Cumplimiento y Reputación I

Cumplimiento y Reputación I

¿Qué valor le pone usted a la reputación de su negocio?

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Recientemente en una de las redes sociales vi un aviso de empleo que decía Oficial de Cumplimiento para Fiduciaria, y en el mismo se señalaba que era un puesto a tiempo completo con un salario de $800,00 mensuales.

Me costaba creerlo. En pleno año 2016, después de la inclusión del Grupo Wisa en la lista Clinton, después de los mal llamados Panama Papers, después de la Ley 23 de 2015 y de la inclusión y salida de Panamá de la Lista Gris de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), ¿será cierto que una institución del sector financiero panameño considera apropiado poner su reputación en manos de una persona dispuesta a aceptar no sólo el puesto, sino también la responsabilidad personal que conlleva, por apenas $800,00 al mes?

Conozco perfectamente el cargo del Oficial de Cumplimiento aquí en Panamá, porque fungí como tal, hace ya 15 años para ser preciso, y desde entonces no me he desvinculado de la materia de Cumplimiento, dando seguimiento continuo a la evolución de las leyes, así como de las responsabilidades y el valor del Oficial de Cumplimiento criollo.

Las estadísticas indican que hoy en día el salario básico de un Oficial de Cumplimiento en una institución financiera empieza en $1.500,00; sin embargo, se conoce de casos excepcionales de personas que han aceptado el cargo por menos, pero no a tiempo completo. La media de la industria ronda los $3.500,00 con salarios de hasta $7.000,00 o más. Todo depende del tamaño y compromiso de la institución, así como también de la experiencia de la persona que desempeñará el cargo. En el sector no-financiero los salarios son inevitablemente menores.

¿Cuándo le pagamos a un Oficial de Cumplimiento por sus servicios, realmente en que estamos invirtiendo?

Algunas personas dirán que no es una inversión sino un gasto en el cual las leyes nos han obligado a incurrir, y de cierto modo tienen razón, pues si lo ven como un mero gasto forzado y no se interesan en los resultados de la gestión del Oficial de Cumplimiento, nunca van a reconocer el verdadero valor de su labor.

El empresario que invierte en publicidad lo hace ya que entiende que es importante colocar su negocio o sus productos en la mente del consumidor. Cuando invierte no sólo en publicidad, sino también en calidad y servicio, es porque entiende que junto al producto o la empresa hay una reputación que crear y cuidar, para así crecer y conservar la clientela. La reputación por lo tanto viene con un precio o costo, y el empresario que entiende que el futuro de su empresa depende de la reputación de la misma, sabe bien que no debe ponerla en juego.

En el sector financiero, así como en el resto de los negocios que son supervisados bajo la Ley 23 de 2015 (la actual Ley de Prevención del Blanqueo de Capitales, Financiamiento del Terrorismo y Financiamiento de la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva), la reputación es un componente esencial de la plusvalía del negocio, es decir, un activo que tiene un inmenso valor para los accionistas.

Pregúntese: ¿Qué valor le pone usted a la reputación de su negocio?

Inclusive, si no es dueño de su propio negocio, hágase las siguientes preguntas: ¿Qué valor le pone a la reputación de la empresa para la cual labora? ¿Qué valor le pone a la reputación de las empresas de las cuales adquiere productos o servicios?

Creo que no me equivoco al pensar que nadie dirá ser indiferente a la hora de responder estas preguntas.

Así las cosas, si como sociedad y como empresarios somos dados a invertir grandes sumas de dinero en bóvedas, sistemas de vigilancia, alarmas y agentes de seguridad para cuidar los bienes propios o aquellos de la empresa y sus clientes, ¿por qué a algunas empresas les cuesta invertir un salario apropiado en esa persona que se convertirá en el guardián de su reputación?

En algunos casos la respuesta yace en que no se ha medido adecuadamente el riesgo al que está sujeta la empresa -craso error; mientras que en otros se trata de un costo que impacta la posibilidad del negocio de generar ganancias.

Alejandro Abood Alfaro 
Ex superintendente del mercado de valores, abogado y consultor enfocado en el sector financiero

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