De pronóstico reservado

De pronóstico reservado

 

 

 

 

 

Marianela Palacios R.

mpalacios@capital.com.pa

Editora

 

 

¿Quién lo diría? La primera potencia del mundo está al borde de un colapso fiscal. Con un déficit tres o cuatro veces mayor al nuestro, unos ingresos gubernamentales que caen  olímpicamente producto de que la economía está creciendo a un ritmo menor de lo que crece su población y una deuda pública que equivale a cerca del 70% del Producto Interno Bruto.

 

Se veía venir. Desde hace años los economistas venían advirtiendo que los descomunales rescates financieros que aplicó la primera potencia del mundo para salvar a sus bancos y empresas íconos, tras el estallido de la crisis financiera, y los multimillonarios estímulos que dieron a su economía para sacarla de la recesión global del 2009, saldrían caros, tarde o temprano.

 

Pues salieron. Lo cierto es que el escuálido crecimiento que mantiene la economía estadounidense y la debilidad de la zona euro, han llevado a muchos a pensar nuevamente en escenarios recesivos y en el estallido de nuevas crisis financieras o económicas.

 

En medio de ese desalentador panorama, los países emergentes brillan con más fuerza que nunca. Y Panamá, en forma particular, se destaca por el hecho de que no sólo está creciendo a doble dígito e invirtiendo en obras públicas más de $15.000 millones en un solo quinquenio, sino que cuenta ya con un Grado de Inversión con perspectivas positivas y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) acaba de excluirle de su lista gris.

 

Pero la nueva crisis que se está cocinando en Norteamérica y Europa, de pronóstico reservado, puede opacar ese brillo.

 

Y no sólo porque el dólar seguiría devaluándose y el flujo de inversiones extranjeras podría debilitarse. Es que si Estados Unidos vuelve a caer en una recesión y Europa no termina de salir de su crisis financiera, el comercio mundial podría volver a resentirse y eso afectaría al Canal.

 

Vale la pena preguntarse en cuánto podrían bajar las proyecciones de ingresos de la vía interoceánica en los próximos años, si los intercambios comerciales del Asia con Estados Unidos son mucho menores que los esperados. Amanecerá y veremos

 

 

Marianela Palacios R.

mpalacios@capital.com.pa

Editora

 

 

¿Quién lo diría? La primera potencia del mundo está al borde de un colapso fiscal. Con un déficit tres o cuatro veces mayor al nuestro, unos ingresos gubernamentales que caen  olímpicamente producto de que la economía está creciendo a un ritmo menor de lo que crece su población y una deuda pública que equivale a cerca del 70% del Producto Interno Bruto.

Se veía venir. Desde hace años los economistas venían advirtiendo que los descomunales rescates financieros que aplicó la primera potencia del mundo para salvar a sus bancos y empresas íconos, tras el estallido de la crisis financiera, y los multimillonarios estímulos que dieron a su economía para sacarla de la recesión global del 2009, saldrían caros, tarde o temprano.

Pues salieron. Lo cierto es que el escuálido crecimiento que mantiene la economía estadounidense y la debilidad de la zona euro, han llevado a muchos a pensar nuevamente en escenarios recesivos y en el estallido de nuevas crisis financieras o económicas.

En medio de ese desalentador panorama, los países emergentes brillan con más fuerza que nunca. Y Panamá, en forma particular, se destaca por el hecho de que no sólo está creciendo a doble dígito e invirtiendo en obras públicas más de $15.000 millones en un solo quinquenio, sino que cuenta ya con un Grado de Inversión con perspectivas positivas y la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) acaba de excluirle de su lista gris.

Pero la nueva crisis que se está cocinando en Norteamérica y Europa, de pronóstico reservado, puede opacar ese brillo.

Y no sólo porque el dólar seguiría devaluándose y el flujo de inversiones extranjeras podría debilitarse. Es que si Estados Unidos vuelve a caer en una recesión y Europa no termina de salir de su crisis financiera, el comercio mundial podría volver a resentirse y eso afectaría al Canal.

Vale la pena preguntarse en cuánto podrían bajar las proyecciones de ingresos de la vía interoceánica en los próximos años, si los intercambios comerciales del Asia con Estados Unidos son mucho menores que los esperados. Amanecerá y veremos

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