantes. Mercado planea lanzar otra empresa enfocada en reparaciones de aviones y helicópteros, y dice que tales avances habrían sido imposibles en Puerto Rico. Me fui frustrado, cuenta.

El desempleo en Puerto Rico llegaba a 12,4% en mayo, más del doble de la tasa nacional de EE.UU.

Las tasas de participación en la fuerza laboral entre los puertorriqueños aumentan considerablemente cuando se mudan a EE.UU., según una investigación que el Centro de Estudios Puertorriqueños publicó el año pasado. Obviamente hay sufrimiento, dice Meléndez. Por otro lado, están demostrando mucha iniciativa y determinación.

Ramírez, de Hola, indica que algunos tienen expectativas poco realistas sobre lo que el Gobierno puede proveerles. Como ciudadanos estadounidenses, los puertorriqueños pueden recibir prestaciones federales, como cupones de alimentos, pero en Florida los programas de bienestar social son limitados. Dice que a veces tiene que explicar que no hay ayuda en efectivo disponible para pagar la renta o los servicios públicos, y que la lista de espera de viviendas públicas en el condado de Orange, donde se encuentra Orlando, es de más de 14.000 personas.

Para ayudar a los recién llegados, un trío de profesionales puertorriqueños empezó el año pasado a ofrecer talleres en bibliotecas e iglesias sobre temas que van desde qué cosas hay que hacer y evitar en el trabajo hasta el costo de vida en Orlando. El alquiler promedio de un apartamento de dos habitaciones, por ejemplo, cuesta alrededor de $1.000 en Orlando y $600 en San Juan, según datos federales. Me duele ver a personas que se mudan sin una planificación de verdad, lamenta Samí Haiman-Marrero, integrante del grupo. No se dan cuenta de que es altamente probable que estén en la misma condición acá que en la que se encontraban en casa porque no tienen una red de seguridad.

Nancy Sharifi, gerente de programa del condado de Orange y también miembro del grupo, dice que llegó de Puerto Rico hace 35 años y vivió en un apartamento de una habitación con su madre y dos hermanos. Los mercados laboral y de vivienda son peores ahora, dice. No es el día del juicio final, pero tampoco es el paraíso.

Orlando
Dow Jones

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