Cruceros están causando daños ambientales en alta mar

Cruceros están causando daños ambientales en alta mar
La industria necesita ser más limpia y más cuidadosa con los lugares adonde navega| Archivo

Ésta no ha sido una semana feliz para los operadores de cruceros. El domingo por la mañana, un enorme crucero chocó con un muelle en Venecia, hiriendo a cuatro personas. El lunes, un juez en Miami aprobó un acuerdo de resolución de $20 millones con Carnival Corporation, el más grande operador de cruceros del mundo, por repetidamente contaminar los océanos.

Las imágenes del crucero MSC Opera fuera de control chocando contra un pequeño barco turístico en Venecia, con los turistas huyendo a lo largo del muelle del Canal de la Giudecca, fueron una desafortunada representación del sector. Evocaron el temor de muchos cuando los cruceros navegan a puertos históricos: La horda turística ha llegado.

No se trata solamente de sus miles de pasajeros, sino de cómo operan los barcos. “Si ustedes no tuvieran el medio ambiente, no tendrían nada que vender”, le comentó severamente la juez Patricia Seitz a Arnold Donald, el director ejecutivo de Carnival, en Miami. Carnival se declaró culpable de haber arrojado desechos y agua aceitosa al mar, a pesar de una condena penal anterior por el mismo delito.

Los operadores de cruceros necesitan cambiar su conducta en cuanto a sus prácticas.

Ellos enfrentan protestas en los lugares más populares, como Venecia, Dubrovnik y los fiordos noruegos, por llevar a estos gigantes barcos de pasajeros a esas ubicaciones; el crucero Opera se ve grande, pero tiene sólo la mitad del tamaño de las más recientes embarcaciones de MSC Cruises, las cuales pueden transportar hasta 5000 pasajeros. Actualmente están bajo escrutinio por sus emisiones y por los desechos que generan.

En cierto sentido, es injusto. Tomar cruceros es una creciente forma de turismo, pero aún es minúscula en comparación con la industria en general: 28 millones de personas tomaron cruceros el año pasado de aproximadamente 1.4 mil millones de llegadas de turistas a países extranjeros. La industria sufre la ‘maldición de lo visible’; los cruceros, con lo que el monitor de acuerdos extrajudiciales del tribunal de Miami llamó “toda la miríada de necesidades de una pequeña ciudad flotante”, son difíciles de ignorar.

Todo turista necesita lugares para descansar y comer, transporte e instalaciones para desechos; los cruceros simplemente los agrupan, mezclando la seguridad con el exotismo de una manera que atrae a muchos. Zygmunt Bauman, el sociólogo polaco, escribió que la casa de un turista “es parte del paquete de seguridad, para que el placer sea verdaderamente cautivante”.

El turismo de aventura —como el “rafting”, o balsismo, en rápidos; el senderismo en el Himalaya; y la escalada de montañas— se encuentra en el otro extremo de la escala. Sin embargo, incluso esas aventuras están organizadas en paquetes, y la muerte de 11 escaladores en el Everest en mayo no es la única forma de destrucción que pueden causar.

El Parque Nacional Sagarmatha, alrededor del Everest, sufre de erosión y del vertido de desechos.

“Mientras más gente navega por el mundo, más se convierte el mundo en un mejor lugar”, afirmó Carnival en su informe de sostenibilidad de 2017. Hay algo de verdad en esa declaración. McKinsey & Co. ha estimado que, en 2017, los viajes y el turismo generaron $7.9 billones, o el 10% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial, y que más de 1,000 tripulantes pueden ser empleados en un crucero. Pero no es una ganancia genuina.

Las emisiones representan un problema.

Los cruceros utilizan petróleo pesado como combustible, al igual que otros barcos comerciales, y se estima que la industria del transporte marítimo genera un 13% de las emisiones de dióxido de azufre, las cuales causan 400,000 casos de muertes prematuras a nivel mundial al año. Existen áreas restringidas de azufre a lo largo de las costas, pero se descubrió que un barco de Carnival había quemado petróleo dentro de la zona de protección de Islandia.

Los operadores, incluyendo a Carnival, usan filtros para reducir las emisiones y algunos están recurriendo al Gas Natural Licuado (GNL) como combustible: AIDAnova de Carnival, un transatlántico impulsado por GNL que puede transportar a 6,600 pasajeros, entró en servicio el año pasado. Pero el sector, en conjunto, continúa siendo un contaminador.

Un segundo problema lo representa la eliminación de desechos.

Carnival originalmente recibió una multa de $40 millones en 2017 después de que un informante en un barco operado por Princess Cruise Lines, una de sus subsidiarias, reveló que su tripulación había estado secretamente vertiendo aguas de sentina contaminadas con petróleo en el mar a través de una “tubería mágica” desde 2005. Los cruceros también recolectan una gran cantidad de “aguas grises” de las duchas y “aguas negras”.

No se permite que ningún crucero descargue desechos no tratados en el mar —incluso más allá de los 20 kilómetros de la zona costera impuesta por la ley marítima— y los barcos modernos cuentan con vastas instalaciones de tratamiento. La Asociación Internacional de Líneas de Cruceros (CLIA, por sus siglas en inglés) estima que los barcos reciclan un 60% más de desechos por persona que los que se reciclan en tierra, pero el caso de Carnival muestra que las violaciones son comunes.

En comparación con el turismo en conjunto, la industria de los cruceros es una causa limitada de preocupación ecológica. Pero está creciendo más allá del mercado de los “baby-boomers” en Alemania y en el Reino Unido, donde el pasajero promedio tiene 57 años. Virgin lanzará un crucero el próximo año dirigido a un público más joven, prometiendo una “experiencia de marinero que equilibra la dualidad de disfrutar de la Tierra y de cuidarla“.

Este crecimiento, y el hecho de que los cruceros son ambientes contenidos que pudieran convertirse en líderes en turismo sostenible, hacen que sea vital evitar las repeticiones del accidente de Venecia y el caso de Carnival. Sacarlos del Canal de la Giudecca, donde eclipsan a Venecia, representa un comienzo, pero otros puertos también deben preguntarse cuánto necesitan las visitas “sail-by” (en las que los pasajeros no desembarcan) de los cruceros gigantes.

La mayor parte de la responsabilidad ambiental recae sobre los propios operadores, quienes han elevado sus estándares, pero necesitan hacer todavía más. Es tentador comportarse mal en mar abierto, cuando nadie está mirando, pero es inaceptable.

John Gapper
Financial Times

Más informaciones

Comente la noticia

Ver todas las noticias